Los riders de Uber Eats y Glovo insisten en no subir escaleras y abandonar pedidos en los portales

Los riders de Glovo y Uber Eats se niegan a realizar algunas tareas por los problemas en el modelo de contratación.

Para muchos usuarios de aplicaciones como Uber Eats, Glovo y Just Eat, esperar en el sofá a que el repartidor suba la escalera o el ascensor se ha vuelto parte normal de su rutina. Pero este punto es uno de los tantos que ha cambiado en los últimos años, con los riders negándose cada vez más a subir a los pisos donde se encuentran los usuarios. Junto a la disponibilidad en horas de la noche y la velocidad de las entregas, son retos que las empresas no han podido resolver desde el inicio de los procesos de contratación.

Es cierto que es un problema que solo afecta a Uber Eats y Glovo. Just Eat tiene años operando con riders contratados, por lo que ya está adaptada para cubrir este tipo de necesidades o, en el peor de los casos, avisar al usuario de que la aplicación no está disponible en algún horario puntual. Al mismo tiempo, es cierto que a los riders subir escaleras o atravesar trayectos de más de 30 minutos no les parece rentable, y menos con el nuevo modelo, por el tiempo que dura el servicio y por el desgaste tanto físico como de sus vehículos que puede generar.

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Segunda conversación de un rider y un usuario
Conversación de un rider de Glovo y un usuario

En el caso de las subidas en el ascensor, la situación se ha traducido además en discusiones complicadas con los usuarios, sea a través de las aplicaciones o incluso en persona. Merca2 ha tenido acceso a algunas, y las reacciones van desde las críticas al servicio hasta comentarios racistas y xenófobos contra los repartidores. Es un problema claro para la aplicación, y uno que no tiene solución con el convenio que están usando las empresas de reparto como base para sus contratos. Diseñado en 2006, antes de la llegada de las apps, el texto está pensado para las empresas de mensajería o trabajadores de correos, todos en una situación muy diferente a la de los trabajadores de las plataformas.

Conversación de un rider de Glovo y un usuario.
Conversación de un rider de Glovo y un usuario.

El problema para la app es que los usuarios están acostumbrados a cómo funcionaba el servicio en el pasado. También es cierto que hay algunos que defienden que, a pesar de no tener la obligación según su contrato, es mejor subir a los edificios o realizar los viajes largos para evitar que las aplicaciones cierren. Se suma, por supuesto, que en el caso de Glovo hay varios repartidores y sindicatos asegurando que hay despidos debido a la acumulación de pedidos reasignados o quejas de los usuarios, por lo que no hay opciones reales para algunos de los trabajadores si quieren evitar el despido.

UN CAMBIO NECESARIO POR MOTIVOS LEGALES QUE HA EMPEORADO EL SERVICIO

Lo cierto es que el cambio de Glovo ha empeorado abiertamente el servicio de la plataforma, y es un riesgo que ahora enfrenta Uber Eats. Para los usuarios se ha hecho evidente que los pedidos tardan más en entregarse o que hay horarios en los que hay menos repartidores disponibles y, por lo tanto, en ocasiones no es viable realizar un pedido. El propio unicornio español asumió esta realidad en el anuncio de su ERE en las zonas menos pobladas, donde aseguran que el modelo de contratación directa no es viable.

Lo cierto es que la mayoría de los riders han señalado que sus propias condiciones no han mejorado con el cambio de modelo a la contratación. La realidad es que el proceso ha sido complicado y, de momento, el sindicato mayoritario de los repartidores de Glovo, CCOO, no ha conseguido una negociación que cambie realmente las condiciones de trabajo o frene los despidos. Es una situación que no solo afecta a la calidad del servicio, sino a la calidad de vida de los propios repartidores.

UN CONVENIO GENERAL MÁS ALLÁ DE GLOVO

Lo cierto es que para los sindicatos, e incluso para parte de los directivos de estas empresas en España, la solución a estas situaciones pasa por actualizar el convenio general del sector. El actual, sobre el que están construidos los contratos de Glovo, no está pensado para la realidad de este sector en la actualidad y no cumple ni con las necesidades de las empresas ni con las de los repartidores. Es un cambio clave para todo el sector que desde los sindicatos se considera urgente.

En cualquier caso, sigue habiendo retos claros para Glovo y Uber Eats, como lo demuestra la deuda de 110 millones de euros de la segunda por las sanciones de Hacienda. Por ahora habrá que ver si el sector sobrevive a esta tormenta o si directamente se demuestra que no es viable la existencia de estas plataformas con el modelo de contratación directa.


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