Josep Oliu no se anda con rodeos. El presidente de Banco Sabadell lanzó ayer un mensaje directo a los accionistas durante la junta general: ‘El banco sigue estando barato. Mi consejo es que reinviertan el dividendo’. Las palabras resuenan en un momento en el que la entidad trata de pasar página tras el fracaso de la OPA de BBVA, y busca recomponer su hoja de ruta sin distracciones externas.
La valoración que convence a Oliu
Los números respaldan al presidente. Sabadell cerró 2025 con un beneficio récord de 1.630 millones de euros, pero su cotización apenas refleja ese desempeño. El valor en libros del banco supera los 4,8 euros por acción, mientras que los títulos rondan los 2,65 euros, lo que supone un descuento superior al 45% según los datos del último informe del Banco de España. La relación precio-valor contable (PVC) se sitúa en 0,55 veces, una de las más bajas de la banca mediana europea.
Oliu no oculta su frustración. En un gesto poco habitual, animó a los accionistas a reinvertir el dividendo en lugar de embolsarlo. La política de dividendos del banco prevé un payout del 50% sobre el beneficio, lo que se traduce en un dividendo de unos 0,12 euros por acción en 2025. Si las cuentas de 2026 cumplen las previsiones, la rentabilidad por dividendo podría superar el 4,5%.
«No se trata de un brindis al sol», ha señalado Oliu en su discurso. «La generación de capital nos permite ser generosos con el accionista, pero creemos que el verdadero valor se materializará cuando el mercado reconozca nuestro posicionamiento». Su mensaje caló entre los asistentes a la junta, aunque varios analistas discrepan. CaixaBank BPI mantiene su consejo de «comprar», pero advierte que la acción lleva dos años sin superar la barrera de los 3 euros.
La transformación interna tras el asedio de BBVA
El consejero delegado, Marc Armengol, ha asumido el timón de una transformación interna que el banco llevaba meses posponiendo mientras se defendía de la OPA hostil lanzada por BBVA en 2024. Ahora, sin la presión de un pretendiente no deseado, la hoja de ruta es clara: digitalización, eficiencia operativa y crecimiento en el segmento de empresas. «Hemos perdido dos años de proyecto por culpa de la OPA», reconoció Armengol en un reciente encuentro con inversores en Alicante.
La entidad ha anunciado un plan para reducir 300 oficinas entre 2026 y 2028, una medida que afectará principalmente a ubicaciones de baja actividad. A cambio, reforzará la banca digital y los canales de asesoramiento personalizado. El objetivo es mejorar la ratio de eficiencia, que cerró 2025 en el 48,2%, y acercarse al 42% para 2028. La tecnología no es un fin, sino la palanca para liberar capital humano hacia lo que de verdad importa: la relación con el cliente», explicó el directivo.
La OPA de BBVA, que fracasó por la oposición del Gobierno y de la CNMC, dejó al banco en una posición incómoda: un gran accionista de referencia ausente. BlackRock redujo su participación del 3,9% al 2,1% después de la operación. Según los registros de la CNMV, la OPA quedó desestimada el pasado 15 de marzo de 2026 al no obtener las autorizaciones preceptivas. La mayoría de los inversores tiene sus dudas sobre la capacidad de Sabadell para mantener el paso sin un socio industrial. Ese es precisamente el riesgo que Armengol quiere conjurar con resultados.

El espejo del sector y los riesgos que persisten
La banca mediana española vive un momento dulce, pero incierto. Los márgenes por intereses, impulsados por los tipos altos del BCE, empiezan a erosionarse ante la previsible rebaja del precio del dinero a partir de junio de 2026. Sabadell, muy expuesto a las pymes y al negocio hipotecario, podría ver cómo su rentabilidad cede terreno si el Euribor se sitúa por debajo del 2% a finales de año.
No es un problema exclusivo de Sabadell, pero sí un factor que explica en parte ese descuento del 45% que tanto molesta a Oliu. Bankinter y CaixaBank cotizan a PVC de 1,1 y 0,8 veces respectivamente. La diferencia está en la percepción del riesgo. Sabadell arrastra una imagen de banco «de provincias», muy vinculado a Cataluña y a la Comunidad Valenciana, dos territorios con tensiones políticas que se reflejan en las decisiones de inversión de los grandes fondos. Aunque la sede social se trasladó a Alicante en 2017, el mercado aún no ha comprado del todo el relato de la diversificación.
En este contexto, el consejo de reinvertir el dividendo suena casi como un acto de fe. Pero tiene lógica financiera: si el banco gana 1.630 millones y reparte la mitad, el accionista puede comprar más títulos a un precio deprimido, aumentando su participación en el capital a un coste muy bajo. Es lo que algunos gestores llaman «dollar cost averaging emocional» para directivos que creen en su propio proyecto. Yo lo veo más como una declaración de intenciones: el presidente está convencido de que el mercado acabará por dar la razón a los fundamentales, pero sabe que el tiempo corre y que la competencia no espera.
La clave estará en la ejecución del plan de transformación y en la capacidad del banco para crecer en crédito sin disparar la morosidad. Las provisiones actuales cubren el 65% de los préstamos dudosos, una ratio aceptable pero mejorable. Si el ciclo económico aguanta y el BCE maneja con acierto el aterrizaje, Sabadell podría salir del pozo de valoración. Si no, la paciencia de los accionistas, esa que Armengol pide, podría agotarse antes de lo previsto.




