Alicante guarda un secreto que muchos turistas se saltan por ir directos a la playa. A escasos kilómetros de la costa, frente a Santa Pola, hay una isla diminuta donde no circulan coches ni suena un solo claxon. Solo el mar, las murallas de piedra y un pueblo que parece detenido en el siglo XVIII.
Hablamos de Tabarca, la única isla habitada de toda la Comunidad Valenciana. No hace falta reservar un vuelo ni planear nada complicado: con un billete de barco y un día libre, la escapada está hecha. Y las aguas que rodean el islote son, sin exagerar, de las más limpias del Mediterráneo español.
Cómo llegar a la isla de Alicante que todos empiezan a buscar
El acceso a Tabarca es exclusivamente marítimo, y Santa Pola es la puerta de entrada más rápida: apenas 20-25 minutos de travesía por unos 16 euros ida y vuelta. Desde la propia ciudad de Alicante también hay conexión directa, aunque el trayecto se alarga hasta la hora y cuarto, y desde Benidorm ronda la media hora más.
Muchos catamaranes incluyen parada sobre la reserva marina con visión submarina, así que el viaje ya empieza a regalar postal antes de pisar tierra. Conviene reservar con antelación en temporada alta, porque las plazas vuelan en los meses de verano.
La joya que hizo historia bajo el agua
La isla de Alicante más pequeña y menos masificada esconde un tesoro que pocos destinos pueden presumir: sus aguas fueron declaradas en 1986 la primera reserva marina de toda España. Esa protección temprana explica por qué hoy el fondo marino conserva una biodiversidad casi intacta, con meros, doradas, nacras y praderas de posidonia que actúan como pulmón del ecosistema.
La transparencia del agua no es casualidad ni marketing turístico. La ausencia de contaminación y el control estricto de amarres y buceo han mantenido el litoral prácticamente virgen desde hace casi cuarenta años, algo que ya quisieran muchas playas continentales de la Costa Blanca.
Snorkel, calas y el rincón que se queda en la memoria
La isla mide apenas 1.800 metros de largo, así que se recorre entera a pie sin prisa en una mañana. La Playa de Levante, junto al puerto, es la más accesible y familiar, con arena fina y entrada suave al agua, ideal si viajas con niños pequeños.
Pero el verdadero espectáculo está en las calas del norte, con una visibilidad que llega a los 15 metros en días de calma. Allí el snorkel deja de ser una actividad más para convertirse en la razón por la que la gente vuelve, año tras año, a la misma isla diminuta frente a Alicante.
Un pueblo amurallado que parece de otro siglo
Detrás del atractivo marino hay una historia que pocos visitantes conocen del todo. El casco urbano, protegido por una muralla del siglo XVIII declarada Bien de Interés Cultural, fue construido para acoger a familias de pescadores genoveses liberadas de un cautiverio en el norte de África por orden de Carlos III.
Ese origen explica el nombre de la isla y también su trazado: calles estrechas, tres puertas históricas y una iglesia que sigue en pie desde 1770. Pasear sin rumbo por este pueblo, sin coches ni ruido de tráfico, es probablemente la experiencia más singular que ofrece toda la provincia de Alicante.
Antes de irte, hay tres paradas que conviene no saltarse:
- El Museo Nueva Tabarca, con entrada gratuita y proyecciones sobre la historia pesquera de la isla.
- La Torre de San José, antigua fortaleza militar del siglo XVIII con vistas al mar abierto.
- El faro, en el extremo oriental, con panorámicas de 360 grados sin apenas gente alrededor.
El caldero, la razón gastronómica para quedarse todo el día
Ir a Tabarca y no probar el caldero tabarquino es, según cuentan los propios isleños, casi un pecado. Se trata de un guiso de pescado de roca que se sirve en dos tiempos: primero el pescado con patatas y alioli, y después el arroz meloso cocinado en ese mismo caldo. Una receta genovesa que solo se prepara así en esta esquina del Mediterráneo.
La mayoría de restaurantes se concentran junto al puerto, muchos con terraza y vistas directas al mar, lo que multiplica el atractivo de sentarse a comer sin prisa. Reservar mesa con antelación en fin de semana de verano evita esperas innecesarias.
Para completar el día, la oferta se resume así:
- Arroces marineros y calamar de potera como alternativa al caldero.
- Tiendas de souvenirs y un pequeño ultramarino, con precios algo más altos que en tierra firme.
- Terrazas frente al puerto para alargar la sobremesa hasta el último barco.
- Posibilidad de dormir en la isla, en el hotel instalado en la antigua Casa del Gobernador.
Por qué esta escapada va a sonar cada vez más fuerte
La tendencia del turismo de proximidad sigue creciendo en España, y Tabarca encaja perfectamente en ese perfil: cerca, accesible en transporte público desde varios puntos de la Costa Blanca y con un atractivo que combina playa, historia y gastronomía en un único día. No hace falta alojamiento ni grandes presupuestos para vivirla.
El consejo de quienes ya la conocen es sencillo: evita julio y agosto si puedes, y opta por primavera o septiembre, cuando el agua sigue templada pero la isla respira con calma. Coger el primer barco de la mañana y volver en el último sigue siendo, a día de hoy, la mejor estrategia para sacarle todo el partido a esta escapada corta desde Alicante.






