Altman rectifica su apocalipsis laboral: «Me alegra haberme equivocado sobre la IA»

El CEO de OpenAI, a semanas de la salida a bolsa de la compañía, reconoce que el desastre laboral por la IA no ha llegado. La rectificación suaviza el frente regulatorio y refuerza la confianza de los inversores.

Sam Altman acaba de darle la vuelta al mayor argumentario contra la inteligencia artificial. A pocas semanas de la mayor salida a bolsa tecnológica de la historia, el consejero delegado de OpenAI admite que el colapso laboral que él mismo pronosticó no se ha materializado. Y lo celebra.

Claves de la operación

  • La OPV de OpenAI se prepara para levantar 60.000 millones de dólares. La rectificación de Altman rebaja uno de los principales frentes de incertidumbre regulatoria y reputacional.
  • El ‘factor humano’ resiste en la oficina. Altman reconoce que subcontratar la interacción personal a una IA provoca rechazo y que el trabajo relacional no se automatiza fácilmente.
  • Las plantillas de la banca y la distribución ya sienten el ajuste. HSBC, Amazon y Standard Chartered han comunicado planes para reemplazar funciones con inteligencia artificial.

En una entrevista virtual con el Commonwealth Bank of Australia (CBA), Altman rectifica su discurso más catastrofista. “Me alegra haberme equivocado”, declaró, y añadió que el impacto sobre los puestos de oficina para principiantes “ha sido menor de lo que esperaba”. La autocrítica, sincera y calculada, llega justo cuando la compañía de San Francisco ultima los detalles de su debut bursátil.

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El ejecutivo explicó cómo el uso de la IA para responder a sus mensajes de Slack y correos le hizo ver que la interacción humana importa más de lo que pensaba. Pidió a la máquina que se identificase como “la IA de Sam” y la reacción de rechazo de sus interlocutores le llevó a abandonar el experimento.

El giro no es menor para quienes siguen las cuentas de OpenAI. La empresa está a punto de lanzar una oferta pública inicial que podría levantar 60.000 millones de dólares, según Reuters, lo que la situaría en una valoración cercana al billón de dólares. Un reconocimiento explícito de que los peores augurios sobre el empleo no se han cumplido suaviza el frente de los reguladores y de los inversores más recelosos del riesgo reputacional.

La salida a bolsa de OpenAI se perfila como la mayor operación de su clase desde que Saudi Aramco irrumpió en los mercados. Si la valoración se confirma, la tecnológica superaría los 900.000 millones de dólares y se convertiría en la mayor empresa cotizada sin un modelo de negocio clásico. Eso explica que cualquier mensaje de Altman sea escrutado al milímetro.

Los inversores institucionales llevaban meses pidiendo señales de que la IA no iba a destruir el mercado de consumo masivo; la autocrítica del CEO les da justo esa señal. Mientras tanto, los recortes de plantilla por automatización sí están ocurriendo. HSBC, Amazon, Standard Chartered y el propio CBA han comunicado en los últimos meses que algunos puestos de oficina serán reemplazados por inteligencia artificial. La diferencia es que ahora el creador de ChatGPT no lo vende como una hecatombe inevitable sino como una evolución paulatina.

La inteligencia artificial asume tareas, pero las personas seguimos necesitando a personas.

La mayor OPV tecnológica se prepara sobre una autocrítica

OpenAI aspira a convertirse en la empresa más valiosa de la historia sin haber generado beneficios estables. La rectificación del CEO aleja uno de los principales temores que pesaban sobre la operación: la posibilidad de que los reguladores endurezcan las condiciones si la empresa seguía agitando el fantasma del desempleo masivo. El giro, además, encaja con la necesidad de presentar a la firma como un socio responsable ante los inversores institucionales.

Altman reconoció que él y su equipo “se equivocaron bastante” en las implicaciones sociales y económicas que imaginaron al lanzar ChatGPT. “Ahora creo entender mejor por qué no ha sucedido, y obviamente estoy agradecido”, explicó. No obstante, dejó una puerta entreabierta: “Aún podría ser así”.

¿Dónde han ido a parar los 300 millones de empleos que la IA iba a destruir?

Las consultoras llevan años publicando informes que sitúan la destrucción potencial de empleo en cifras mareantes. Sin embargo, las estadísticas de las economías avanzadas no reflejan una oleada de despidos achacables directamente a la inteligencia artificial. En Estados Unidos y la eurozona, la tasa de paro se mantiene en mínimos históricos y la creación de puestos en servicios tecnológicos se acelera. La inteligencia artificial sí está transformando el mercado laboral, es decir los puestos más repetitivos ceden terreno mientras se crean otros nuevos.

El propio Altman narró una experiencia reveladora. Al delegar la respuesta de sus mensajes en un bot que se identificaba como “la IA de Sam”, sus interlocutores reaccionaron con rechazo. “Nos importan las personas”, constató. Ese factor relacional —el que más temprano se pierde en los modelos de lenguaje— está resultando más difícil de sustituir de lo que preveían los ingenieros.

OpenAI empleo

El miedo al apocalipsis laboral, un clásico de cada revolución tecnológica

En España, el debate sobre el impacto de la automatización en el empleo viene de lejos. Cuando la gran banca cerró miles de sucursales a comienzos de siglo, los agoreros pronosticaron la desaparición del empleado de oficina. La realidad fue distinta: el número de trabajadores del sector financiero apenas se redujo, pero sus funciones mutaron hacia el asesoramiento, la ciberseguridad y la venta digital. Telefónica e Indra llevan años desplegando herramientas de IA sin que se hayan producido recortes traumáticos; los perfiles demandados han cambiado, no se han evaporado.

La historia económica demuestra que la tecnología destruye empleo en unos sectores y lo crea en otros. La gran duda con la IA, y lo que Altman acaba de rebajar de tono, es si esta vez la velocidad del cambio superará la capacidad de adaptación. De momento, los datos y la confesión del principal gurú de la inteligencia artificial apuntan a que el mercado laboral sigue escribiendo su propia adaptación, sin cataclismos. Mientras la OPV de OpenAI tome forma, habrá que seguir el pulso entre la narrativa y las nóminas.


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