Stablecoins vs fondos tokenizados: JPMorgan desvela su ventaja dominante del 85%

El gigante bancario concluye que los fondos de mercado monetario tokenizados apenas captarán entre un 10% y un 15% del pastel de las monedas estables. La liquidez y la integración en los exchanges mantienen la ventaja de las stablecoins.

Un informe de JPMorgan ha puesto cifras a la carrera entre las stablecoins y los fondos tokenizados del mercado monetario. El gigante de Wall Street sentencia que estos últimos difícilmente superarán entre el 10% y el 15% del volumen que hoy manejan las monedas estables. Dicho de otro modo: por cada 100 dólares que circulan en stablecoins, los fondos tokenizados apenas alcanzarán los 15.

La tokenización de activos tradicionales —convertir un fondo de inversión en un token digital que vive en una blockchain— ha sido una de las grandes promesas de los últimos años. Sin embargo, el análisis de JPMorgan, al que ha tenido acceso CoinDesk, revela que la ventaja de las stablecoins no es solo una cuestión de ser pioneras. Hay razones de fondo que explican su dominio.

Publicidad

Las cifras del informe: JPMorgan pone límites a la tokenización

El banco subraya que los fondos tokenizados del mercado monetario—que replican productos como los fondos de inversión en deuda a corto plazo— arrastran una debilidad fundamental: su liquidez es inferior y su operativa está más sujeta a los horarios y procesos de la banca tradicional. Eso, en un ecosistema que funciona 24/7 y donde los inversores esperan moverse al instante, supone un hándicap difícil de remontar.

Las stablecoins, en cambio, han demostrado una capacidad casi telepática para mover valor entre exchanges y protocolos DeFi. Esa fluidez, unida a la profunda integración con las plataformas de compraventa de criptoactivos, las convierte en una capa de liquidez insustituible. El informe de JPMorgan lo resume con una cifra: incluso en el escenario más optimista para la tokenización, las stablecoins seguirán dominando con un 85% o más del pastel.

¿Por qué las stablecoins ganan la partida?

Más allá de la liquidez, el estudio apunta a dos factores clave. El primero es la red de efectos de red: cuantos más usuarios, exchanges y aplicaciones aceptan una stablecoin, más útil se vuelve. Las dos grandes, USDT y USDC, están presentes en prácticamente todas las plataformas del ecosistema y en miles de carteras. El segundo es la sencillez regulatoria relativa: aunque las stablecoins también están bajo presión de los supervisores, su funcionamiento es más directo que el de un vehículo de inversión tokenizado que debe cumplir con normativa de fondos, custodios y leyes de valores.

Además, los fondos tokenizados introducen una capa de complejidad: el rendimiento que pagan (el interés que genera el fondo subyacente) puede ser atractivo, pero exige gestión activa, auditorías y, en muchos casos, restricciones de reembolso que chocan con la promesa de inmediatez que ha definido al mundo cripto. Las stablecoins no ofrecen retorno directo, pero su estabilidad y su función de moneda puente bastan para marcar distancias.

Análisis: convivencia y competencia por el largo plazo

Este equilibrio no es nuevo. En los últimos tres años, la cuota de las stablecoins dentro del comercio cripto ha superado el 90% en varios periodos, y la llegada de los ETFs al contado de bitcoin en 2024 no hizo sino subrayar la necesidad de un vehículo líquido que conecte ambos mundos. Los fondos tokenizados, por su parte, han crecido a un ritmo respetable, pero desde una base mucho más pequeña. La previsión de JPMorgan lo que hace es confirmar una dinámica que ya se intuía: la tokenización no va a desplazar a las stablecoins en el corto ni en el medio plazo.

Sin embargo, sería un error descartar la importancia de estos fondos. Para grandes inversores institucionales que operan dentro de marcos regulados, un fondo tokenizado puede ser más cómodo que una stablecoin que, en el extremo, funciona como un pagaré privado. El propio JPMorgan tiene en marcha su proyecto JPM Coin, que aunque no es exactamente una stablecoin, apunta a ese mismo espacio de liquidación entre entidades financieras. La contradicción está servida: el banco reconoce el dominio casi absoluto de las stablecoins mientras desarrolla alternativas que buscan arañar cuota en nichos donde la regulación es clave.

Puestos a imaginar escenarios, la clave no está tanto en si los fondos tokenizados alcanzarán el 15% o se quedarán en el 10%, sino en qué harán los reguladores. Una normativa que exija a las stablecoins estar completamente respaldadas por activos líquidos y supervisadas por bancos centrales podría reducir la distancia, mientras que un entorno laxo favorece la estructura actual. Mientras tanto, la realidad que retrata JPMorgan es tozuda: el dinero en la cadena se mueve en monedas estables, y quien quiera participar en ese baile tendrá que danzar a su ritmo.


Publicidad