IA y energía en Europa: el auge de los centros de datos satura la red eléctrica

Inversiones récord, saturación en los hubs tradicionales y migración al norte y sur de Europa dibujan un nuevo mapa eléctrico. ¿Podrán las redes soportar la demanda de la inteligencia artificial sin sacrificar la seguridad energética?

La inteligencia artificial está tensando las costuras de la red eléctrica europea. En su último análisis, CNBC International documenta cómo la vorágine de inversiones en centros de datos —más de 61.000 millones de dólares en 2025— está saturando los hubs tradicionales y empujando a los operadores a buscar refugio en los extremos del continente.

La embestida de la demanda energética impulsada por la IA

Según el reportaje, la velocidad a la que el capital privado ha irrumpido en el sector de los centros de datos y la inteligencia artificial no tiene precedentes. Las estimaciones de la industria apuntan a que, para 2030, este segmento necesitará 6,7 billones de dólares en inversión; aproximadamente el 70% de esa demanda se destinará a cargas de trabajo relacionadas con IA. «No hablamos solo de IA —recuerdan desde CNBC— sino también de las aplicaciones que usamos a diario; el procesamiento de datos es el cerebro de nuestra civilización digital».

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Esta expansión implica duplicar el consumo eléctrico mundial de los centros de datos para 2030. En Europa, la saturación ya es palpable: un portavoz del sector relata en el vídeo cómo en Londres una conexión eléctrica que ya estaba confirmada se retrasó una década. Un contratiempo que dinamita la viabilidad de proyectos multimillonarios.

De Fráncfort a Laponia: la migración hacia los extremos

Los operadores se están desplazando. El canal subraya que Madrid, Helsinki y otras ciudades nórdicas concentran los nuevos desarrollos gracias a la energía renovable barata, el suelo disponible y las bajas temperaturas que reducen el gasto en refrigeración. Este traslado, sin embargo, no solo obedece a criterios técnicos. «Gran parte de la construcción de centros de datos es inversión extranjera directa: a medida que las multinacionales invierten en los países nórdicos su peso político también aumenta», sostiene el documental.

De hecho, la capacidad eléctrica de los centros de datos en los mercados secundarios crecerá casi el doble de rápido que en los saturados FLAP-D (Fráncfort, Londres, Ámsterdam, París, Dublín) de aquí a 2030. La península ibérica y Escandinavia se convierten así en los nuevos polos del boom digital.

Interconectores, colas de diez años y una nueva prioridad de acceso

Europa presume de la mayor red interconectada del planeta, con más de 400 cables de alta tensión transfronterizos. Pero esa malla se tambalea. En diciembre de 2025, la Comisión Europea presentó un paquete para agilizar los permisos de infraestructuras energéticas y cifró en 1,2 billones de euros la inversión necesaria hasta 2040. Las colas para conectarse a la red se estiran entre cinco y diez años en algunos puntos, detalla CNBC. En el Reino Unido, las solicitudes de conexión se dispararon un 460 % en solo seis meses, lo que ha llevado al gobierno a plantear un sistema que priorice los proyectos con mayor viabilidad económica, entre ellos los centros de datos.

El contraste es revelador: mientras el Reino Unido apuesta por la rentabilidad, Países Bajos debate dar prioridad a hospitales o escuelas, relegando a los grandes consumidores. Un episodio citado en el vídeo ocurrió en Suecia, donde la compañía eléctrica concedió la capacidad disponible a un enorme centro de datos, dejando sin suministro a una fábrica que pretendía ampliar sus instalaciones.

«Estamos prácticamente volviendo a la etapa en que se formaron las primeras redes nacionales: ante la imposibilidad de obtener una conexión en plazos razonables, se están creando redes privadas», resumen los expertos entrevistados en el reportaje de CNBC International.

— CNBC International

Microrredes, gas y baterías: la autosuficiencia como mal menor

La lentitud de las eléctricas está disparando el interés por las microrredes. El canal describe el caso de Pure Data Centre Group y AVK, que en 2026 pusieron en marcha en Dublín la primera microrred conectada a un centro de datos en Europa. «Teníamos conexión de gas, pero no pudimos lograr una conexión a la red general —explica uno de los responsables—; crear una microrred nos permitió seguir adelante». La instalación combina generación a gas, baterías y sistemas de reserva de hidrógeno para garantizar un suministro continuo.

Según los datos que maneja CNBC, la disposición de los operadores a considerar soluciones behind the meter se ha duplicado en los últimos 18 meses: si antes solo un 5-10 % se planteaba esta vía, ahora supera el 20 %. El problema, advierten los analistas, es que la autosuficiencia a pequeña escala suele apoyarse en turbinas de gas, lo que choca con los objetivos climáticos. «Si solo usas renovables, acabas construyendo una cantidad descomunal de paneles y baterías», subraya el reportaje, y añade que lograr la fiabilidad del 99,9999 % que exigen estos centros sigue siendo un reto técnico formidable.

Del calor residual a la dependencia geopolítica

La interacción entre centros de datos y comunidades también tiene una cara amable. En Dinamarca, el proyecto Odense de Meta recupera el calor sobrante para calefacción residencial; en Finlandia, Google cubrirá el 80 % de la demanda de calefacción urbana de la ciudad de Hamina. Y en los Países Bajos, Nebius —heredera de la rusa Yandex tras vender sus activos en el país— también recurre al district heating.

Pero esa simbiosis entraña riesgos. Tras la invasión de Ucrania, el centro de datos que abastecía de calor a la ciudad finlandesa de Mäntsälä tuvo que funcionar con gasóleo al perder el acceso a la electricidad, reduciendo drásticamente su aportación térmica. El incidente, recogido por el documental, revela una paradoja: la dependencia de infraestructuras digitales de propiedad extranjera convierte la calefacción local en un asunto de soberanía nacional. Nebius, que acaba de recibir una inversión de 2.000 millones de NVIDIA, planea construir un nuevo complejo de cómputo para IA a escasos kilómetros de la frontera rusa, mientras que el gigantesco centro de datos de Google en Finlandia se erige a apenas 40 km de esa misma línea divisoria.

¿Quién financia la modernización de la red?

La Comisión Europea contempla una inversión de 1,2 billones de euros hasta 2040, pero el debate sobre quién la costea está servido. «Tradicionalmente, la red eléctrica se ha considerado un bien público que debía financiarse con dinero público —apuntan en CNBC—, y ahora nos preguntamos si debemos destinar tanto capital a infraestructuras que utiliza un puñado de operadores». Mientras, grandes tecnológicas como Amazon y Microsoft sellan acuerdos de compra de energía a largo plazo con Repsol en España para blindar su suministro y dar viabilidad a nuevos proyectos eólicos y solares.

El sector de la electrificación se frota las manos. Firmas como ABB han visto dispararse sus pedidos: los centros de datos representaron el 30 % de sus órdenes en 2025, y la compañía espera que esa cuota alcance el 40 %. No solo los gigantes de la ingeniería se benefician: fondos de infraestructuras están entrando con fuerza para construir y operar microrredes independientes, desvinculando el suministro electrico de la titularidad del centro de datos.

El auge de la inteligencia artificial en Europa choca con un cuello de botella que la política energética aún no ha sabido resolver. Como ironiza el propio reportaje, uno de los campeones europeos de la soberanía digital resulta ser el antiguo campeón digital ruso. Y mientras las inversiones norteamericanas siguen dominando, la gran pregunta que planea sobre el continente es si será capaz de construir la infraestructura suficiente para que la IA «se fabrique en Europa» sin hipotecar su seguridad energética. El reloj corre y las nuevas macrogranjas de datos no se van a detener.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de CNBC International:


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