Adolfo García-Sastre (61), virólogo: “El hantavirus podría mutar y hacerse más transmisible entre personas”

Con ocho casos confirmados y tres muertos en el crucero MV Hondius, el virólogo Adolfo García-Sastre alerta sobre el hantavirus Andes: un patógeno raro, letal y con potencial de mutar hacia una transmisión más eficiente entre humanos.

La reciente alarma sanitaria en España, provocada por un brote de hantavirus en el crucero MV Hondius procedente de Argentina, ha puesto bajo el foco una enfermedad que, aunque antigua, sigue rodeada de incógnitas. Con ocho casos confirmados y tres fallecidos, la preocupación por la letalidad de este patógeno ha escalado rápidamente entre la opinión pública y las autoridades de salud.

El reconocido virólogo Adolfo García-Sastre, director del Global Health and Emerging Pathogens Institute en el Mount Sinai de Nueva York, advierte sobre la naturaleza adaptativa de estos microorganismos. Según explica el experto, aunque el riesgo actual es limitado, “el virus podría mutar y hacerse más transmisible entre personas”, una posibilidad que obliga a mantener una vigilancia genómica constante.

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Hantavirus: Un virus de roedores que rara vez cruza la barrera humana

Hantavirus: Un virus de roedores que rara vez cruza la barrera humana
Fuente: agencias

El hantavirus no es nuevo. García-Sastre explica que los virólogos llevan décadas clasificándolo en dos grandes grupos: los del Viejo Mundo, presentes en Asia y Europa, que causan un síndrome renal grave, y los del Nuevo Mundo, como el virus Sin Nombre en Estados Unidos o el virus Andes en Argentina y Chile, que derivan en síndrome pulmonar. Este último es el que afecta a los pasajeros del crucero.

La forma habitual de contagio no implica contacto entre personas. «La mayoría de infecciones ocurre por inhalar heces contaminadas de roedores», señala el virólogo. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando alguien abre una casa de campo tras el invierno y barre sin precaución: los aerosoles generados al limpiar los excrementos de ratones pueden transportar el virus hasta las vías respiratorias. Un mecanismo de transmisión silencioso, asociado a entornos rurales y completamente ajeno a la imagen de un crucero atlántico.

El caso de los pasajeros encaja, sin embargo, con esa lógica. Todo apunta a que la pareja que inició el brote se infectó durante un viaje previo por Argentina, antes de embarcar, y que los síntomas aparecieron ya en alta mar, entre una y dos semanas después de la exposición. Lo que ocurrió a continuación —si el virus saltó de esas personas a otras a bordo— convierte al virus Andes en protagonista por una razón muy concreta: es el único hantavirus del que existe evidencia documentada de transmisión entre humanos, aunque esa transmisión sea poco eficiente y requiera contacto estrecho y sostenido.

La mutación que preocupa a la comunidad científica

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La pregunta que planea sobre este brote no es si el virus Andes puede matar —ya lo está haciendo— sino si podría volverse más peligroso. «El virus podría mutar y hacerse más transmisible entre personas», advierte García-Sastre, aunque matiza de inmediato que no existe evidencia de que eso haya ocurrido. La secuencia completa del virus aislado en los afectados es la pieza que falta para despejar esa incógnita.

Lo que sí tranquiliza al virólogo es la propia historia del patógeno. Estos virus llevan mucho tiempo circulando y, hasta ahora, nunca han encontrado la manera de propagarse eficazmente entre humanos. Si tuvieran esa capacidad, los brotes no se detendrían por sí solos como lo han hecho históricamente. En un entorno cerrado como un crucero —donde el norvirus, o el SARS-CoV-2 en su momento, se extendieron con rapidez— un hantavirus con transmisión aérea eficiente habría dado lugar a un escenario muy diferente al que se está observando.

El cuadro clínico que sigue a la infección comienza de forma engañosamente común: fiebre, malestar general, alteraciones gastrointestinales. Pero en los casos graves evoluciona con rapidez hacia una neumonía que puede ser mortal. «El síndrome pulmonar por hantavirus puede derivar rápidamente en una neumonía letal», confirma García-Sastre. No existe tratamiento específico contra el virus. El abordaje es paliativo, similar al que se aplica con otros virus hemorrágicos graves: sostener al paciente mientras su sistema inmune libra la batalla.

Las autoridades sanitarias españolas seguirán un protocolo conocido. Los pasajeros asintomáticos permanecerán en cuarentena durante el período de incubación, y quienes presenten síntomas serán atendidos en unidades de aislamiento hospitalario con las precauciones propias de agentes de alta consecuencia. España ya tiene experiencia en ello, desde los casos de ébola gestionados hace una década.


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