¿Por qué las grandes petroleras como BP, TotalEnergies, Shell y Equinor se están refugiando en el shale americano?

Lejos de ser una tendencia pasajera, los analistas sostienen que marcará el rumbo sector en los próximos años. El atractivo del shale se basa en los costes bajos y en la flexibilidad de la producción.

BP, TotalEnergies, Shell y Equinor son unas de tantas petroleras que están apostando por el crudo no convencional (shale) de Estados Unidos. Un movimiento estratégico en el que las empresas están buscando un sistema más estable frente a la incertidumbre de Oriente Próximo, sumado a que el shale americano se caracteriza por ser más flexible y por lo tanto, competitivo respecto a otros negocios de crudo internacionales.

BP, TotalEnergies, Shell y Equinor apuestan por Estados Unidos debido a su rentabilidad

En este sentido, la última nota de BloombergNEF apunta a que este giro estratégico no es aislado ni coyuntural. Estados Unidos se ha consolidado en los últimos años como el mercado upstream más atractivo del mundo, impulsado por la abundancia de recursos no convencionales y un entorno regulatorio estable.

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Entre 2020 y 2025, el país ha añadido alrededor de 2 millones de barriles equivalentes diarios, una cifra que refleja tanto la resiliencia como la capacidad de expansión del sector. En un contexto global marcado por la reducción de oportunidades y el aumento del riesgo geopolítico, las grandes petroleras han intensificado su exposición al mercado estadounidense como una forma de proteger su rentabilidad futura.

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Barril de petróleo. Fuente: Merca2

Uno de los principales factores que explican esta tendencia es la competitividad económica del shale. En regiones como la cuenca de Permian (Texas), los costes de equilibrio se sitúan por debajo de los 35 dólares por barril, lo que permite generar beneficios incluso en escenarios de precios moderados. Esta ventaja resulta especialmente relevante frente a proyectos internacionales más complejos, como el offshore profundo o los desarrollos en regiones políticamente inestables, donde los costes y los plazos son significativamente mayores. Además, la existencia de infraestructuras consolidadas como oleoductos, plantas de procesamiento y capacidad de exportación refuerza aún más la rentabilidad del shale estadounidense.

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A esta competitividad se suma un elemento diferencial clave: la flexibilidad. En este sentido, el informe apunta a que a diferencia de los grandes proyectos convencionales, que pueden tardar entre cinco y diez años en entrar en producción, los desarrollos de shale permiten ajustar la inversión y la producción en cuestión de meses.

Esta capacidad de respuesta rápida ante cambios en los precios del petróleo convierte al crudo no convencional en una herramienta estratégica para gestionar la volatilidad del mercado, algo especialmente útil en tiempos de incertidumbre como es el caso de la volatilidad de Irán. Esto se traduce para las compañías en un mayor control sobre el capital y el flujo de caja, algo especialmente valioso en un entorno energético cada vez más incierto.

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Bandera de Irán con petróleo. Fuente: Merca2

Las grandes petroleras europeas, como BP, TotalEnergies, Shell y Equinor, están adoptando enfoques diferenciados dentro de esta estrategia común. BP, por ejemplo, ha reforzado su presencia en el shale a través de su filial en Estados Unidos, con planes de aumentar significativamente su producción en la próxima década. TotalEnergies, por su parte, ha optado por integrar su exposición al shale con una fuerte apuesta por el gas natural licuado, consolidando su posición en la cadena de valor energética. Equinor busca que una parte creciente de sus beneficios internacionales provenga de activos estadounidenses, considerados entre los más rentables de su cartera.

Por otro lado, Shell se encuentra en una situación paradójica, ya que a pesar de contar con una posición destacada en el offshore del Golfo de América, su producción global enfrenta una tendencia a la baja. Según sostiene el análisis de Bloomberg, este escenario podría obligar a la compañía a reforzar su presencia en el shale o a buscar oportunidades a través de adquisiciones. En conjunto, estas estrategias reflejan un patrón común: no se trata simplemente de aumentar la exposición, sino de optimizar las carteras, priorizando activos de alta calidad, bajo coste y larga vida útil.

En definitiva, la apuesta por el shale estadounidense responde a una lógica clara: maximizar la rentabilidad en un entorno de incertidumbre global. Con su combinación de costes bajos, flexibilidad operativa y estabilidad regulatoria, el shale se ha convertido en un pilar fundamental de la estrategia de las grandes petroleras.


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