Apple valora Intel y Samsung para fabricar chips en EEUU

La compañía explora alternativas a TSMC para reducir su dependencia de Taiwán y blindar su cadena de suministro. La operación podría reconfigurar el mapa mundial de semiconductores y dar un impulso a las fábricas estadounidenses.

Apple ha dado el primer paso para romper con la mayor dependencia industrial que arrastraba en las últimas décadas: la fabricación exclusiva de sus chips más avanzados en las plantas taiwanesas de TSMC. La compañía mantiene conversaciones exploratorias con Intel y Samsung para producir en Estados Unidos los procesadores que dan vida a sus iPhone, iPad y Mac, según adelantó Bloomberg. El giro, aún sin cifras sobre la mesa, apunta directamente a la línea de flotación del modelo de suministro que ha sostenido el éxito de la tecnológica californiana desde el lanzamiento del primer iPhone.

Claves de la operación

  • Apple quiere desacoplar su producción del riesgo geopolítico de Taiwán. La concentración de casi toda la fabricación de chips avanzados en la isla, a pocos kilómetros de la tensión militar con China, ha disparado las alarmas en Cupertino.
  • Intel y Samsung ganarían un cliente de volumen que transformaría sus fundiciones. La entrada de Apple en sus fábricas estadounidenses daría un impulso decisivo a sus ambiciones fabriles, espoleadas por la Ley CHIPS.
  • TSMC vería cuestionado, por primera vez, su monopolio de facto en los procesadores de Apple. Aunque la taiwanesa no perdería su posición de liderazgo a corto plazo, la señal al mercado es inequívoca.

Los detalles del diseño y la arquitectura de los chips seguirían bajo control absoluto de Apple, pero la fabricación se trasladaría en parte a las nuevas plantas que Intel planea en Ohio y a las instalaciones de Samsung en Taylor, Texas. Ambos emplazamientos se benefician de los generosos subsidios de la Ley CHIPS, que inyecta 52.000 millones de dólares en el renacimiento de la producción local de semiconductores. Para Apple, la diversificación no solo supone una póliza de seguro geopolítico, sino también una oportunidad para negociar precios con más fuerza.

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El riesgo de concentración que Apple ya no quiere asumir

Esta redacción entiende que la dependencia de un único proveedor en un enclave de máxima tensión estratégica ha dejado de ser tolerable para la mayor compañía del mundo por capitalización bursátil. TSMC fabrica más del 90% de los procesadores de Apple, incluidos los avanzados A y M, con procesos litográficos de última generación que nadie más domina con la misma eficiencia. Sin embargo, los terremotos políticos en la región —desde maniobras militares chinas hasta las sanciones tecnológicas de Washington— han convertido la cadena de suministro en un asunto de máxima prioridad para el consejo de Tim Cook.

Las previsones de producción que manejan algunos analistas sitúan los volúmenes anuales de Apple por encima de los 200 millones de unidades solo en iPhone. Basta con que un conflicto bloqueara el estrecho de Taiwán durante unas semanas para que el impacto en las cuentas de Cupertino se contara por decenas de miles de millones. La alternativa mas clara que surge de estas conversaciones pasa por descargar parte de esa presión en territorio estadounidense, replicando en cierta medida el modelo de su vieja rival Intel, que durante años fabricó sus propios chips en sus plantas de Oregón y Arizona.

Intel y Samsung, los beneficiarios de una apuesta estratégica de Apple

Para Intel, la llegada de Apple a su flamante división de fundición —Intel Foundry Services— supondría un espaldarazo de credibilidad mayúsculo. La compañía, que ha perdido la partida de los procesadores para ordenadores personales frente a los M1 y M2 de Apple, necesita con urgencia un cliente externo que valide su capacidad de fabricar chips de terceros a gran escala. Las fábricas de Ohio, con una inversión prevista de 20.000 millones de dólares, podrían recibir los primeros encargos relevantes de silicio avanzado para un cliente ajeno a la propia Intel.

La posible entrada de Intel y Samsung en la cadena de Apple no solo diversifica riesgos geopolíticos: reescribe el mapa de poder de la industria de los semiconductores.

Samsung, por su parte, ya cuenta con una planta operativa en Texas y un largo historial como fabricante de chips para terceros, aunque su cuota en el segmento de vanguardia se ha reducido en una década. Un contrato con Apple les devolvería el pulso competitivo y les forzaría a acelerar la ampliación de sus líneas de producción en Estados Unidos. Ninguno de los dos tiene hoy la capacidad inmediata para asumir toda la demanda de Apple, pero las conversaciones exploratorias apuntan a un horizonte de dos a tres años, el tiempo necesario para que las nuevas fábricas estadounidenses entren en fase de producción masiva.

La lección de soberanía tecnológica que también importa en España

La decisión de Apple tiene ecos que van más allá del tablero estadounidense. En la Unión Europea, la búsqueda de fuentes alternativas de chips ha sido una de las grandes apuestas de Bruselas desde la aprobación de la Chips Act europea. Aunque Apple nunca ha tenido plantas de producción en territorio comunitario, su movimiento refuerza la tesis de que la era de la fabricación de semiconductores concentrada en una sola región toca a su fin.

En España, la irrupción del PERTE Chip, dotado con 12.250 millones de euros, aspira precisamente a captar inversiones como las que ahora planean Intel o Samsung en Estados Unidos. Apple ha construido una sólida base de clientes en el mercado español desde la apertura de su primera tienda en Barcelona en 2010, y sus productos representan una parte muy relevante del consumo tecnológico nacional. Aunque las fábricas mencionadas están al otro lado del Atlántico, la lección sirve: ninguna compañía, por grande que sea, puede permitirse mantener toda su cadena de valor atada a un único punto geográfico. Las empresas españolas que dependen de semiconductores importados —desde el automóvil hasta los equipos industriales— harían bien en tomar nota y diversificar sus propios riesgos de suministro.

Observamos que el movimiento de Apple, aunque todavía en fase exploratoria, tiene la virtud de poner sobre la mesa la fragilidad de un modelo que parecía inamovible. La simple existencia de estas conversaciones altera las expectativas de los inversores y pone presión sobre TSMC para reforzar su despliegue internacional, incluida su propia fábrica en Arizona. La historia reciente nos dice que, en el mundo de los chips, las alianzas tardan en forjarse, pero cuando lo hacen, transforman la industria a una velocidad que pocos anticipan. El inversor español debería vigilar de cerca no solo los próximos resultados de Intel y Samsung, sino también cómo reacciona el gigante taiwanés: el tablero acaba de moverse.


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