Cataluña autoriza la VPO en remontas: viviendas protegidas en azoteas y locales sin nuevo suelo

La medida, impulsada por los comunes a cambio de apoyar los presupuestos de Illa, permite elevar vivienda protegida sin consumir nuevo suelo. El Govern estima que la reforma puede generar más de 5.000 pisos en cinco años, aunque ayuntamientos y vecinos aún deben dar el visto buen

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Govern de Cataluña ha autorizado este miércoles la construcción de vivienda protegida (VPO) sobre azoteas de edificios residenciales y en locales comerciales u oficinas vacíos, sin necesidad de reclasificar nuevo suelo.
  • ¿Quién está detrás? La Generalitat, a través del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, con el impulso político de En Comú Podem como condición para apoyar los presupuestos del president Salvador Illa.
  • ¿Qué impacto tiene? El Govern estima que la medida puede generar más de 5.000 viviendas protegidas en cinco años, agilizando la oferta en zonas tensionadas y evitando los largos trámites de los nuevos desarrollos urbanísticos.

El Govern de la Generalitat ha aprobado este miércoles la modificación normativa que permitirá construir vivienda protegida oficial (VPO) en las azoteas de edificios ya existentes y en locales comerciales y oficinas infrautilizados. La medida, que modifica el decreto de habitabilidad y el plan territorial sectorial de vivienda, busca acelerar la creación de parque público sin consumir más suelo y en plazos mucho más cortos que los desarrollos tradicionales.

La reforma permite, por primera vez en Cataluña, que una comunidad de propietarios o un promotor privado —con la supervisión del ente público— eleve una o dos plantas sobre un inmueble residencial para destinarlas íntegramente a VPO en régimen de alquiler o venta con protección oficial. También abre la puerta a la reconversión de bajos comerciales y oficinas que lleven al menos dos años vacíos, siempre que el suelo admita el uso residencial y se respeten los parámetros de densidad y ventilación.

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Cómo funciona la medida: remontas, locales vacíos y el salto urbanístico sin consumir suelo

El nuevo marco normativo detalla tres líneas de actuación. La primera y más polémica es la remonta sobre edificios residenciales existentes: se podrá añadir una planta adicional de vivienda protegida siempre que el inmueble tenga al menos 40 años de antigüedad, la estructura lo permita y el planeamiento urbanístico no lo prohíba explícitamente. La segunda es la transformación de locales comerciales y oficinas en desuso, sin necesidad de modificar el plan general, con un procedimiento de licencia simplificada. La tercera contempla la colaboración público-privada: promotores privados que construyan VPO en remontas podrán acceder a ayudas autonómicas y a una bonificación del 50% en las tasas urbanísticas.

Según los cálculos del Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica, solo en el área metropolitana de Barcelona existen más de 12.000 edificios con azoteas susceptibles de albergar remontas, aunque una primera criba técnica reduce la cifra a unos 3.200 inmuebles viables. De materializarse, se podrían generar entre 4.500 y 5.800 viviendas protegidas en los próximos cinco años —el equivalente al 40% de toda la VPO construida en Cataluña en 2024— sin necesidad de activar costosos procesos de reparcelación ni de reclasificar suelo rústico.

El precio político: En Comú Podem marca el ritmo a Illa en vivienda

La aprobación de esta medida no es un gesto técnico aislado: es la factura que En Comú Podem ha pasado al president Salvador Illa a cambio de apoyar los primeros presupuestos de la legislatura. Los comunes, que llevan meses presionando para topar los alquileres y ampliar el parque público, han convertido la VPO en remontas en una de sus líneas rojas negociadoras. La formación de Jéssica Albiach entiende que la fórmula acorta los tiempos de construcción de vivienda asequible —de los 6 a 8 años de un nuevo desarrollo a los 18-24 meses de una remonta— y sortea la resistencia municipal a las grandes operaciones urbanísticas.

El Departament de Territori, en cambio, ha tenido que introducir limitaciones para evitar que la norma se convierta en un coladero especulativo. Las VPO resultantes de remontas no podrán descalificarse durante un mínimo de 30 años, y las comunidades de propietarios deberán aprobar la intervención por una mayoría cualificada del 60% para evitar conflictos vecinales. El texto final también excluye los cascos históricos protegidos y los edificios catalogados, un guiño a las asociaciones de defensa del patrimonio que habían alertado contra posibles desmanes visuales.

La remonta VPO se presenta como la receta contra la escasez de suelo finalista, pero su verdadero test será la aceptación vecinal y la velocidad real de los ayuntamientos para tramitar licencias.

La Ficha del Inversor

Desde el punto de vista del mercado, la métrica clave no es el número de viviendas anunciadas sino el coste de construcción por metro cuadrado edificado. Los técnicos de la Generalitat cifran el sobrecoste de una remonta —refuerzo estructural, nuevos núcleos de comunicación, instalaciones— en unos 350-400 euros por metro cuadrado adicional respecto a la obra nueva convencional. Aun así, el precio final de la VPO se mantiene por debajo del módulo oficial porque se ahorra el coste del suelo, la partida más inflada del residencial español.

La tendencia a seis meses apunta a un despliegue gradual: los ayuntamientos gobernados por comunes y PSC (Barcelona, L’Hospitalet, Santa Coloma) activarán las primeras licencias antes de final de año, mientras que los consistorios con gobiernos de Junts o PP probablemente ralenticen la aplicación. En paralelo, promotoras medianas especializadas en rehabilitación, como Constructora de Calaf y Copcisa, ya han manifestado interés en este nicho, que ofrece márgenes del 12-15% y una demanda cautiva asegurada por las listas de espera de VPO.

¿Para quién es esta operación? En términos de inversión, el perfil recomendado es el constructor local especializado en rehabilitación y obra vertical, con experiencia en intervenciones sobre edificios habitados y en la gestión de comunidades de vecinos. Para el ahorrador tradicional o el gran inversor institucional, el producto no es escalable: cada remonta es un traje a medida, y el control público de las rentas limita la rentabilidad a largo plazo. Sin embargo, para el pequeño inversor que adquiera una de estas VPO en propiedad, la operación se convierte en un activo de alta liquidez protegida, con un descuento medio del 25% sobre el precio libre de la misma zona.

El precedente más cercano es el plan de remontas de vivienda social que París lanzó en 2018, que generó 3.200 unidades en tres años pero chocó con la férrea oposición de los concierges y las asociaciones de propietarios. La diferencia catalana es que aquí la norma exige el 60% de votos favorables, lo que reduce —pero no elimina— el riesgo de bloqueo vecinal. Observamos que la batería de excepciones (zonas protegidas, edificios con estructura insuficiente, locales en planta baja sin altura mínima) puede recortar significativamente el universo inicial de inmuebles candidatos.


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