La imagen de un cajero automático apagado durante horas ya no es ciencia ficción. El Banco de España lo sabe, y por eso ha vuelto a insistir en una recomendación que muchos ciudadanos ya han interiorizado: mantener una reserva de efectivo en casa, suficiente para cubrir varios días de gastos.
El detonante fue el gran apagón que hace unas semanas dejó sin electricidad a buena parte del país, colapsando los sistemas de pago electrónico. En aquel episodio, quienes no disponían de billetes no pudieron comprar alimentos ni combustible. Una experiencia que, según los últimos datos del supervisor, ha transformado los hábitos financieros de los hogares españoles.
La advertencia tras el apagón
El Banco de España no es nuevo en esto. Lleva años recomendando a las familias que dispongan de una cantidad prudente de efectivo en casa para situaciones de emergencia. Pero el mensaje ha ganado intensidad tras el colapso digital. “No se trata de atesorar grandes sumas, sino de tener un respaldo para necesidades básicas”, señalan fuentes del organismo. Aunque no se ha fijado una cifra oficial, las guías de protección civil sitúan el mínimo en torno a los 200 o 300 euros por hogar.
Los datos avalan la psicosis colectiva. Las encuestas de la institución reflejan que la cantidad de efectivo en los hogares se ha duplicado en los últimos tres meses. Un salto sin precedentes desde que se registran estas estadísticas.
Paralelamente, el dinero depositado en cuentas corrientes roza máximos históricos. Los españoles tienen aparcados en sus cuentas más de 1,1 billones de euros, una cifra que no se veía desde los meses más duros de la pandemia y que evidencia la preferencia por la liquidez inmediata frente a otros productos de ahorro.
La normalización del efectivo como escudo no es un paso atrás: es la constatación de que la digitalización total es una meta inalcanzable en el corto plazo.
Cuentas corrientes al límite
El atracón de liquidez no es nuevo, pero sí el motivo. Si en 2020 la incertidumbre venía del confinamiento, ahora el temor es híbrido: al fallo tecnológico y a una posible recesión. “La gente quiere tener el dinero a mano, aunque no le rente nada”, explica Ángel Martínez, analista de finanzas personales. La rentabilidad de las cuentas sigue siendo casi nula, y sin embargo el saldo no deja de engordar.
Este fenómeno choca con las políticas del propio Banco de España, que lleva años animando a los ahorradores a diversificar. Pero la realidad se impone: el colchón de efectivo en casa y la cuenta corriente abultada son hoy la respuesta instintiva a la fragilidad del sistema.

Más allá del efectivo: ¿qué nos dice esta conducta?
Conviene no demonizar la prudencia. Tener 200 euros en un cajón no es un regreso al trueque. Es una decisión informada. Pero también es cierto que este comportamiento, si se generaliza, puede generar problemas de oferta de efectivo en los cajeros y tensiones en las entidades. El Banco de España lo sabe y por eso su mensaje es ambivalente: recomiendan tenerlo, pero sin pasarse.
En lo personal, creo que estamos ante un síntoma de que la digitalización financiera ha ido más rápido que la resiliencia de las infraestructuras. Y mientras un apagón pueda dejarnos sin pagar el pan, el billete seguirá siendo el último bastión de seguridad. La pregunta incómoda es si dentro de cinco años seguiremos guardando dinero bajo el colchón o si, para entonces, habremos resuelto las fragilidades del sistema.




