Jon Hernández (43), divulgador de inteligencia artificial: “Si no eres excelente con la IA, estás fuera de mercado”

El divulgador Jon Hernández advierte que la inteligencia artificial ya está redefiniendo el mercado laboral, explica por qué la formación continua es imprescindible y sostiene que quien no aprenda a trabajar con IA quedará rápidamente fuera de competencia.

La velocidad con la que se expande la inteligencia artificial está transformando las bases de la productividad global. Muchos profesionales observan el avance tecnológico con una mezcla de asombro y preocupación por su estabilidad laboral, ignorando que el verdadero desafío no es la sustitución de empleos, sino la devaluación del conocimiento técnico tradicional.

Para el analista y divulgador Jon Hernández, el escenario contemporáneo no admite posturas pasivas ni complacientes. La generalización de los sistemas avanzados ha modificado las reglas de contratación, obligando a los profesionales a redefinir el valor real que aportan a sus sectores, dado que “la inteligencia es el mayor valor competitivo humano y la IA está haciendo que tienda a tener valor cero”.

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Inteligencia artificial: El empleo que ya está cambiando

Inteligencia artificial: El empleo que ya está cambiando
Fuente: agencias

Hernández no habla de un futuro distante. Los traductores, los guionistas, los fotógrafos de stock, ciertos perfiles del derecho y del periodismo ya están sintiendo el impacto. En los despachos jurídicos, la revisión documental que antes ocupaba a abogados junior durante semanas la resuelve hoy la inteligencia artificial con mayor precisión, mayor velocidad y a una fracción del coste. El resultado es que muchos despachos han dejado de contratar perfiles de entrada.

La cifra que maneja el divulgador sobre el uso real de estas herramientas resulta reveladora. Sam Altman, CEO de OpenAI, ha reconocido que el 98,5% de los usuarios las utiliza de forma deficiente. Lo que la mayoría llama «usar inteligencia artificial» se reduce a escribir cuatro preguntas en un chat, sin explorar los agentes, sin entender los flujos de trabajo, sin aplicarla de manera sistemática. La brecha entre quien la usa bien y quien la usa mal se traduce en una diferencia de productividad que ya empieza a notarse en el mercado laboral.

La solución que propone Hernández no es pivotar de sector, porque la inteligencia artificial avanza más rápido de lo que cualquier persona puede completar un proceso de reconversión. Antes de que alguien termine de formarse en la nueva tarea, es probable que esa tarea también esté siendo optimizada.

Lo que sí tiene sentido es blindar el puesto actual aprendiendo a trabajar con estas herramientas, aportando más valor desde donde ya se está. Y asumir que la formación ya no es un evento puntual. «Tenemos que cambiar el paradigma de la formación: de ‘me formo y ya sé para siempre’ a una formación continua», insiste.

Adaptarse o quedar fuera: el nuevo estándar competitivo

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El concepto que más repite Hernández en sus ponencias es uno que conviene entender bien. Afirma que la inteligencia artificial no es una ventaja diferencial para quien la usa, sino el nuevo estándar mínimo. «No necesitas la IA para hacer bien tu trabajo; necesitas la IA para ser competitivo en tu trabajo». La distinción es importante. Alguien puede llevar décadas haciendo su trabajo con excelencia sin necesitar ninguna herramienta nueva. Pero si el entorno ha cambiado y su competidor entrega el mismo resultado diez veces más rápido, la excelencia anterior se convierte en mediocridad relativa.

La nueva mediocridad es lo que antes se llamaba excelencia, porque cualquier persona con acceso a inteligencia artificial puede alcanzar ese nivel. El diferencial competitivo ya no está en el resultado sino en la velocidad, el volumen y la capacidad de orquestar bien las herramientas.

A largo plazo, Hernández ve una transición inevitable hacia modelos de trabajo donde los agentes de inteligencia artificial ejecutan tareas concretas mientras los profesionales asumen un rol de supervisión y dirección estratégica. No es ciencia ficción. Empresas como JPMorgan ya contabilizan sus agentes como parte de su plantilla. Por ejemplo, dos emprendedores construyeron en 2024 Medvi, una empresa valorada en cerca de dos mil millones de dólares sin contratar a nadie.

El riesgo de no moverse, en cambio, es quedarse fuera antes de darse cuenta. Como le ocurrió al contable que se negaba a usar Excel y veía cómo su teléfono dejaba de sonar mientras otros hacían en tres horas lo que él tardaba tres días. La historia se repite. La diferencia es que esta vez el margen para reaccionar es más estrecho.


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