La Reserva Federal solo tendrá margen para un único recorte de tipos adicional este año, y el mercado todavía no lo ha digerido del todo. Esa es, en esencia, la lectura que Anne Walsh, directora de inversiones de Guggenheim Partners Investment Management, dejó en su intervención en Bloomberg Television. Una tesis que choca con el optimismo bursátil reciente y que pone el foco en una variable que ha pasado a segundo plano: la política monetaria.
Una renta variable que descuenta lo bueno antes de tiempo
Walsh arrancó la conversación con una observación que me parece clave para entender abril y mayo: las bolsas estadounidenses están aprendiendo a digerir las malas noticias a una velocidad inédita. La gestora recordó cómo, desde la crisis financiera hasta la pandemia, pasando por el episodio del llamado Liberation Day, los ciclos de volatilidad y recuperación se han comprimido. Hoy, según ella, el S&P 500 ya cotiza como si el conflicto con Irán estuviera resuelto, apoyándose en unos fundamentales corporativos que siguen siendo sólidos.
La presentadora de Bloomberg insistió en la aparente desconexión entre un crudo en niveles altos y unos índices en máximos. Walsh no la negó. Reconoció que el riesgo de un conflicto prolongado en Oriente Medio no está plenamente descontado y que su escenario base contempla un Brent en torno a los 100 dólares durante unos tres meses, con un retroceso posterior hacia los 80 dólares hacia final de año. Volver a 60 dólares, advirtió, no entra en sus cálculos: desenredar la disrupción de suministro provocada por el cierre del Estrecho lleva tiempo.
El relato de la Fed: ya no manda el spread, manda el tipo
Cuando la conversación giró hacia la renta fija, Walsh introdujo un matiz importante. Los diferenciales de crédito siguen estrechos pese a todo lo ocurrido, y eso le lleva a concluir que el mercado de bonos es hoy una historia de tipos más que de spreads, salvo en tecnología. Lo que pesa, según la directiva de Guggenheim, es la inflación, lo que haga la Fed y lo que hagan el resto de bancos centrales del mundo.
Aquí llegó la afirmación que da título al análisis: Guggenheim sigue esperando un recorte de tipos antes de cierre de año, pese a que el mercado ya lo ha sacado del precio. Walsh añadió un factor político relevante: la previsible llegada de un nuevo presidente de la Reserva Federal en la figura de Warsh cambiaría, en su opinión, la forma en la que la institución gestiona los tipos y combate la inflación. Quizá con las mismas herramientas, pero usadas de otra manera.
Seguimos esperando un recorte de tipos más este año, aunque el mercado lo haya descontado del precio; la cuestión es si la Fed tiene las herramientas adecuadas para este tipo de inflación.
— Anne Walsh, Guggenheim Partners (vía Bloomberg Television)
Más oferta de treasuries y un problema de cañería
A ese cóctel se suma, según Walsh, una mayor emisión de deuda del Tesoro estadounidense derivada del conflicto iraní y de otros gastos fiscales. El resultado es un desequilibrio entre oferta y demanda que está empujando al alza los tipos largos, sin que ello altere la foto de los diferenciales corporativos. La gestora describió la situación de la inflación como un clásico pig through the python: un bulto que avanza por el sistema y que, si todo va según lo previsto, terminará acercándose al objetivo del 2% de la Fed, aunque no en el corto plazo.
El matiz crítico que dejó caer es que buena parte de la inflación actual no responde a un exceso de demanda, sino a cuellos de botella en la oferta. Hay petróleo de sobra en el mundo, pero sacarlo y llevarlo donde se necesita son dos problemas distintos. La pregunta incómoda es si el martillo de los tipos sirve para ese clavo concreto.
Curva plana y duración táctica: cómo lo está jugando Guggenheim
En la parte de cartera, Walsh fue muy explícita. Lo que están viendo es un aplanamiento de la curva de rendimiento, con mucho más interés inversor por el tramo corto. Reconoció incluso que su previsión de comienzos de año, que apuntaba a una curva más empinada, ha quedado superada por los hechos. La curva plana, dijo, es hoy la película.
Sobre el bono a 10 años, su lectura es que sigue anclado en una banda que va de la zona alta del 3% a la zona alta del 4%, un rango que se mantiene desde 2022. Dentro de ese corredor, Guggenheim juega la duración de forma táctica: cuando el rendimiento se acerca al 4,5% o lo supera ligeramente, alargan duración. Walsh recordó que ni la economía ni el Nasdaq suelen funcionar bien cuando el 10 años se va por encima de ese umbral, y apostó a que tanto la política de la Fed como, sobre todo, la del Tesoro, trabajarán para mantenerlo dentro de ese rango.
El examen al Tesoro y lo que esto significa para el inversor
La entrevista cerró con una valoración de la gestión del secretario del Tesoro, Scott Bessent. Walsh fue clara: pese al ruido mediático y al elevado gasto deficitario, considera que está haciendo un trabajo notable, especialmente por la transparencia con la que se está comunicando el calendario y volumen de emisiones.
La lectura editorial que hago de todo esto es que el inversor europeo no debería dejarse llevar solo por el rebote bursátil de abril. Si Guggenheim acierta, el escenario para los próximos meses combina un único recorte de la Fed, un crudo elevado durante un trimestre, una curva plana persistente y un 10 años atrapado en un rango. En ese mapa, las decisiones tácticas sobre duración importan más que las grandes apuestas direccionales, y la renta fija vuelve a ser un activo donde el momento de entrada pesa tanto como la convicción.
La duda de fondo, la que Walsh dejó flotando, es otra: ¿están los bancos centrales equipados para combatir una inflación que ya no es de demanda, sino de cañería rota en la oferta global? Si la respuesta es no, el debate sobre el marco monetario apenas acaba de empezar.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.





