IA despidos empresas: Xbox recorta 1.600 empleos y el patrón se repite en Google, Meta y Amazon

El recorte de 1.600 puestos en Xbox es la última muestra de cómo la inteligencia artificial se ha convertido en la etiqueta perfecta para justificar ajustes de plantilla en las grandes tecnológicas. El patrón se repite en Amazon, Meta y Google sin que el mercado cuestione la estr

El anuncio de Xbox de recortar 1.600 puestos en su división de videojuegos, con la mirada puesta en reorientar la inversión hacia la inteligencia artificial, marca el último episodio de una reestructuración que ya suma miles de despidos en los gigantes tecnológicos. Amazon, Meta, Google, Cloudflare, SAP, Intel y la propia Microsoft han usado la IA como justificación para ajustar sus plantillas mientras destinan cifras récord a centros de datos y desarrollo de modelos. El patrón, según publica Xataka, es tan recurrente que convierte la etiqueta en una coartada para cualquier movimiento corporativo: tanto para crecer como para recortar.

Claves de la operación

  • Los recortes se concentran donde el negocio tiene peor margen. Xbox ha reconocido pérdidas de 64 centavos por dólar en estudios pequeños. Las tijeras no siempre apuntan a puestos automatizables, sino a divisiones con menor rentabilidad o menos relato de futuro.
  • La inversión en IA se dispara en paralelo al despido. Amazon destina 200.000 millones de dólares a infraestructura este año; Meta, Google y SAP incrementan el gasto en centros de datos y contrataciones especializadas, lo que genera una narrativa de “transformación” que el inversor aplaude en el corto plazo.
  • La etiqueta “IA” funciona como aval para el mercado. Microsoft sufrió en junio su peor mes bursátil desde la burbuja de las puntocom precisamente por no parecer lo bastante comprometida con la inteligencia artificial. El despido se convierte así en un peaje para seguir contando la historia de la tecnología que funcionará.

Xbox abre la puerta a un ajuste de hasta 3.200 personas

La salida de 1.600 empleados en Xbox es solo la primera fase de un plan que contempla el doble de bajas antes de que acabe el año, según la propia compañía. La división de videojuegos de Microsoft argumenta que necesita redirigir recursos humanos y financieros hacia sus prioridades en inteligencia artificial, aunque la nota de prensa aclara que esos puestos no los sustituye la tecnología. La paradoja es evidente: se dice a la plantilla que no hay reemplazo automatizado, pero al inversor se le vende la necesidad de invertir más en IA a costa de reducir costes operativos.

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El caso de Xbox se suma al goteo imparable de reestructuraciones en Silicon Valley. Amazon ha acumulado más de 30.000 despidos en dos rondas en apenas tres meses, mientras su presupuesto para infraestructura de IA alcanza los 200.000 millones de dólares este año. Meta recortó otro 10% de su plantilla al tiempo que disparaba el gasto en centros de datos. Google ha vaciado parcialmente su división Cloud, incluida la unidad de ciberseguridad, con el argumento de reinvertir en áreas de crecimiento vinculadas a la IA. Incluso Cloudflare, que prescinde de 1.100 trabajadores, habla de “prepararse para la era agéntica”.

Coartada perfecta: la IA como comodín narrativo

Lo que comparten todos estos movimientos no es la tecnología en sí, sino la forma de comunicarla. La IA se ha convertido en la coartada perfecta porque no exige una demostración inmediata de productividad. Nadie explica cuánto tiempo tardará en generar el retorno prometido, ni qué ahorros concretos produce cada despido. Simplemente, la estrategia consiste en etiquetar cualquier ajuste como “reorientación hacia la IA” y confiar en que el mercado —obsesionado con no perder el tren de la inteligencia artificial— acepte el relato.

El caso de SAP es particularmente gráfico. La compañía alemana ha congelado las contrataciones para dedicar más recursos a su “apuesta significativa por la IA” mientras su cotización ha perdido un 49% en doce meses y su CEO ha llegado a admitir que en dos o tres años nadie en la empresa seguirá programando. STMicroelectronics, por su parte, anunció 2.800 salidas dentro de un plan que comenzó en 2024, antes de que el término “IA” se convirtiese en el comodín universal, y sin embargo el comunicado encontró espacio para incluir una mención a la tecnología.

El fenómeno tiene una vertiente financiera clara: los inversores penalizan más el no estar en la carrera de la IA que el recorte de miles de puestos. Microsoft experimentó en junio el peor mes de su cotización desde el estallido de la burbuja de las puntocom, precisamente porque no parecía lo suficientemente comprometida con el desarrollo de esta tecnología. La recompensa bursátil llega al mostrar ambición, aunque sea a costa de despedir. Así, el despido actúa como un peaje de entrada para seguir contando la historia de que la IA va a funcionar.

El despido ha dejado de ser una mala noticia; ahora es la prueba de que la empresa apuesta por el futuro, aunque el futuro aún no haya llegado.

¿Qué pasa cuando la IA no cumple lo prometido?

Desde Merca2.es consideramos que el escenario plantea riesgos evidentes para el ecosistema tecnológico español, que asiste a una cascada de despidos en las grandes multinacionales con sede en Estados Unidos pero con enorme influencia en la demanda de talento digital en Europa. Las reestructuraciones masivas de estas compañías pueden liberar perfiles muy cualificados que potencialmente acaben en startups españolas o en proyectos europeos de innovación, pero también generan una incertidumbre que frena la contratación en el corto plazo.

En España el sector tecnológico observa con atención cómo los despidos en gigantes como Google o Meta pueden liberar ingenieros de primer nivel. Compañías como Telefónica han integrado la inteligencia artificial en sus operaciones sin acometer ajustes drásticos de plantilla, lo que podría atraer a profesionales que buscan estabilidad en el mercado español. La fuga de talento en sentido inverso beneficiaría a empresas como Glovo, Cabify o las emergentes de IA que operan desde Barcelona y Madrid, aunque la incertidumbre macroeconómica y la regulación europea añaden una capa de complejidad.

En el lado opuesto, firmas como Intel admiten que ya no están entre los diez primeros del sector de semiconductores y recortan al 20% de su plantilla para replegarse hacia la IA en el dispositivo, lejos del centro de datos. Es la misma etiqueta —“estrategia de IA”— pero con un significado radicalmente distinto: rendición frente a apuesta. La coartada funciona en ambos sentidos porque el mercado la acepta sin cuestionar el detalle.

En Bethesda, RRHH ordenó retirar un pequeño memorial que los compañeros habían colocado con fotos de los despedidos. El gesto, recogido por Xataka, revela una incomodidad que no cabe en el relato de transformación digital. La pregunta que queda es quién decide qué división es “no estratégica” cuando el diagnóstico lo firma quien se beneficia de ello.

En Merca2.es entendemos que la próxima prueba de fuego llegará con los resultados trimestrales del segundo semestre, donde se podrá empezar a medir si la apuesta por la IA compensa los costes laborales que ha generado. Hasta entonces, el mercado seguirá premiando el discurso, pero conviene recordar que toda burbuja se pincha, y la de la inteligencia artificial no será una excepción si los números no acompañan.


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