Kevin Warsh Fed: el Senado acelera su confirmación como presidente antes del viernes

La votación en el pleno podría producirse antes del viernes 15 de mayo. La Casa Blanca y los mercados esperan que el Senado confirme a Warsh para contener las presiones inflacionistas en un clima de urgencia política.

La confirmación de Kevin Warsh como nuevo presidente de la Reserva Federal podría producirse esta misma semana. El Senado ha pisado el acelerador en los últimos días para cerrar el proceso antes del viernes 15 de mayo, según las informaciones que maneja el diario El País. Sería un desenlace relámpago para una nominación que apenas suma tres semanas desde que la Casa Blanca la anunció.

El calendario se ha comprimido de forma notable. Originalmente, los líderes del Comité Bancario del Senado habían programado una vista para finales de mayo, pero la presión del presidente Trump y el repunte de la inflación en abril han empujado todo hacia delante. Algunos senadores republicanos ya anticipan que la votación en comité podría producirse incluso este mismo miércoles.

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El Senado pone el cronograma de Warsh en tiempo récord

El proceso de confirmación de un presidente de la Fed no suele ser rápido. De media, las últimas nominaciones han tardado entre seis y ocho semanas desde el anuncio hasta el voto en el pleno. Con Kevin Warsh, ese plazo se habría reducido a menos de un mes. La razón es doble. Por un lado, el deterioro de las expectativas de inflación —el IPC de abril repuntó hasta el 4,1% interanual— ha encendido todas las alarmas en la Casa Blanca. Por otro, la mayoría republicana en el Senado, con 54 escaños, hace viable un trámite expeditivo si la disciplina de partido aguanta.

Las audiencias previas han sido un mero formalismo. Warsh, que ya fue gobernador de la Fed entre 2006 y 2011, conoce bien el edificio de la Avenida Constitution. Los senadores demócratas han mostrado reticencias, pero sin capacidad real de bloqueo. “No es el candidato que habríamos elegido, pero el país necesita certidumbre”, admitió un miembro del comité bancario en declaraciones recogidas por El País.

Los mercados ya descuentan una Reserva Federal más dura con la inflación

Los futuros de los fondos federales han comenzado a reflejar una probabilidad creciente de que el primer recorte de tipos no llegue hasta bien entrado 2027. La noticia de la aceleración de la confirmación de Warsh reforzó esa tendencia el lunes. El rendimiento del bono del Tesoro a dos años, el más sensible a la política monetaria, subió siete puntos básicos en la sesión. Las bolsas, en cambio, se tomaron la novedad con más cautela.

El perfil de Warsh es conocido por los analistas. Durante su etapa en la Fed de Ben Bernanke, se alineó con el ala más preocupada por la inflación. Algunos lo recuerdan como hawkish. Su historial académico y sus trabajos posteriores en el Hoover Institution han consolidado esa imagen. La gran pregunta no es si subirá tipos —el mercado ya lo descuenta— sino hasta dónde estará dispuesto a llegar.

Los operadores de divisas también han movido ficha. El dólar se apreció frente al euro y al yen en la mañana del martes, ampliando el diferencial que ya arrastra desde que Trump regresó a la Casa Blanca con una agenda proteccionista. Para los países emergentes con deuda en dólares, la llegada de un halcón como Warsh no es, precisamente, un consuelo.

Warsh frente al espejo: ¿continuidad o ruptura con la era Powell?

Comparar a Kevin Warsh con Jerome Powell es un ejercicio obligado. Powell, que terminará su mandato con una reputación ambivalente, pilotó la Fed durante una pandemia, un ciclo de inflación desbocada y una crisis bancaria regional en 2023. Logró mantener la independencia formal de la institución, pero a costa de recibir presiones constantes de Donald Trump durante su primer mandato y ahora de nuevo en este segundo.

Warsh aterriza en un entorno aún más complicado. La inflación subyacente no termina de bajar del 3,5%, los aranceles han encarecido bienes intermedios y el mercado laboral sigue tensionado. La diferencia clave es que Warsh nunca ha tenido reparos en mostrarse partidario de ajustes monetarios bruscos. En un discurso de 2018, sugirió que la Reserva Federal debería estar dispuesta a provocar una recesión si fuera necesario para domar los precios. Aquella frase, entonces polémica, ahora suena casi como un programa de gobierno.

Desde esta redacción, creemos que la confirmación de Warsh introduce un factor de volatilidad que los mercados aún no han calibrado por completo. No se trata solo de cuánto suban los tipos, sino de la velocidad con que lo hagan. Warsh ha criticado en el pasado la excesiva dependencia de los modelos econométricos frente a la intuición de banquero central. Eso, unido a la presión constante desde la Casa Blanca para que la Fed actúe, podría traducirse en un ciclo de endurecimiento más agresivo de lo que hoy descuenta el consenso.

El riesgo es evidente: un error de calibración podría enfriar en exceso la economía justo cuando los efectos de la guerra comercial con China y la UE empiezan a notarse. La historia reciente ofrece pocos ejemplos de aterrizajes suaves con inflación por encima del 4% y tipos reales todavía negativos. Ahí reside la gran incógnita.

No será hasta el otoño, con dos o tres reuniones del FOMC a sus espaldas, cuando podamos evaluar si Warsh es el halcón que su biografía anuncia o si, como tantos otros, la realidad del cargo modula las convicciones previas. De momento, el Senado se prepara para votar. Los mercados, para reaccionar.


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