Los grandes bancos recurren cada vez más a perfiles externos para comandar sus áreas de inversión. Santander ha dado un paso en esa línea con el nombramiento de Carmen Alonso como nueva consejera delegada global de Santander Asset Management. La ejecutiva, procedente de la industria de gestión de activos, toma el relevo de Mariano Ricciardi, quien presentó su dimisión en las últimas semanas. La decisión confirma la apuesta del grupo por rejuvenecer el liderazgo de su división de fondos con una visión menos bancaria y más especializada.
Un fichaje con sello industrial
Alonso cuenta con más de 25 años de experiencia en firmas de gestión de patrimonios y fondos de inversión. Su trayectoria, según ha podido confirmar esta redacción, ha estado ligada a grandes gestoras internacionales, especializadas tanto en inversión institucional como en distribución minorista. El hecho de que Santander opte por un perfil ajeno a la banca tradicional subraya la voluntad de la entidad de reorientar su gestora hacia un modelo más autónomo y menos dependiente del canal sucursal. En un sector donde los márgenes se estrechan, la innovación de producto y la captación de clientes externos se han convertido en prioridades incuestionables.
La dimisión de Ricciardi, que ocupaba el cargo desde 2021, había generado cierta incertidumbre entre los inversores institucionales. Ahora, con Alonso al frente —se espera que se incorpore en las próximas semanas—, la gestora intenta proyectar estabilidad y ambición. No es la primera vez que un gran banco español ficha a un ejecutivo externo para su división de fondos; la competencia por el talento en este segmento es feroz y refleja la presión por actualizar las gestoras bancarias ante el avance de las plataformas digitales y los fondos pasivos.
Santander refuerza su gestora en plena consolidación del sector
Santander Asset Management gestiona cerca de 200.000 millones de euros en activos, según la propia entidad. La gestora, con presencia en diez países europeos y latinoamericanos, es una pieza clave dentro del grupo, aunque su contribución al beneficio ha oscilado en los últimos ejercicios debido a la presión sobre las comisiones de gestión y la volatilidad de los mercados financieros. En 2025, cerró con salidas netas en algunos de sus fondos estrella, lo que ya había encendido las alarmas en la cúpula del banco.
El nombramiento de Alonso se produce, además, en un momento de transformación regulatoria: las nuevas exigencias de la Unión Europea sobre divulgación ESG obligan a las gestoras a reclasificar productos y a revisar sus carteras. La adaptación a esas reglas exigirá una inversión tecnológica y de recursos humanos que la nueva CEO deberá liderar desde el primer día. En paralelo, la integración con las redes comerciales de Santander —más de 4.000 oficinas en España y miles más en otros mercados— se presenta como el primer gran examen para demostrar que la gestora puede combinar cercanía con sofisticación.
Análisis: ¿qué necesita la gestora tras el cambio de liderazgo?
Creo que la designación de Carmen Alonso es un movimiento calculado y que va más allá de un simple relevo generacional. Santander apuesta por acelerar la metamorfosis de su gestora hacia un modelo más competitivo y menos inercial. La trayectoria de Alonso en entidades puramente de inversión sugiere que podrían priorizarse las gamas temáticas, los fondos cotizados (ETF) y los activos alternativos, segmentos donde la gestora ha tenido una presencia testimonial hasta ahora.
Sin embargo, la transición no está exenta de riesgos. Las gestoras vinculadas a bancos suelen arrastrar estructuras de distribución rígidas y clientelas cautivas muy sensibles a la marca. Alonso necesitará conjugar la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos con la preservación de la base actual de partícipes minoristas, que representan el grueso del patrimonio. La incertidumbre regulatoria en materia de sostenibilidad añade otra capa de complejidad: cualquier desajuste en los criterios medioambientales podría provocar reembolsos masivos en fondos que se comercializan como artículos 8 o 9 del reglamento SFDR.
En mi opinión, el verdadero reto será demostrar que la gestora puede crecer sin diluir la solidez que le otorga el respaldo de Santander. Si Alonso logra implantar una cultura de rendimiento y servicio más cercana a la de una gestora independiente, el grupo podría estar ante uno de los fichajes más estratégicos del año. La gran incógnita, no obstante, es si los ritmos y las inercias de un banco sistémico permitirán esa velocidad de ejecución. El tiempo de las grandes gestoras bancarias no suele ser el mismo que el de sus competidoras independientes, y ahí es donde la nueva CEO tendrá que demostrar si su mentalidad industrial marca realmente la diferencia. El desenlace de esta apuesta lo dictarán los resultados comerciales a partir del segundo semestre.





