Ramón Rodríguez Verdejo creció jugando en las calles de San Fernando, llegó al Sevilla con dieciocho años y pasó tres décadas construyendo uno de los modelos de dirección deportiva más imitados del fútbol europeo. Hoy, este ex futbolista, preside el club que lleva el nombre de su ciudad natal, al que rescató de la desaparición y con el que acaba de lograr su primer ascenso.
«Ser profesional diez años en el Sevilla fue un premio para un niño que jugaba en la calle», dice sin un gramo de afectación. Lo que vino después, once títulos, futbolistas vendidos por decenas de millones, dos clubes europeos de primer nivel y una manera de entender el mercado que cambió el oficio, tampoco estaba escrito en ningún guion.
Un modelo que revolucionó cómo se ficha a futbolistas

Cuando Rodríguez Verdejo asumió la dirección deportiva del Sevilla con treinta y un años, el cargo apenas tenía nombre propio. Se llamaba secretario técnico y funcionaba sobre el informe subjetivo del scout de turno. Lo que él construyó fue otra cosa: una estructura piramidal con entre doce y quince personas analizando futbolistas de forma continua, primero con datos cualitativos, luego con métricas objetivas y finalmente con herramientas de inteligencia artificial.
El proceso que describe tiene la claridad de quien lo ha repetido miles de veces. El entrenador define el perfil que necesita, no el nombre, sino las características: altura, juego con ambos pies, rendimiento aéreo. La dirección deportiva filtra la base de datos, reduce el universo de futbolistas a una lista corta y presenta opciones. La decisión final, en todo caso, siempre pasa por quien tiene que entrenarlos. «El Sevilla llegó a ser dos años consecutivos el mejor equipo del mundo», recuerda, y matiza que ese éxito fue colectivo, que la marea del club arrastró hacia arriba a todos los que estaban implicados en el día a día.
Lo que sostuvo ese modelo durante casi dos décadas fue una lógica financiera muy concreta. «Nuestro modelo era fichar barato, ganar títulos y vender futbolistas más caros», resume. Futbolistas semidesconocidos, con precio razonable, que se revalorizaban gracias al rendimiento y los títulos para luego ser traspasados a clubes más grandes. Las plusvalías generadas permitían reinvertir y seguir creciendo. Entre 2005 y 2022, el Sevilla acumuló ocho títulos europeos y cuatro nacionales. La fórmula funcionó.
Hoy ese mismo criterio lo aplica en otra escala. El San Fernando tiene una dirección deportiva propia que cubre partidos en las categorías más modestas del fútbol andaluz, porque los futbolistas que necesitan están ahí y porque, tal y como advierte Rodríguez Verdejo, «hoy cualquier partido puede tener un ojeador tomando notas».
Un regreso que costó más de lo previsto
La historia del San Fernando Club Deportivo tiene un episodio que todavía duele. El club desapareció después de que el grupo inversor propietario tomara una decisión que Rodríguez Verdejo califica de extraña, sin más precisión, porque reconoce que no tiene todos los elementos para juzgarla. Lo que sí tiene claro es que «el San Fernando merece competir en una división mucho más alta» y que la solución de crear un club nuevo desde cero fue la menos mala de las disponibles.
Él llevaba tiempo ofreciéndose a los anteriores dirigentes, viendo desde dentro cómo la situación pasaba de mala a muy mala. Nadie le informó de nada en concreto: fue él quien fue sumando información hasta entender la magnitud del problema. Cuando el club desapareció, tomó una decisión que le costó dinero real. «Renuncié a muchísimo dinero para meterme en un proyecto donde me encuentro a gusto», dice, en referencia a los dos años de contrato que le quedaban en el Aston Villa y a los que renunció voluntariamente.
El primer año del nuevo club terminó con ascenso. Los números lo hicieron parecer sencillo, pero él corrige esa lectura de inmediato: el trabajo detrás fue intenso, los momentos difíciles existieron, y la categoría en la que compiten tiene sus propias trampas. Con casi 5.200 abonados, una cifra sin precedentes en la historia del club y absurda para la división en la que militan, la marca ha crecido más deprisa que los resultados. El objetivo ahora es que ambas cosas se alineen cuanto antes.
Rodríguez Verdejo gestiona hoy patrocinios, eventos, comunicación y presupuesto, todo aquello que en sus etapas anteriores hacían otros. Lo está aprendiendo sobre la marcha y lo admite sin incomodidad. Lo que no ha cambiado es la convicción de que identificar futbolistas con potencial antes que nadie sigue siendo la ventaja más duradera en este negocio.






