Bitwise CEO declara muerto el ciclo cripto de 4 años

Las declaraciones de Hunter Horsley reavivan el debate sobre la madurez del mercado. La entrada de grandes inversores institucionales ha cambiado las reglas del juego, pero los escépticos recuerdan que la historia no se borra de un plumazo.

El CEO de Bitwise, Hunter Horsley, ha lanzado una afirmación que está generando más debate que un desplome de bitcoin en domingo. En una entrevista recogida por CoinDesk, Horsley sentenció que el tradicional ciclo de cuatro años que ha gobernado el mercado cripto está muerto. Su razonamiento: la llegada masiva de inversores institucionales ha cambiado para siempre las reglas del juego. La pregunta es inevitable: ¿se ha roto de verdad el reloj que marcaba cada auge y cada invierno?

Desde 2009, el precio de Bitcoin y del resto del ecosistema ha seguido un patrón casi litúrgico. Cada cuatro años, coincidiendo con el halving (la reducción a la mitad de las recompensas que reciben los mineros por validar transacciones), el mercado ha vivido un frenesí alcista seguido por un prolongado mercado bajista. Ocurrió en 2013, en 2017 y en 2021. La repetición era tan fiable que muchos operadores estructuraban sus estrategias alrededor de esa cadencia. El halving era el metrónomo.

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Sin embargo, el último halving, que tuvo lugar en abril de 2024, no trajo la explosión inmediata que muchos esperaban. Bitcoin tardó meses en superar su máximo histórico anterior, y cuando lo hizo, fue impulsado en buena medida por los flujos récord hacia los fondos cotizados (ETF) al contado aprobados en Estados Unidos a principios de ese mismo año. Grandes gestoras como BlackRock y Fidelity entraron en escena, atrayendo miles de millones de dólares de capital que antes se mantenían al margen.

El cambio cualitativo es enorme. Mientras que en anteriores ciclos el grueso de la demanda venía de inversores minoristas, ahora son los gestores de fondos, los asesores financieros y las tesorerías corporativas quienes manejan el timón. Y estos actores, por su propia naturaleza, no operan como un tuit de Elon Musk. Compran y mantienen, diversifican y rebalancean. Esa actitud introduce una estabilidad que, según Horsley, diluye la pulsión adrenalínica del ciclo clásico.

Además, la infraestructura del mercado ha madurado. Los contratos de derivados ofrecen coberturas más sofisticadas, los exchanges tienen controles de apalancamiento más estrictos y la liquidez se ha fragmentado en cientos de protocolos DeFi. Todo ello suaviza los picos y los valles. “El ciclo de cuatro años es un vestigio de una era dominada por el minorista”, afirmó Horsley en sus declaraciones a CoinDesk.

Qué ha dicho exactamente el CEO de Bitwise

Horsley, que dirige una de las gestoras de activos digitales más relevantes del momento, con varios ETFs de cripto cotizando en mercados importantes, no se ha limitado a lanzar un titular. Ha argumentado que la correlación con los activos de riesgo tradicionales está aumentando. En otras palabras, el comportamiento de Bitcoin se parece cada día más al de las acciones tecnológicas del Nasdaq, y menos a un activo alternativo desconectado de la macroeconomía.

Para Horsley, este acoplamiento es una consecuencia directa de la presencia institucional. Los grandes inversores tratan a Bitcoin como oro digital, pero también como un componente más de una cartera diversificada. Cuando realizan asignaciones, no persiguen rentabilidades del 10.000% en un año. Aspiran a un rendimiento ajustado al riesgo a largo plazo. Y eso cambia completamente la dinámica de oferta y demanda.

El CEO de Bitwise apoya su tesis en la evolución de los flujos de capital desde 2024. Según sus cálculos, los fondos cotizados de bitcoin al contado en Estados Unidos han acumulado decenas de miles de millones de dólares en entradas netas, una cifra muy superior a lo que cualquier ciclo anterior podía soñar. Ese colchón de compradores pasivos, sumado al hecho de que el actual halving redujo la emisión de nuevos bitcoins en apenas 3,125 BTC por bloque (una nimiedad comparada con los 25 BTC que desaparecieron en el halving de 2012), diluye el clásico shock de oferta.

Otra pata de su argumento es la naturaleza de los tenedores actuales. Plataformas como Strategy (antes MicroStrategy) o gobiernos soberanos con reservas en bitcoin acumulan monedas sin intención de vender en el corto plazo. Eso retira una cantidad significativa de liquidez circulante y reduce las presiones bajistas que antes generaba la recogida de beneficios.

Por qué el ciclo de cuatro años podría estar acabándose

El argumento de Horsley se asienta en tres pilares: la llegada de los ETFs, la profesionalización del mercado y la dilución del impacto del halving. Pero hay algo más: los ciclos pasados estuvieron marcados por euforia minorista que luego se desinflaba abruptamente. Hoy, la participación minorista sigue existiendo, pero se ha visto desplazada en peso relativo.

Los datos de plataformas como CoinShares muestran que los productos institucionales captan ahora la mayor parte de los flujos en las subidas, mientras que las plataformas de intercambio tradicionales no experimentan los mismos picos de nuevos usuarios que en 2017. El inversor medio que entra hoy lo hace a través de su asesor financiero, no descargando una app en su móvil por un anuncio en redes.

También es cierto que la maduración de los derivados permite coberturas más eficaces. Antes, la única forma de apostar a la baja era vender; ahora se pueden tomar posiciones cortas sin necesidad de liquidar el activo. Eso suaviza las caídas. La volatilidad se ha moderado, aunque no ha desaparecido.

Bitwise CEO

Por otro lado, el vínculo con la política monetaria global es más estrecho que nunca. Las decisiones de la Reserva Federal y el Banco Central Europeo mueven el precio de Bitcoin con tanta fuerza como lo hacía antes un rumor regulatorio. Este anclaje a la macroeconomía aleja a bitcoin de su anterior vida como activo contracíclico aislado y lo acerca a un patrón de activo de riesgo cíclico, pero sin los ritmos biológicos del halving. Un símil recurrente: el mercado del oro también experimenta ciclos, pero ninguno tan violento como los de las criptodivisas. Sin embargo, los grandes bancos centrales acumulan oro desde hace décadas y eso no evita las correcciones del 10% o 20% en un año. Algo parecido podría suceder ahora con Bitcoin.

Pese a lo atractivo de estos argumentos, no todos los analistas coinciden. Hay quienes sostienen que el ciclo no ha muerto, sino que se ha alargado o simplemente está transitando por una fase diferente. Aducen que la historia financiera está llena de ejemplos de mercados maduros que han sufrido burbujas y colapsos fulgurantes –desde los tulipanes hasta las puntocom– y que la presencia de instituciones no es una vacuna contra la irracionalidad colectiva.

Análisis: ¿un nuevo paradigma o una trampa de confianza?

Conviene recordar que en este sector, la frase “esta vez es diferente” es la más cara de la historia. En 2021, cuando los NFT y las finanzas descentralizadas estaban en plena efervescencia, también se proclamó la madurez del mercado. Luego llegó el desplome de Terra, la quiebra de FTX y un invierno que congeló carteras durante más de un año. Incluso hoy, con un ecosistema dominado por gigantes financieros, Bitcoin arrastra una corrección cercana al 20% desde sus máximos de principios de 2026, recordándonos que la volatilidad no se ha ido de vacaciones.

El riesgo está en creer que el mercado institucional es un monolito inamovible. Las instituciones pueden salir tan rápido como entraron si cambian las condiciones regulatorias o si aparece una alternativa más rentable. Una demanda antimonopolio, un cambio en las normas de custodia o un escándalo de manipulación bastarían para desatar una venta masiva. La regulación MiCA en Europa y las futuras normas de la SEC crean un entorno de seguridad, pero también de dependencia.

En cualquier caso, la mayoria de los inversores profesionales tiene claro que la volatilidad no va a desaparecer.

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La cuestión de fondo no es si el ciclo está muerto o vivo, sino cómo está mutando. Podríamos estar entrando en un superciclo de acumulación lenta, con correcciones frecuentes pero menos profundas, y con picos que ya no se multiplican por diez en meses. Un escenario más parecido al de los mercados maduros de renta variable, donde los ciclos duran años y se mueven al compás de los beneficios empresariales, no de un recuento de bloques.

Para el inversor particular, esto significa que los viejos manuales de comprar un año antes del halving y vender un año después quizá hayan caducado. La nueva clave estará en entender la macroeconomía, las decisiones de los grandes fondos y la evolución normativa. Como dijo Horsley, el mercado ya no baila solo al ritmo del halving; ahora lo hace acompañado de una orquesta entera.


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