Para los repartidores de Glovo y Uber Eats, asignar pedidos es cada día más complicado. Lo que cuando eran autónomos era algo normal se ha vuelto un riesgo bajo el nuevo modelo de contratación impuesto a las empresas por la «ley rider» de Yolanda Díaz, pues cada día son más las flotas que sancionan a los riders que se niegan a realizar algunos recorridos, por la preocupación ante el efecto que estas largas distancias puedan tener en sus motos o bicicletas. Además, el tiempo de cada recorrido ya no los premia como en el pasado, tras la reducción de los bonos de facturación de su etapa como autónomos.

Así lo señalan los propios repartidores, que muestran cómo, incluso en bicicleta tradicional, las aplicaciones cada día aumentan la cantidad de pedidos que superan los cinco kilómetros y los 30 minutos de viaje, tanto para llegar al local de restauración como para ir adonde está el cliente; a esto se suma el tiempo que puede tomar esperar en el portal, subir en el ascensor o incluso por las temidas escaleras. Incluso hay casos peores, con viajes de diez o quince kilómetros en algunas circunstancias, en particular para aquellos repartidores con nuevos contratos.
CASTIGADOS POR REASIGNAR PEDIDOS
Hasta hace poco tenían la opción de reasignar estos pedidos tan largos —una de las ventajas de ser autónomos, incluso «falsos autónomos»—, pero la han perdido con el nuevo modelo. Actualmente, una reasignación puede conllevar una amonestación escrita; en algunos casos, procede directamente de Uber Eats o Glovo, pero usualmente llega desde las flotas que sirven de intermediarias en algunas localidades. Además, estas amonestaciones se pueden transformar en sanciones económicas o en el despido, algo que ya han denunciado sindicatos como CCOO.

Sin embargo, esto sigue ocurriendo y la situación puede empeorar. Incluso tras una negociación entre el sindicato y Glovo, que consiguió reducir el ERE anunciado por la empresa de más de 750 repartidores a unos 436, la compañía sigue asumiendo que hay zonas donde no es viable tener contratos directos con los trabajadores, algo que admitió en el mensaje dirigido a ellos antes del inicio del proceso. Además, los trabajadores han asegurado que sigue habiendo despidos por las sanciones, los cuales, según defienden algunos, están diseñados con el objetivo de reducir la plantilla del sector.
EL PROBLEMA DE LOS VIAJES LARGOS Y EL CONSUMO DE COMBUSTIBLE
Hay tres problemas clave para los riders de Glovo y Uber Eats cuando se ven obligados a asumir un viaje de más de 30 minutos. El primero es el tiempo dentro de su horario de trabajo que se alarga, porque deben volver a los puntos iniciales antes de recibir otro pedido y anotar las horas efectivas de trabajo; los otros dos tienen que ver con sus vehículos y con el desgaste que generan estos viajes.
La mayoría de los contratos de las plataformas de delivery, ya sea directamente con las empresas involucradas o con flotas intermediarias, exigen a los repartidores usar sus propios vehículos. Si bien la tercera empresa dedicada al delivery en el país, Just Eat, tiene una amplia flota de vehículos para sus riders —o al menos para una parte de ellos—, las otras dos compañías siguen pidiendo su propio vehículo a los trabajadores, o al menos a la mayoría de ellos, lo que también deja en sus manos el mantenimiento de estos.

Finalmente, se suma el coste del combustible para quienes usan motocicleta o coche. Este último gasto se ha multiplicado en las últimas semanas, empujado por la crisis del combustible que ha marcado al mundo desde el principio de la guerra en Irán. Es un problema fuera del control de las tres empresas dedicadas al delivery y de los propios riders. A esto se suma que ha sido un sector ignorado a la hora de calcular las ayudas que ha ofrecido el Estado para permitir a las empresas y trabajadores superar la crisis actual.
GLOVO Y UBER EATS SIGUEN ADAPTANDO SU MODELO
En cualquier caso, Uber Eats y Glovo siguen recibiendo críticas por parte de los riders. Los procesos de contratación han sido mucho más complicados de lo esperado y no solo han empeorado la relación de estas empresas con sus trabajadores, sino que también han empeorado los servicios de cara a los usuarios, pues ahora coinciden las negativas a realizar viajes muy largos con el fin de algunas actuaciones que antes eran comunes, como subir las escaleras de un edificio para dejar la comida en la puerta.
Por otro lado, los sindicatos han señalado que es necesario crear un convenio colectivo para todos los riders que genere condiciones de trabajo mínimas para evitar los problemas de los últimos meses. Es una petición en la que ha insistido Just Eat, que no solo fue la primera de las plataformas en dar el paso de contratar a sus repartidores, sino que además ha asegurado que es necesario igualar las reglas de juego en la competencia.




