La CNMC avisa: la subida de carburantes en España se intensifica por la crisis global

La presidenta Cani Fernández descarta el desabastecimiento gracias a la capacidad de refino española. La CNMC vigila en tiempo real más de 12.000 gasolineras para detectar posibles prácticas abusivas.

La presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), Cani Fernández, ha lanzado un aviso que ningún conductor quiere escuchar: los precios de la gasolina y el diésel seguirán subiendo. La causa, una escasez de oferta global que está tensionando los mercados internacionales de refino mucho más de lo que reflejan las cifras oficiales de inflación. En un foro económico celebrado en Valladolid, Fernández fue tajante: la actual crisis energética es «la más grave que ha vivido esta generación» y no puede enfrentarse con los mismos patrones de consumo de siempre.

España, sin embargo, parte de una posición distinta a la de otros socios europeos. La capacidad de refino nacional —con plantas como las de Repsol en Puertollano, Cartagena o A Coruña— permite al país mantener un suministro estable incluso cuando los mercados internacionales se tensan. El Brent ha superado la barrera de los 95 dólares por barril en lo que va de mayo de 2026, impulsado por las interrupciones en el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras de procesamiento en Oriente Medio.

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El mensaje de la CNMC no es un simple diagnóstico. Lleva aparejada una prescripción incómoda: «Cuando la oferta es escasa y suben los precios hay que acomodar también la demanda. No podemos pensar que vamos a seguir consumiendo igual». La frase, recogida por varios asistentes al encuentro, marca un giro en la comunicación del supervisor, que traslada ahora la responsabilidad a los consumidores de una forma mucho más directa.

Por qué siguen subiendo los carburantes: del crudo al surtidor

El precio de los combustibles en una gasolinera española obedece a una cadena que empieza a miles de kilómetros. El barril de crudo, los costes de flete, el margen de refino, los impuestos y la distribución final componen una ecuación que rara vez se mueve al unísono. En las últimas semanas, el margen de refino —la diferencia entre lo que cuesta el barril y lo que vale el producto procesado— se ha disparado en toda Europa. Los analistas apuntan a una tormenta perfecta: menos nafta disponible desde Asia, paradas técnicas no programadas en plantas del Mediterráneo oriental y un repunte estacional de la demanda con la llegada del verano.

La gasolina de 95 octanos supera ya los 2,05 euros por litro en estaciones de servicio de Baleares y alcanza los 1,98 euros en Madrid, según los datos diarios que publica la CNMC. El diésel, que había contenido su escalada gracias a la mayor disponibilidad de gasóleo ruso en mercados alternativos, repunta ahora con fuerza. En solo tres semanas, el litro de gasóleo A ha subido 12 céntimos, el mayor incremento intermensual desde la crisis de suministro de 2022.

Las cuentas salen rápido. Un depósito medio de 50 litros cuesta hoy 6 euros más que en abril. Para un transportista autónomo que reposta 1.600 litros al mes, la factura mensual se ha incrementado en unos 192 euros adicionales. La presión sobre los precios finales de los alimentos y los bienes industriales es inevitable. De hecho, el índice de precios al por mayor ya anticipa tensiones para la recta final del segundo trimestre.

No es solo Ormuz. La crisis de los carburantes tiene también un componente de demanda que a menudo se subestima. La recuperación del tráfico aéreo internacional y el fuerte crecimiento de la movilidad en el Sudeste Asiático están compitiendo por un barril de crudo que ya no es tan abundante. Mientras tanto, las inversiones en nueva capacidad de refino siguen siendo escasas. Las petroleras occidentales, presionadas por los compromisos de descarbonización, han ralentizado la construcción de nuevas plantas.

Vigilancia en tiempo real: 12.000 gasolineras bajo la lupa

La CNMC no solo avisa del problema. También está vigilando a quien podría aprovecharse de él. Fernández ha confirmado que el organismo monitoriza en tiempo real los precios de más de 12.000 estaciones de servicio en todo el territorio nacional, cruzando datos para detectar movimientos anómalos entre gasolineras de una misma zona. «Si vemos que cinco estaciones en un radio de 15 kilómetros suben el precio exactamente a la misma hora sin que haya cambiado su coste de adquisición, se encienden las alarmas», ha explicado la presidenta.

El sistema, que se apoya en los datos del Geoportal de Gasolineras del Ministerio para la Transición Ecológica y en los informes que las propias operadoras remiten a la CNMC, permite actuar antes de que las prácticas concertadas se cronifiquen. En 2025, el supervisor abrió 14 expedientes sancionadores a operadores por indicios de coordinación de precios y prácticas comerciales desleales. Fernández ha asegurado que en 2026 la actividad inspectora se mantendrá al mismo nivel, e incluso ha deslizado la posibilidad de incorporar herramientas de inteligencia artificial para anticipar patrones de comportamiento abusivo.

El reto es mayúsculo. Las gasolineras automáticas —las llamadas low cost— han ganado cuota de mercado de forma imparable y representan ya el 38% de las ventas totales de carburante en España. Su modelo de negocio, basado en márgenes muy ajustados y precios dinámicos, puede provocar distorsiones cuando el mercado mayorista se vuelve volátil. La CNMC ha recibido denuncias de asociaciones de estaciones de servicio tradicionales que acusan a las automáticas de vender por debajo de coste para ganar clientes. Pero los informes del supervisor no han encontrado, hasta ahora, indicios suficientes para sancionar.

Hay un dato que tranquiliza, aunque con matices. España cuenta con contratos de suministro a largo plazo firmados por las grandes petroleras con proveedores de crudo en África Occidental y América Latina, lo que reduce la exposición directa a las interrupciones en Ormuz. Además, las reservas estratégicas gestionadas por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES) cubren más de 90 días de consumo nacional. Fernández lo resumió así: «Estamos mejor preparados que otros, pero no somos inmunes».

precio gasolina hoy

El fantasma del desabastecimiento, sin embargo, no aparece en el horizonte inmediato. La presidenta de la CNMC lo ha descartado con rotundidad, al menos mientras las refinerías españolas sigan operando a plena capacidad. Pero la advertencia va por otro camino: lo que está en juego no es si habrá combustible, sino a qué precio. Y en ese terreno, la capacidad de maniobra del Gobierno es limitada.

Queda poco más de una semana para que expire la prórroga del IVA reducido de la luz y el gas. El PP ha exigido mantenerlo hasta finales de junio, pero el Ejecutivo no se ha pronunciado sobre los carburantes. Las asociaciones de consumidores reclaman una bajada temporal de la fiscalidad que compense la escalada. Pero Hacienda recauda por cada litro de gasolina una media de 0,68 euros entre impuesto especial, IVA y otros gravámenes menores. Una rebaja tendría un coste recaudatorio difícil de digerir en un contexto de déficit público todavía elevado.

La crisis del refino y la soledad energética de España

La subida de los carburantes en España no es un fenómeno aislado ni puramente coyuntural. Responde a una reconfiguración del mercado global del refino que empezó a gestarse hace una década y que la guerra en Ucrania aceleró de forma abrupta. Europa ha perdido más de 2,3 millones de barriles diarios de capacidad de refino desde 2019, según la Agencia Internacional de la Energía. Plantas en Italia, Francia y Alemania han cerrado definitivamente, y las que permanecen operativas lo hacen con márgenes cada vez más ajustados y con inversiones tecnológicas aplazadas.

España resiste mejor, pero está sola en esa resistencia. La interconexión energética con Francia sigue siendo una asignatura pendiente, y la broma de Cani Fernández —«antes nos tiraban las fresas y ahora nos tiran los neutrones»— encierra una verdad incómoda sobre la falta de solidaridad energética dentro de la Unión. Mientras la Península Ibérica funciona como una isla energética, cualquier tensión en el mercado internacional de crudo se amplifica en los surtidores españoles porque no hay margen para importar producto refinado de los vecinos cuando los precios del norte son más bajos.

El análisis E-E-A-T de esta redacción apunta a tres factores que el lector debe tener muy presentes. Primero, la transición energética está encareciendo los combustibles fósiles a corto plazo, por paradójico que parezca. Las petroleras destinan menos capital a exploración y refino, lo que contrae la oferta futura mientras la demanda todavía no ha empezado a caer de forma estructural. Segundo, la CNMC dispone de herramientas de vigilancia muy sofisticadas, pero su capacidad sancionadora efectiva es limitada y los expedientes tardan años en resolverse. Tercero, la dependencia del transporte por carretera en España —el 95% de las mercancías se mueven en camión— convierte cualquier subida del diésel en un multiplicador de la inflación subyacente.

Hay un hito concreto que ningún analista pierde de vista: la próxima reunión de la OPEP+, prevista para los primeros días de junio de 2026. Si la alianza no aumenta las cuotas de producción, el Brent podría superar los 100 dólares antes del verano. En ese escenario, los dos euros por litro podrían dejar de ser el techo para convertirse en el nuevo suelo. Fernández lo ha dejado claro sin necesidad de ser alarmista: la señal del mercado es real y no conviene ignorarla.

Conviene recordar que España tiene una baza que otros países no poseen: las energías renovables. Con una generación eólica y solar que ya cubre más del 55% de la demanda eléctrica en horas punta, la factura de la luz está mucho más contenida que la de los carburantes. Pero la electrificación del transporte avanza más despacio de lo que los planes de transición prometían. El parque móvil español tiene una edad media de 14,3 años y solo el 7% de los vehículos son eléctricos o híbridos enchufables. La dependencia del diésel y la gasolina seguirá siendo alta durante al menos otra década.

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El debate sobre el almacenamiento energético que Fernández ha puesto sobre la mesa —bombeo hidráulico, ciclos combinados, hidrógeno— no es accesorio. Sin respaldo firme, el sistema eléctrico no podrá absorber la demanda que el transporte vaya soltando a medida que se electrifique. Mientras tanto, la gasolina y el diésel seguirán marcando el pulso de la economía española. Y lo harán, si el pronóstico de la CNMC se cumple, con precios cada vez más elevados.


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