Guillermo Maravé, asesor contable: “No existe ninguna ley que permita facturar sin ser autónomo por debajo del salario mínimo”

El asesor fiscal Guillermo Maravé desmonta uno de los mayores mitos entre autónomos: no existe ninguna ley que permita facturar por debajo del salario mínimo sin alta. Advierte además sobre regularizaciones, sanciones y errores fiscales que muchos pagan demasiado tarde.

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Emprender en nuestro país tiene trampas invisibles. Una de las más extendidas es la creencia de que trabajar por cuenta propia sin darse de alta como autónomo es legal siempre que los ingresos no superen el salario mínimo interprofesional. Guillermo Maravé, asesor fiscal, asegura que «no existe ninguna ley que permita facturar sin ser autónomo por debajo del salario mínimo». Lo que sí existe, dice, es una confusión muy cara que muchos descubren demasiado tarde.

Maravé lleva más de una década siendo la primera cara que ven los clientes de la asesoría familiar donde trabaja, resolviendo dudas de autónomos y empresas en Castellón. Desde esa trinchera cotidiana, conoce bien los mitos que circulan en redes y los errores que acaban costando miles de euros.

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El mito del salario mínimo y el riesgo que nadie calcula

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La Seguridad Social obliga a darse de alta como autónomo cuando la actividad es recurrente, es decir, cuando se ejerce de forma continuada, aunque no sea todos los días. El problema es que esa obligación convive con un rumor muy persistente: que por debajo del salario mínimo interprofesional nadie puede exigirte nada. «No hay nada escrito que diga eso», aclara Maravé. «Si te pillan trabajando de forma recurrente, Seguridad Social puede regularizarte todas las cuotas», agrega.

El riesgo no es solo teórico. El asesor explica que en el último mes su despacho empezó a recibir cartas de regularización correspondientes al ejercicio 2024, las primeras que llegan tras la reforma de cotizaciones de 2023. Algunos clientes descubrieron que habían pagado de menos. Otros, que debían abonar de golpe meses de diferencia. «Muchos autónomos recibieron cartas para pagar de golpe más de 200 euros por mes», señala, y añade que en varios casos el importe no era aplazable.

Lo que agrava la situación es que quien trabaja sin estar dado de alta pierde además todos los beneficios disponibles al inicio de la actividad. La tarifa plana actual es de 88 euros al mes durante el primer año, cifra que algunas comunidades autónomas complementan con la llamada cuota cero: una subvención que devuelve todo lo pagado en ese período. «La cuota cero puede devolverte todo lo pagado como autónomo durante el primer año», resume Maravé, que lamenta que muy pocos emprendedores conozcan este mecanismo antes de tomar decisiones equivocadas.

También existe la posibilidad de compatibilizar el alta como autónomo con el cobro del desempleo durante nueve meses, o capitalizar el paro de una sola vez para invertirlo en el negocio. Opciones, todas ellas, que desaparecen si la persona ha estado trabajando en la economía informal.

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Fuente: agencias

Más allá de las cuotas, Maravé repasa otros errores frecuentes. Uno reciente afecta a negocios con sistemas de facturación: la normativa Verifactu obliga a adaptar los programas contables a nuevos requisitos técnicos. El impacto en algunos establecimientos pequeños fue desproporcionado. «Un restaurante gastó 1.500 euros en adaptar una caja registradora que hoy no sirve para nada», recuerda con evidente fastidio, como ejemplo de cómo una normativa mal aplicada puede castigar a quien intenta cumplir.

Otro error habitual es constituir una sociedad limitada antes de tiempo. Maravé insiste en que montar una SL tiene sentido cuando el beneficio neto anual supera los 70.000 euros, y no antes. Por debajo de esa cifra, el autónomo tributa de forma más ventajosa, especialmente en los dos primeros años de actividad, cuando puede aplicar una bonificación del 20% sobre el IRPF. Hay gente que monta una SL creyendo que su negocio es la NASA», dice, y -agrega- que esa decisión implica llevar contabilidad completa, separar cuentas con rigor y asumir costes de gestión innecesarios en etapas tempranas.

Hacienda, por su parte, no admite zonas grises: obliga a darse de alta desde el primer euro ingresado, aunque la actividad sea puntual. Lo que cambia según la frecuencia es la obligación con la Seguridad Social, pero ambas instituciones tienen sus propias reglas y sus propios plazos.


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