SpaceX ha logrado esta madrugada un hito con matices: el primer vuelo de prueba del Starship V3 desplegó 20 satélites Starlink simulados en órbita baja, aunque perdió su propulsor Super Heavy al intentar el amerizaje en el Golfo de México. La misión, calificada por la propia compañía como ‘mayormente exitosa’, acerca a Elon Musk a la que podría ser la mayor OPV del sector tecnológico en 2026.
Claves de la operación
- Veinte satélites desplegados, un booster desintegrado. La nave completó la eyección de cargas simuladas a 250 kilómetros de altitud, pero el cohete reutilizable no superó la reentrada atmosférica y se fragmentó sobre el mar.
- Paso de gigante hacia la salida a bolsa. El vuelo demuestra que Starship es capaz de lanzar constelaciones enteras de un solo golpe, un argumento de venta que Musk necesita para convencer a los inversores antes de la esperada IPO.
- Competencia europea en alerta. El coste por kilo en órbita que promete SpaceX amenaza los márgenes de Ariane 6 y otros lanzadores institucionales, justo cuando la UE debate su autonomía espacial.
El lanzamiento desde Boca Chica (Texas) se produjo a las 04:32 hora peninsular española y fue seguido en directo por miles de accionistas potenciales. SpaceX necesitaba demostrar que el nuevo diseño de Starship —más ligero, con tanques reconfigurados y motores Raptor 3— puede colocar cargas útiles de hasta 150 toneladas en órbita. El despliegue de los satélites simulados confirma esa capacidad, pero no la reutilización completa del sistema, el pilar que sostiene el diferencial de costes frente a cualquier competidor.
El fallo del booster, que estalló a pocos metros de la plataforma de aterrizaje, no es menor. En la anterior prueba, en 2025, el Super Heavy había regresado a tierra sin incidencias. Esta vez, los sensores indicaron una pérdida de presión en una de las bombas de combustible, lo que forzó a los controladores a abortar la maniobra de recuperación. La empresa aseguró a través de su cuenta oficial que el incidente no afectará al calendario de los próximos vuelos comerciales, previstos para el cuarto trimestre.
Desde esta redacción entendemos que el mercado leerá la prueba como un éxito a medias que, no obstante, mantiene intacto el relato de la salida a bolsa. Una fuente del sector financiero cercana a la operación nos confirma que SpaceX podría presentar la solicitud de registro ante la SEC en las próximas semanas, con una valoración que ronda los 180.000 millones de dólares, muy por encima de los 137.000 millones de su última ronda privada.
El ensayo también tiene implicaciones para Starlink, la división que más ingresos recurrentes genera para la compañía. Con Starship, SpaceX planea lanzar hasta 400 satélites de segunda generación por misión, multiplicando por diez la capacidad de un Falcon 9. Un solo lanzador de estas características podría renovar la constelación entera en meses, liberando flujo de caja para financiar el sueño marciano de Musk sin necesidad de seguir quemando efectivo de inversores.
La explosión del booster, sin embargo, deja una sombra técnica en el expediente. Si la reutilización no se consolida en los próximos vuelos, la economía de Starship se parecerá más a la de un cohete desechable tradicional, y el argumento del coste marginal ridículamente bajo se desvanece. "SpaceX tiene margen para fallar en la recuperación porque sus márgenes en Starlink son enormes, pero no puede permitirse perder dos boosters seguidos sin que el mercado se lo haga pagar", nos apunta un analista que prefiere mantener el anonimato.
Superar la prueba de despliegue sin un aterrizaje impecable demuestra que SpaceX puede permitirse tropiezos técnicos y aun así aspirar a una valoración superior a los 200.000 millones.
Un éxito agridulce: 20 satélites en órbita, un booster en el fondo del Golfo
Los ingenieros de SpaceX respiraron aliviados cuando la telemetría confirmó la eyección secuencial de los simuladores de Starlink. Es la primera vez que un cohete de este tamaño y potencia entrega carga útil en un vuelo de prueba y, aunque las cargas eran inertes, el procedimiento replicó fielmente una misión real de despliegue. El domo de la nave resistió la reentrada sin fisuras y amerizó suavemente en el Índico, según el plan previsto.
La pérdida del Super Heavy, no obstante, desluce el resultado. La explosión se produjo a menos de 50 metros de la barcaza autónoma "A Shortfall of Gravitas", y las imágenes difundidas por la compañía muestran una bola de fuego que iluminó el amanecer texano. La junta de investigación interna determinará si el fallo está relacionado con la nueva configuración de los motores Raptor 3, que introducen una cámara de combustión impresa en 3D.
El verdadero botín: la hoja de ruta hacia la salida a bolsa de SpaceX
Musk lleva meses preparando al mercado para una OPV que muchos analistas sitúan entre finales de 2026 y el primer trimestre de 2027. El vuelo de Starship era la condición necesaria para que las métricas de valoración no se sostuvieran solo sobre el negocio de lanzamiento tradicional, sino sobre el prometedor mercado de las megaconstelaciones y el turismo orbital. Con esta prueba, SpaceX puede mostrar una cadencia de innovación que sus rivales —Blue Origin, United Launch Alliance o la propia Arianespace— no logran igualar.

La valoración de 180.000 millones de dólares que barajan los bancos colocadores representaría el mayor debut bursátil de una empresa tecnológica desde 2021, y la mayor OPV del sector aeroespacial de la historia. Si la SEC aprueba el folleto, podríamos asistir al mayor trasvase de accionistas hacia el parqué neoyorquino en más de un lustro.
El impacto para el sector espacial español y europeo: ¿quién teme al cohete de Musk?
La sombra de Starship se proyecta sobre los planes de soberanía espacial europea. Mientras el Viejo Continente discute el presupuesto del programa Ariane 6, SpaceX ha demostrado en un solo vuelo que puede poner en órbita toda una constelación de conectividad por un coste que la industria europea no puede igualar hoy. En este contexto, el operador español Hispasat —participado por Redeia— observa con preocupación y a la vez con interés estratégico: Starship podría acelerar el despliegue de sus propios satélites de nueva generación, pero también convertir en obsoletos los modelos de negocio basados en lanzadores costosos.
Desde Merca2.es consideramos que el vuelo del Starship V3, aun con el incidente del booster, refuerza la posición de SpaceX como el estándar contra el que se medirán todas las iniciativas espaciales de esta década. La capacidad de la empresa para fallar sin que ello penalice su hoja de ruta financiera es, quizás, el dato más revelador de esta madrugada. El verdadero test no será el próximo lanzamiento, sino el comportamiento de la acción el día que la SEC dé luz verde a la OPV.



