Javier Sanz, emprendedor e inversor: “Pagamos más impuestos que nunca, pero los servicios públicos están cada vez peor”

El inversor Javier Sanz denuncia una presión fiscal creciente acompañada de servicios públicos deteriorados, y atribuye el desequilibrio a un sistema que desincentiva la productividad, penaliza al emprendedor y prioriza el gasto ineficiente.

santander autonomos

Javier Sanz, empresario, inversor y uno de los divulgadores sobre política y finanzas con mayor seguimiento en España, aseguró en una reciente entrevista que: «pagamos cada vez más impuestos, pero recibimos servicios públicos cada vez peores». Según si diagnostico, nuestro país castiga a quienes generan riqueza mientras premia la dependencia del Estado.

El contexto que dibuja Sanz no es únicamente español. Lo enmarca en un reordenamiento global donde los intereses económicos se anteponen al bienestar colectivo, donde Trump y Sánchez comparten —a su juicio— una misma indiferencia hacia la verdad y una misma habilidad para mantenerse en el poder mientras el resto paga las consecuencias.

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Un sistema que devora con impuestos lo que produce

Un sistema que devora con impuestos lo que produce
Fuente: Agencias

Para Sanz, el problema de fondo en España no es ideológico sino aritmético. Los autónomos y emprendedores cargan con una presión fiscal que en algunos casos supera el 50% de lo que generan, mientras el número de beneficiarios del ingreso mínimo vital se acerca peligrosamente al de trabajadores por cuenta propia.

«Hay casi más gente cobrando ayudas que autónomos, así es imposible sostener el sistema», advierte. El modelo, dice, no cuadra: quien produce cada vez tiene menos incentivos para quedarse, y quien recibe prestaciones no siempre tiene razones para incorporarse al mercado laboral.

Los impuestos, en ese esquema, dejan de ser una herramienta redistributiva para convertirse en un mecanismo de expulsión. Sanz menciona el caso de un futbolista del Real Madrid que ha decidido marcharse de España precisamente por la carga que supone el impuesto al patrimonio. Lo que el club paga, dice, se lo lleva el fisco en buena parte. El efecto es siempre el mismo: el capital sale, la inversión extranjera no llega y los emprendedores locales cierran o emigran. La recaudación de impuestos crece sobre el papel, pero la base que los sostiene se estrecha.

A esto se suma, según el divulgador, una gestión del gasto que define sin ambages como escandalosa. Mientras los hospitales acumulan listas de espera de hasta un año para ver a un especialista, el Estado financia partidas que él considera indefendibles.

«Construimos prisiones con piscina mientras los hospitales se caen a pedazos», afirma, en referencia a un nuevo centro penitenciario en el País Vasco que incluye suelo radiante e instalaciones deportivas de primer nivel. La contradicción, sostiene, no es casual: refleja una clase política más interesada en proteger su parcela que en tomar decisiones impopulares pero necesarias.

El orden mundial y la política del caos

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Sanz sitúa todo esto dentro de un escenario internacional que describe como un cambio de paradigma. La guerra en Ucrania, la rivalidad entre Estados Unidos y China, la tensión en Oriente Próximo: para él, cada conflicto tiene una lógica económica detrás. El petróleo venezolano que abastece a China, los semiconductores de Taiwán, el estrecho de Ormuz como palanca de presión energética. Los impuestos que pagan los ciudadanos de un lado y del otro del Atlántico financian, en última instancia, esa competencia geopolítica que rara vez se explica con claridad.

En ese tablero, la figura de Donald Trump le parece paradigmática de una nueva forma de ejercer el poder. «Trump está viviendo la política como si fuera un videojuego», dice Sanz, y señala que esa imprevisibilidad calculada genera volatilidad en los mercados que beneficia a quienes tienen información privilegiada. Las caídas abruptas y las recuperaciones en V que se han repetido en el último año no son, a su juicio, accidentales.

Pero la crítica no se agota en el lado americano. Sanz traza un paralelo explícito con el presidente del Gobierno español. Pedro Sánchez, dice, ha convertido la contradicción con sus propias palabras en una estrategia de supervivencia política. «Pedro Sánchez no ha dicho ni una verdad en este país», afirma, y recuerda cómo quien exigía elecciones ante la falta de presupuestos lleva años gobernando sin ellos.

Para Sanz, la solución pasa por la movilización ciudadana y, sobre todo, por romper la polarización que impide el debate real. Ni toda la izquierda es indefendible ni toda la derecha tiene razón en todo: ese espacio intermedio, el del sentido común, es el que él reivindica. Aunque reconoce que no es el que vende.


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