Los inversores y empresas estadounidenses podrían estar a punto de perder uno de los pilares de la transparencia financiera. Esta semana, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) presentó una propuesta que permitiría a las compañías presentar informes de resultados solo dos veces al año, en lugar de cada trimestre. El actual presidente de la SEC, Paul Atkins, defendió la medida como una forma de ‘proporcionar a las empresas una mayor flexibilidad regulatoria’. Sin embargo, la reacción no se ha hecho esperar, y una de las voces más autorizadas, la del ex presidente del regulador Gary Gensler, ha encendido las alarmas sobre los posibles efectos secundarios de este cambio.
Una flexibilidad que inquieta a los inversores
Durante una entrevista en Bloomberg Television, Gensler fue tajante al calificar la propuesta como ‘una solución en busca de un problema’. No se trata solo de una cuestión de papeleo. El ex responsable del supervisor bursátil recordó que la periodicidad trimestral ha sido una constante durante décadas y que, en su opinión, es uno de los motores que han hecho de los mercados de capitales estadounidenses un referente mundial. Según Gensler, la información trimestral es más oportuna y permite a los inversores tomar decisiones con datos actualizados, lo que reduce la incertidumbre y, en última instancia, abarata el coste del capital para las empresas.
El argumento de los críticos, que el propio Gensler suscribe, es que diluir la frecuencia de los informes contables no solo reduce la transparencia, sino que puede crear un caldo de cultivo para el uso de información privilegiada. Con lapsos de seis meses sin datos oficiales, el margen para que los insiders operen con ventaja se ampliaría considerablemente.
Más transparencia, mejores valoraciones
Gensler recurrió a la evidencia académica para reforzar su postura. Numerosos estudios económicos, explicó, demuestran que una mayor transparencia se traduce en ratios precio-beneficio ligeramente más elevados y en un coste de capital más bajo, porque la base inversora confía más en lo que está ocurriendo dentro de las compañías. ‘Hemos estado haciendo esto durante muchísimo tiempo, y creo que es parte de la razón por la que nuestros mercados son tan buenos’, señaló el ahora profesor del MIT durante la entrevista.
¿Quién está detrás del cambio?
La gran pregunta que planeó sobre la conversación fue quién impulsa realmente esta iniciativa, más allá de la retórica oficial sobre la flexibilidad. Gensler recordó que no es la primera vez que la Casa Blanca coquetea con la idea. Durante el primer mandato de Donald Trump, el entonces presidente de la SEC, Jay Clayton, organizó mesas redondas y publicó un documento conceptual sobre la posibilidad de eliminar la obligatoriedad de los informes trimestrales. Sin embargo, aquella iniciativa nunca llegó a materializarse. Ahora, con Paul Atkins al frente del regulador y el respaldo del expresidente, la propuesta vuelve al tablero con más fuerza.
‘Creo que la transparencia es realmente importante en nuestros mercados de capitales; pasar a informes semestrales es una solución en busca de un problema’.
— Gary Gensler, ex presidente de la SEC
Para Gensler, el verdadero motor del cambio podría estar en las presiones del mundo corporativo. Algunos CEOs llevan años quejándose de que la obsesión por los resultados trimestrales les obliga a sacrificar la estrategia a largo plazo en favor del cortoplacismo. Pero el ex regulador no compra del todo ese argumento y sugiere que, en realidad, los beneficios de la información frecuente superan con creces esa supuesta carga administrativa.
El riesgo de asimetría informativa
Más allá del debate académico, el temor más inmediato es que la reducción de la frecuencia de reporte abra una ventana de seis meses durante la cual los directivos y los grandes accionistas dispongan de información que el resto del mercado no conoce. ‘Los críticos dicen que una menor frecuencia de informes podría poner en peligro la lucha contra el uso de información privilegiada’, contextualizó el presentador de Bloomberg al introducir el tema. Y Gensler no hizo nada por rebajar esa preocupación.
En un entorno donde la confianza del inversor minorista ya se ha visto sacudida por episodios recientes de opacidad corporativa, la medida podría interpretarse como un paso atrás. De hecho, la propia SEC ha sido históricamente el guardián de la divulgación obligatoria, y esta propuesta choca frontalmente con ese mandato fundacional.
El factor político
No se puede ignorar el componente político de la propuesta. La administración Trump ha hecho bandera de la desregulación, y colocar a un aliado como Paul Atkins al frente de la SEC encaja con ese programa. Sin embargo, la experiencia de 2018 demuestra que incluso dentro del partido republicano hubo reticencias a tocar un pilar del sistema financiero. Entonces, como ahora, los inversores institucionales y los analistas presionaron para mantener la frecuencia trimestral, conscientes de que menos información equivale a más riesgo.
El propio Gensler, que ha sido tanto regulador como académico, dejó entrever que la propuesta actual podría correr la misma suerte que su predecesora si la oposición de los grandes fondos y de los defensores de la transparencia se organiza con eficacia.
Una transparencia que no admite atajos
El debate sobre la periodicidad de los informes financieros es, en el fondo, un debate sobre la calidad de nuestra democracia accionarial. Menos datos oficiales no solo alimentan la especulación, sino que debilitan el propio mecanismo de rendición de cuentas. Gensler lo resumió con meridiana claridad: la información trimestral es un bien público que beneficia a todos los participantes del mercado, no un estorbo burocrático.
Mientras la SEC evalúa los comentarios a su propuesta, conviene recordar que la transparencia no es un lujo ni una concesión graciable; es el pegamento que mantiene unidos a los mercados. La pregunta que queda en el aire es si merece la pena renunciar a décadas de avance en divulgación financiera a cambio de una flexibilidad cuyos beneficios están, como mínimo, por demostrar.
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