Los últimos datos de empleo en Estados Unidos han descolocado los pronósticos de dos de los mayores bancos de inversión del mundo. Goldman Sachs y Bank of America (BofA) han aplazado sus llamadas a recortes de tipos de la Reserva Federal hasta el final de 2026, según ha adelantado Bloomberg citando las notas de análisis enviadas a sus clientes. El motivo: un mercado laboral que pierde fuelle pero, paradójicamente, mantiene a la inflación como amenaza principal.
El Departamento de Trabajo de EE UU publicó el viernes un informe de abril que incumplió los pronósticos más conservadores. La creación neta de puestos de trabajo se quedó muy por debajo de lo esperado, y los salarios crecieron a un ritmo menor, según los datos recogidos por Bloomberg que apuntan a un frenazo en secciones clave como la manufactura y los servicios profesionales. Para el equipo de Goldman Sachs, estas cifras fueron ‘la última gota que colmó el vaso’ que necesitaban para retirar su previsión de un primer recorte en verano.
Los datos de empleo agotan la paciencia de los analistas
La serie de informes mensuales que arrancó en 2025 con cierta resiliencia ha empezado a mostrar grietas, y los economistas de los grandes bancos no han tardado en reaccionar. La cifra de paro se mantuvo en el 3,8%, pero las contrataciones netas apenas superaron las 140.000 nóminas, lejos de las 200.000 que anticipaba el consenso, según recopila la agencia. Las revisiones de meses anteriores tampoco ayudaron: restaron 50.000 empleos adicionales. El golpe fue demasiado duro para quienes, como Goldman, aún confiaban en un margen de maniobra para que la Fed moviera ficha en septiembre.
El cambio en las apuestas no es menor. Hasta principios de mayo, los mercados de futuros descontaban al menos dos recortes de tipos de 25 puntos básicos este año, el primero en la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de septiembre. Ahora, la probabilidad de una baja en el precio del dinero antes de diciembre ha caído por debajo del 30%, según los precios de los futuros sobre fondos federales. Una vuelta de tuerca que choca de frente con los deseos de la Casa Blanca, que lleva meses presionando a la Reserva Federal para que alivie el coste del crédito.
Goldman y BofA recalibran sus apuestas: recorte en diciembre, no en verano
Goldman Sachs, banco de referencia en el asesoramiento a grandes corporaciones y uno de los principales creadores de mercado de deuda pública estadounidense, ha movido su previsión de bajada de tipos del 16-17 de septiembre al 9-10 de diciembre. Su escenario central pasa ahora por un único recorte de 25 puntos básicos antes de que acabe 2026, frente a los dos movimientos que perfilaba hace apenas dos semanas. La nueva ruta, explicada en un breve informe de su división de análisis macroeconómico, incluye además una pausa prolongada en 2027 si la inflación subyacente no cede del 2,8% interanual en el que se ha estancado.
La decisión de Bank of America ha sido paralela. El banco que dirige Brian Moynihan ha pospuesto su primer recorte esperado hasta la última cita del año, dejando entrever que tampoco descarta un aplazamiento a principios de 2027 si los datos de inflación de mayo y junio —que se conocerán antes del receso estival— no muestran un descenso claro. Ambas entidades comparten diagnóstico: el mercado laboral se desacelera, pero la inflación de servicios, pegajosa y resistente al alza de tipos, impide cualquier relajación prematura. Como resultado, la curva de tipos entre el bono a dos años y el bono a diez años se ha invertido aún más, un fenómeno que los economistas interpretan como antesala de recesión.

¿Qué implica este retraso para la economía y los mercados?
El nuevo horizonte temporal de los tipos altos complica las hojas de ruta de sectores sensibles al crédito, desde la promoción inmobiliaria hasta el capital riesgo. Los tipos de interés de referencia, anclados en el 5,25%-5,50% desde julio de 2025, suponen un freno con un coste cada vez más difícil de trasladar. El retraso en el alivio monetario no es una mera cuestión de calendario: cambia la ecuación de rentabilidad para las empresas que deben refinanciar deuda a corto plazo en los próximos trimestres.
Eso sí, no todo son malas noticias. Los fondos de inversión de renta fija que apostaron por una pausa larga de la Fed han visto crecer su valor liquidativo, y los bancos centrales de economías exportadoras ya están anticipando que un dólar fuerte durante más tiempo puede erosionar sus márgenes. Sin embargo, me inclino a pensar que la Reserva Federal está priorizando el control de la inflación sobre el crecimiento a corto plazo, algo que los mercados aún no han descontado del todo. El presidente Powell ha repetido en sus últimas comparecencias que la política monetaria se mantendrá restrictiva hasta que la inflación converja de forma sostenible al 2%, pero casi nadie espera que ese nivel se alcance antes de mediados de 2027.
¿. En ciclos anteriores, períodos similares de restricción prolongada terminaron con crisis de deuda en economías emergentes o con correcciones bruscas en la renta variable. Aquí, el riesgo no es simplemente una recesión sino un aterrizaje demasiado brusco que obligue a la Fed a recortar de forma apresurada, justo cuando más débil esté la confianza empresarial.
Las minutas de la reunión de la Fed de junio, que se publicarán en julio, ofrecerán más pistas sobre la hoja de ruta. Mientras tanto, las pantallas de los operadores de bonos seguirán reflejando una curva invertida, señal de que el mercado ve nubarrones en el horizonte. La pregunta no es si la Fed moverá ficha, sino cuándo y, sobre todo, si llegará a tiempo.





