Amper da un golpe en el tablero de la defensa española. La compañía ha acordado la compra de Teltronic por un importe máximo de 225 millones de euros, una operación que multiplica su exposición al gasto militar y trastoca el equilibrio competitivo del sector. En esta redacción analizamos por qué la adquisición es un movimiento de alto riesgo con recompensa estratégica.
Claves de la operación
- Amper pagará hasta 225 millones de euros por Teltronic. La transacción incluye un pago inicial de 180 millones y un earn-out de 45 millones vinculado a la evolución del negocio en los próximos años. La empresa de comunicaciones críticas factura cerca de 100 millones anuales.
- El sector de la defensa se convierte en el eje de crecimiento del grupo. Amper, tradicionalmente centrada en tecnologías de la información e ingeniería industrial, dobla su apuesta por un segmento que el año pasado representó apenas el 15% de sus ingresos.
- Indra pierde el monopolio tácito de las comunicaciones tácticas en España. Con Teltronic en su perímetro, Amper se convierte en un rival directo para los contratos del Ministerio de Defensa, un ámbito hasta ahora dominado por el gigante participado por el Estado.
El pulso por los contratos de defensa en España
Teltronic, con sede en Zaragoza y una plantilla de más de 300 ingenieros, es uno de los pocos actores europeos con tecnología propia para redes de misión crítica. Sus sistemas de radio digital TETRA y sus soluciones de banda ancha 5G para cuerpos de seguridad y ejércitos le han valido despliegues en una veintena de países. La compañía facturó 95 millones de euros en 2025 y acumula una cartera de pedidos que ronda los 200 millones.
Para Amper, la compra supone un salto cuantitativo. Los ingresos combinados del grupo superarán por primera vez los 500 millones de euros, un umbral que la acerca a los grandes integradores del mercado español. De hecho, la operación se produce apenas un año después de que la empresa, presidida por Enrique de Leyva, refinanciara su deuda y sanease el balance, dejando espacio para una adquisición de este calibre.
El contexto geopolítico empuja. El compromiso de España de elevar el gasto en defensa hasta el 2% del PIB —algo que el Gobierno ha reiterado en las últimas cumbres de la OTAN— está movilizando a las empresas del sector. En paralelo, los fondos europeos para capacidades militares duales abren una ventana de financiación que Amper no quiere desaprovechar. Sin embargo, la presión para que el presupuesto se mantenga en esa senda más allá del actual ciclo político no está garantizada, y cualquier recorte afectaría de lleno a las cuentas del grupo.
El vendedor, el fondo de capital riesgo Nazca, cierra así una inversión de cinco años en los que Teltronic ha duplicado su tamaño. La salida de un private equity tras un ciclo corto deja dos lecturas: la empresa está madura para crecer en manos industriales, pero también refleja la alta valoración que ha alcanzado el sector defensa en el mercado actual.
La cuenta atrás para la integración de un gigante industrial
La absorción de Teltronic no estará exenta de fricciones. Amper ha comunicado que financiará la compra con una combinación de caja y nueva deuda sindicada, lo que elevará su apalancamiento por encima de las tres veces ebitda. Una situación manejable, según fuentes de la compañía, pero que reduce el margen de maniobra si la esperada aceleración de contratos tarda en materializarse.
La integración cultural y operativa es el otro gran desafío. Teltronic opera con una fuerte identidad de ingeniería de producto, mientras que Amper ha sido hasta ahora un integrador de sistemas y servicios. De hecho, en el consejo de administración se ha abierto un debate sobre si mantener la marca de manera independiente o absorberla por completo en la estructura de la matriz. Una decisión que puede condicionar la retención de talento en un sector donde los ingenieros especializados escasean.
La compra coloca a Amper en el mapa de la defensa europea, pero el verdadero test llegará con la ejecución de los primeros contratos conjuntos.
Lo que Amper se juega con la compra de Teltronic
Conviene recordar de dónde viene Amper. La empresa atravesó una profunda crisis a principios de siglo y estuvo al borde de la desaparición, lastrada por la caída del negocio de fabricación de equipos telefónicos. Su resurrección se ha cimentado sobre una cartera de servicios de ciberseguridad, transformación digital e ingeniería para clientes institucionales. Ahora, con Teltronic, lo que se plantea es un regreso a las raíces del hardware de comunicaciones, pero esta vez blindado por contratos de defensa, un cliente que tradicionalmente ofrece estabilidad y márgenes elevados.
En el tablero doméstico, la maniobra incomoda a Indra. La cotizada del Ibex 35, que controla el negocio de comunicaciones tácticas a través de su filial Indra Sistemas, se encuentra ahora con un competidor local que puede pujar con costes más ajustados y una tecnología homologada. Nos llama la atención que el propio Ministerio de Defensa lleva tiempo impulsando la diversificación de proveedores. La presencia de un segundo actor nacional encaja en esa estrategia y podría traducirse en lotes más accesibles para Amper en futuras licitaciones.
Con todo, el reto de la ejecución no debe subestimarse. La capacidad de Amper para ganar peso en el mercado europeo dependerá de su habilidad para aprovechar las sinergias comerciales y, sobre todo, de que el viento de cola del gasto militar no amaine. Observamos que el riesgo de una desescalada en Ucrania o de un cambio de prioridades en Bruselas hacia el gasto social podría enfriar las expectativas. El mercado, por ahora, ha reaccionado con una subida del 4% en la cotización de Amper en la sesión posterior al anuncio, pero la verdadera prueba llegará con la publicación del plan de integración, prevista para el segundo semestre del año.
El precedente de la compra de Mecanizados Escribano por parte de Indra, que disparó la acción un 12% en el primer año, sugiere que el apetito inversor por historias de consolidación en defensa no ha tocado techo. Aunque Amper no juega en la misma división que el coloso del Ibex, el movimiento sienta las bases para un ecosistema industrial más diverso y, en el actual contexto de rearme, posee un valor estratégico que va más allá de las cifras.




