Confieso que escuchar a Donald Trump pedir la suspensión del impuesto federal a la gasolina me pilló por sorpresa. No tanto por la rebaja en sí, sino porque su propio equipo económico suele defender exactamente lo contrario. Pero la gasolina se ha disparado un 50 % desde que estalló la guerra en Irán y el presidente necesita un golpe de efecto antes de que llegue el verano.
La propuesta, tan audaz como inédita, llega en un momento en que los precios del combustible desquician a consumidores y transportistas. Sin embargo, el análisis que hoy compartimos desde DW Español desmonta la idea de que este gesto vaya a solucionar gran cosa.
Un impuesto de 18,4 centavos que nadie se atrevió a tocar
Ningún presidente estadounidense ha suspendido antes el gravamen federal sobre la gasolina. El tributo suma 18,4 centavos por galón en el caso de la gasolina y 24,4 centavos en el del diésel, cifras que llevan décadas congeladas. En el vídeo, la corresponsal de DW Español en Nueva York, Ana Nieto, recuerda que economistas y organismos como el Fondo Monetario rechazan este tipo de subvenciones porque impiden los ajustes de consumo y abren un agujero en las cuentas públicas.
La paradoja es que, en este escenario, el descuadre fiscal sería lo único que realmente se notaría. Porque la gasolina ha subido 1,5 dólares respecto al año pasado y los analistas empiezan a hablar de que 5 dólares por galón podrían ser la nueva normalidad. En California ya se paga más de seis. Con ese telón de fondo, una rebaja de 18 centavos apenas haría cosquillas al conductor medio.
La medida, además, polemica, necesita el visto bueno del Congreso. Legisladores de ambos partidos han mostrado su apoyo porque ven en ella un alivio inmediato para las familias y las empresas de transporte. Pero el alza del crudo amenaza con devorar cualquier respiro.
«Suspender un gravamen de 18,4 centavos no va a resolver un barril de petróleo que ha subido un 40% desde que comenzó la guerra en Irán», señala el análisis de DW Español.
— DW Español
El petróleo roza los 104 dólares y Aramco bate récords
Este lunes el barril de Brent se encaramó hasta 104 dólares, un 3 % más caro que al inicio del conflicto. Desde entonces, el crudo se ha revalorizado más de un 40 % y cada día que el estrecho de Ormuz permanece bloqueado la presión al alza se intensifica. La buena noticia —para unos pocos— es que las petroleras están haciendo caja.
DW Español destacó en su informativo cómo Saudi Aramco, la mayor petrolera del mundo, obtuvo en el primer trimestre de 2026 nada menos que 33.600 millones de dólares de beneficio neto, un 25 % más que un año antes. Estas ganancias son el combustible que alimentan la «Visión 2030» de Riad, el plan para diversificar la economía saudí más allá del petróleo.
Arabia Saudí dispone, además, de una baza estratégica: un oleoducto de 1200 kilómetros que atraviesa el desierto desde los pozos del este hasta el mar Rojo. Construido a principios de los ochenta por miedo a que Irán cerrase el estrecho, este tubo se ha convertido ahora en la válvula de escape que permite a Aramco sortear el bloqueo y mantener sus envíos.
Del diésel pesquero al fertilizante: el bloqueo de Ormuz golpea Francia
Mientras unos ganan, otros pierden. El reportaje de DW Español viaja hasta el mercado de Sète, en el Mediterráneo francés, donde los pescadores explican que el gasóleo, que antes representaba un 28-30 % de sus costes operativos, ahora se ha duplicado hasta alcanzar el 60 %. «Antes el diésel costaba 60 céntimos, hoy 1,10 euros. Estamos perdiendo entre 200 y 300 euros a la semana», lamentaron. La tensión se extiende al campo.
El estrecho de Ormuz no solo da paso al petróleo: por él transita una parte sustancial del comercio mundial de fertilizantes. Los agricultores franceses denuncian que tienen que comprar abonos más caros mientras venden cereales a precios de mercado internacional que no les permiten trasladar el sobrecoste. Las protestas del lunes cerca de Lyon fueron la punta del iceberg de un malestar que ya se escuchó en las lonjas y los silos.
Trump aterriza en Pekín: gestionar riesgos en plena crisis energética
Y en medio de este polvorín, el presidente estadounidense viaja el miércoles a la capital china. Se reunirá con los máximos ejecutivos de Tesla, Apple y otras gigantes que necesitan mantener su acceso al mercado chino. DW Español recuerda que ambos países siguen siendo mutuamente dependientes: China es mercado exportador y proveedor de tierras raras, mientras Beijing ansía tecnología de chips.
Durante la cumbre se espera que la delegación estadounidense busque acuerdos para sus productos agrícolas y para el fabricante Boeing. China, por su parte, ha alcanzado un superávit comercial récord con el resto del mundo pese al desplome del 20 % en su comercio bilateral con Washington. Ninguno quiere una escalada arancelaria ahora que la economía global se tambalea por la guerra en Irán.
Pekín incluso podría ejercer de mediador. La semana pasada el ministro iraní de Exteriores visitó la capital china, y todas las partes comparten un interés común: devolver al estrecho de Ormuz la normalidad que los mercados necesitan.
Mientras la Casa Blanca baraja soluciones de corto plazo, el precio del crudo sigue devorando el poder adquisitivo de los trabajadores a ambos lados del Atlántico. Puede que suspender 18 centavos el galón alivie algún bolsillo, pero el verdadero problema, como nos recuerda DW Español, está en un estrecho bloqueado y en las guerras que lo mantienen así. Lo demás es puro parche.
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