La UE lo advierte: los precios del petróleo altos en 2027 y el gas disparado

Bruselas eleva su previsión de inflación al 3,1% por la guerra en Irán y admite que el gas sigue disparado. El plan de contener el IPC energético en el 1,9% se ha desmoronado en cuestión de meses.

El dinero se está evaporando de los presupuestos familiares a una velocidad que no se veía desde la crisis de 2022. La Comisión Europea ha puesto cifras a la nueva sangría energética: la inflación se disparará al 3,1% en 2026 y se quedará en el 2,4% en 2027, muy lejos del 1,9% que Bruselas esperaba hace apenas unos meses. El detonante lleva nombre propio: la guerra en Irán sigue sin visos de solución y mantiene los precios del crudo y del gas en niveles que comprometen la recuperación.

La advertencia llega cuando muchos hogares apenas empezaban a olvidar el shock de 2022-2023. Pero la tregua ha sido breve. El crudo Brent, referencia para Europa, cotiza hoy en el entorno de los 88 dólares y el gas natural en el hub TTF ronda los 46 €/MWh, un 40% más caro que hace doce meses. Las facturas de la luz, la calefacción y el depósito de gasolina vuelven a dispararse.

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El nuevo diagnóstico de Bruselas: petróleo caro y gas sin freno hasta 2027

La reunión de ministros de Finanzas de la eurozona en Chipre este viernes dejó una conclusión descarnada. El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, explicó que los precios de la energía ya no son una anomalía pasajera: «Esperamos que los costes del petróleo y el gas se mantengan elevados al menos hasta finales de 2027», apuntó. La guerra en Irán ha estrangulado rutas de suministro clave y ha metido en el mercado una prima de riesgo geopolítico que no existía en los cálculos anteriores.

El dato más demoledor de los nuevos pronósticos — que puedes consultar en las previsiones de primavera de la Comisión — es que la inflación general europea duplica en 2026 la estimación inicial. Y la energía es el principal motor de esa escalada.

Pero el aviso no se queda en 2026. Las tablas de la Comisión apuntan a que en 2027 la inflación se mantendrá en un 2,4%, todavía por encima del objetivo del BCE del 2%. Por primera vez en este ciclo, nadie habla de un alivio rápido de la factura de la luz o del gasóleo.

«La preocupación ya no son solo los precios de los combustibles en sí mismos, sino toda la cadena de costes que arrastran», añadió Dombrovskis. Y es que la energía encarece los transportes, la producción industrial y, en última instancia, el conjunto de la cesta de la compra.

Impacto directo en los hogares y la industria: el temor a una nueva crisis energética

En España, el golpe se sentirá en los bolsillos. La factura de la luz, el gas y los carburantes volverán a tensionar los presupuestos familiares. Con el Brent instalado en la banda de los 85-90 dólares y el TTF holandés rondando los 45 €/MWh, los consumidores españoles verán cómo el recibo eléctrico indexado al PVPC recupera la senda alcista que parecía olvidada.

Según los últimos datos de la CNMC, en abril de 2026 la factura media del hogar acogido al PVPC subió un 12% interanual, y todo apunta a que mayo cerrará con un incremento mayor. El bono social eléctrico cubre a unos 1,5 millones de hogares, pero cada vez más familias en el umbral de la pobreza energética quedan fuera de las ayudas.

La industria, que apenas había empezado a respirar tras el paréntesis de 2025, vuelve a encender las alarmas. Los costes energéticos representan ya más del 8% de los gastos operativos de muchas pymes manufactureras. Además las acereras, las químicas y las papeleras, grandes consumidoras de gas, han empezado a trasladar subidas a sus clientes.

crisis energética UE

Y aunque el Gobierno español ha prorrogado las ayudas al bono social térmico y mantiene la rebaja del IVA de la luz, la realidad es que las coberturas fiscales tienen un límite. Si el petróleo se instala por encima de los 85 dólares durante todo 2027, el déficit de tarifa volverá a ser un quebradero de cabeza para el Ministerio de Hacienda. Los economistas ya calculan que cada subida de 10 dólares del Brent añade unos 0,3 puntos de inflación al IPC español en seis meses.

La trampa geopolítica que Europa sigue sin atajar

Detrás de la revisión de cifras de Dombrovskis hay una confesión incómoda: Europa ha subestimado el riesgo geopolítico. La guerra en Irán no es solo un conflicto regional; es un terremoto en toda la arquitectura energética mundial. El Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del crudo global, opera bajo tensión militar permanente. Y cada amenaza de cierre o ataque a petroleros se traduce en primas de riesgo que elevan la factura.

Lo que más inquieta no es el pico puntual, sino la duración anunciada. Cuando Dombrovskis dice «hasta finales de 2027», está reconociendo que el mercado no espera una desescalada rápida. Y eso cambia las reglas del juego para la política económica europea. El Banco Central Europeo, que hasta hace dos meses barajaba un nuevo recorte de tipos, se ha visto obligado a poner el freno.

Desde esta tribuna ya hemos señalado que la transición energética no puede basarse en la esperanza de un petróleo barato. Cuanto más se prolonga la crisis de oferta, más evidente resulta que la electrificación y las renovables no son solo una cuestión climática: son la única vacuna contra la inflación energética. Pero esa vacuna tarda en hacer efecto.

A corto plazo, la factura de la dependencia no se paga con buenas intenciones. Europa sigue importando cerca del 90% del petróleo y del 75% del gas que consume. Y mientras el mix energético no cambie de verdad, las familias seguirán expuestas a las turbulencias de Oriente Medio.

El plan original dibujaba un precio del crudo en torno a 75 dólares en 2026 y un gas en retirada. La realidad ha dibujado otra cosa. Ahora la pregunta es si este nuevo golpe servirá al menos para acelerar las inversiones en almacenamiento, renovables e interconexiones o si, por el contrario, la clase política volverá a refugiarse en los parches.

Mientras tanto, el ciudadano europeo va a convivir con una década de precios altos. La pregunta que flota en el aire es si los gobiernos aprovecharán el susto para acelerar la autonomía energética o si, otra vez, se limitarán a parchear la factura mientras el Brent y el TTF dictan la agenda. Por ahora, las señales no son alentadoras.


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