Resultados 2026 de Solaria: el beneficio se dispara un 50% hasta los 80,36M y una ampliación de 300M para centros de datos

La generadora logra un margen EBITDA del 94% y refuerza su balance con 300 millones para convertirse en socio energético de los grandes operadores tecnológicos. La apuesta por los centros de datos redefine por completo su perfil de negocio.

Solaria arranca 2026 con fuerza. La compañía ganó 80,36 millones de euros entre enero y marzo, un 50% más que en el mismo periodo del año anterior, según los resultados presentados en la página de inversores de Solaria. Los ingresos alcanzaron los 120,4 millones, con un crecimiento del 49%, y el EBITDA se disparó un 53% hasta los 113,24 millones. La hoja de resultados confirma un margen EBITDA del 94%, una cifra que pocas energéticas españolas pueden igualar.

El balance del grupo refleja un activo total de 2.550 millones de euros y un patrimonio neto de 770 millones, un 9% más que al cierre de 2025. Esos números, sólidos donde los haya, esconden un cambio estratégico que el consejero delegado, Arturo Díaz-Tejeiro, no duda en calificar de “nueva etapa de crecimiento”. La hoja de ruta ya no mira solo al sol y al viento: ahora mira a los servidores. Y eso cambia muchas cosas.

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Los números del trimestre: un margen EBITDA del 94%

La generación de caja operativa es la gran baza de Solaria. Los 80,36 millones de beneficio neto no solo suponen un salto cuantitativo frente a los 53,44 millones de hace un año; vienen acompañados de un margen EBITDA que roza el 100%. De cada euro que entra, 94 céntimos se convierten en resultado bruto de explotación. Eso es una máquina de hacer dinero, y la compañía lo sabe. El comunicado oficial destaca la “elevada capacidad de generación de caja” y la posición de liderazgo en rentabilidad operativa dentro del sector renovable.

El crecimiento no es flor de un día. El primer trimestre de 2026 consolida una tendencia que ya se intuía en los trimestres anteriores, pero que ahora gana tracción. Los ingresos, 120,4 millones, crecen casi al mismo ritmo que el beneficio, lo que indica que el aumento no se debe a ajustes contables, sino a una mayor actividad real. La cartera de proyectos en operación y la mayor producción renovable han sido los motores. Aunque la compañía no ha desglosado la contribución exacta de cada tecnología, la evolución del precio de la luz y la mayor penetración de sus plantas fotovoltaicas han jugado a su favor.

Sin embargo, los mercados miran más allá del trimestre. El anuncio de la ampliación de capital por 300 millones de euros, completada a finales de abril, pesó en la cotización. Solaria cayó un 3,72% en la sesión posterior, una señal de que los inversores descuentan el riesgo de dilución y exigen claridad sobre el destino de esos fondos. Y ahí es donde la historia se vuelve interesante.

La ampliación de 300 millones y el giro hacia los centros de datos

En abril, Solaria cerró una ampliación de capital y venta de autocartera por 300 millones de euros. La operación, equivalente al 10% del capital social, refuerza el balance y financia el salto a los data centers. La empresa no oculta su ambición: quiere convertirse en “socio estratégico de grandes operadores tecnológicos e industriales”. Traducción: ofrecer energía renovable, suelo, acceso a red y capacidad de ejecución a los gigantes que están desplegando infraestructura digital en Europa.

La apuesta tiene lógica. El crecimiento de los hyperscalersAmazon, Microsoft, Google y sus equivalentes— está disparando la demanda energética. Un centro de datos de última generación consume tanta electricidad como una ciudad pequeña. Y la regulación europea presiona para que esa energía sea verde y trazable. Solaria quiere ser el proveedor que les dé ambas cosas: renovables a precio competitivo y una cartera de terrenos con conexión a red ya asegurada.

Díaz-Tejeiro lo resume así: “La infraestructura digital y los centros de datos van a impulsar una transformación sin precedentes en la demanda energética europea. Solaria quiere ser uno de los actores clave de esa transformación”. No es un brindis al sol. La compañía ya ha recibido permisos ambientales para instalar 480 MWh de baterías en siete plantas solares en Castilla-La Mancha, un movimiento que encaja con la necesidad de estabilidad que exigen los centros de datos. Las baterías permitirán almacenar energía cuando el sol sobra y liberarla cuando los servidores la demandan, independientemente de la hora del día.

Con todo, el camino no está exento de fricciones. La ampliación de capital diluye a los accionistas actuales y la ejecución de los proyectos de centros de datos exige músculo financiero y plazos muy ajustados. Solaria pasa de ser un generador renovable puro a un desarrollador integral de infraestructura energética para el mundo digital. Eso implica nuevas competencias, nuevos riesgos y, sobre todo, nuevos competidores.

Análisis: un Solaria diferente que puede perder su esencia… o multiplicarla

He seguido de cerca a Solaria durante años. Conozco su obsesión por los márgenes, su resistencia a malvender megavatios y esa cultura de la rentabilidad que pocas cotizadas renovables han sabido mantener. Por eso, leer que ahora quieren ser el socio energético de las grandes tecnológicas me genera una mezcla de interés y cautela. La oportunidad es real: la demanda de centros de datos crecerá a un ritmo que hoy ni se intuye. Pero también es un negocio intensivo en capital, con ciclos de inversión largos y una competencia feroz. Endesa, Iberdrola y Acciona ya están moviendo ficha en este mismo tablero. Solaria no llega sola a esta fiesta.

El margen EBITDA del 94% es una rareza que difícilmente se mantendrá si la empresa entra de lleno en el desarrollo de infraestructura para terceros. Esos proyectos exigen capex, y el capex lame el margen. No es un drama: la rentabilidad sobre capital invertido puede ser excelente, pero el perfil de negocio será distinto. Los inversores que compraron Solaria por ser una pura generadora renovable con caja recurrente podrían encontrarse, de repente, con una empresa más industrial y expuesta a los vaivenes tecnológicos. Eso explica en parte la reacción bajista al anuncio de la ampliación.

Dicho esto, la estrategia tiene sentido si se ejecuta bien. Solaria atesora suelo, acceso a red y una marca de fiabilidad en la entrega de megavatios verdes. Esas tres cartas son justo las que necesitan los operadores de centros de datos. Y la urgencia climática añade presión: los hyperscalers han prometido cero emisiones netas para 2030, y necesitarán comprar energía renovable certificada a mansalva. Si Solaria logra cerrar acuerdos de compraventa a largo plazo (PPAs) con estos gigantes, la visibilidad de sus ingresos podría ser incluso mayor que la actual. Dejaría de depender tanto del precio volátil del pool eléctrico.

Mi opinión: la compañía entra en un territorio interesante pero pantanoso. No me extrañaría ver movimientos corporativos en los próximos meses —alianzas, fusiones o la entrada de un socio industrial— porque el salto cualitativo es demasiado grande para darlo en solitario. La ampliación de 300 millones es solo la gasolina inicial. Hará falta mucha más para construir los centros o adaptar las plantas. Y el calendario aprieta.

Habrá que seguir de cerca la presentación de los resultados semestrales, prevista para después del verano. Para entonces deberíamos tener pistas más claras sobre los contratos firmados con tecnológicas y el ritmo de inversión en baterías. Mientras tanto, Solaria se balancea entre su presente dorado y un futuro que promete mucho, sí, pero que también exige un esfuerzo titánico. Que nadie se duerma.


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