Son las nueve de la mañana en un quirófano de cualquier hospital español. El cirujano no está junto a usted. Está a tres metros, sentado en una consola que parece el mando de una nave espacial, mirando a través de unas lentes de inmersión que le dan una imagen en tres dimensiones y alta definición del interior de su cuerpo. Sus manos mueven dos mandos. A esa misma fracción de segundo, cuatro brazos robóticos —cada uno del grosor de un lápiz— replican esos movimientos dentro de usted con una precisión que ninguna mano humana puede igualar. Sin temblor. Sin fatiga. Con siete grados de libertad de movimiento allí donde la mano humana solo tiene tres.
Eso es el Da Vinci. Y hay muchas posibilidades de que sea el sistema que le vaya a operar a usted, o a alguien que quiere, antes de que acabe esta década.
Lo que me fastidia es que la mayoría de los pacientes entran al quirófano sin saber si el hospital tiene un modelo de hace diez años o el más avanzado del mundo. Y esa diferencia existe. Y es relevante. Así que vamos al dato.
De dónde viene esto: una historia que empieza en la guerra y acaba en su abdomen
El Da Vinci no nació en un hospital. Nació en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. A finales de los años 80, el ejército americano financió investigación para que los cirujanos pudieran operar a soldados heridos en el campo de batalla desde un búnker seguro. La DARPA y la NASA metieron dinero. El proyecto fue derivando hacia la medicina civil y acabó en manos de Intuitive Surgical, la empresa que hoy domina este mercado con el 70-80% de la cuota global.
El primer Da Vinci recibió la aprobación de la FDA en el año 2000 para cirugía laparoscópica general. En 2001, para la prostatectomía. En España llegó en 2005. Desde entonces ha habido cinco generaciones del sistema, y entender sus diferencias es lo primero que debería hacer cualquier paciente antes de operarse.
Las cinco generaciones: qué tienen y qué les falta
Da Vinci S y Si (2006-2009). Los veteranos. El Si se lanzó en 2009 a un precio de 1,75 millones de dólares. Muchos hospitales públicos en España los mantienen operativos porque funcionan bien. Si le dicen que le van a operar con un Da Vinci y no le especifican el modelo, pregunte. Un Si tiene cuatro brazos, visión 3D de alta definición, y capacidades clínicas sólidas. Lo que no tiene es ninguna de las mejoras de las últimas dos generaciones. Es perfectamente válido en manos expertas. Pero no es lo mismo que lo que vino después.
Da Vinci Xi (2014). El modelo más extendido en los hospitales españoles actualmente. Sus brazos están montados en un boom aéreo que permite girarlos libremente, lo que facilita operar en varios cuadrantes del abdomen sin reposicionar al paciente. Precio: entre 1,5 y 2,5 millones de dólares. Si en su hospital hay un Da Vinci y no saben decirle cuál, lo más probable es que sea un Xi. Es un caballo de batalla excelente. Incorpora la tecnología Firefly de imágenes con fluorescencia, que permite visualizar estructuras vasculares con contraste, algo especialmente útil en cirugía oncológica.
Da Vinci X (2017). La versión de entrada de la familia moderna. Comparte consola y sistema de visión con el Xi, pero sus brazos tienen una arquitectura lateral que obliga a reposicionarlos manualmente cuando se trabaja en varias zonas del abdomen. Precio: entre 0,8 y 1,8 millones. Para centros que inician su programa robótico es una opción razonable. Los resultados clínicos son comparables al Xi.
Da Vinci SP (2018). La rareza del catálogo. Un único brazo que introduce tres instrumentos articulados y una cámara a través de una sola incisión de 2,5 centímetros. O incluso por un orificio natural. Especialmente útil para cirugía urológica en vías urinarias, cirugía transoral en cabeza y cuello, y accesos anatómicos muy estrechos. Ha recibido el marcado CE en Europa y su incorporación en hospitales españoles es todavía muy incipiente. Si le ofrecen esta opción para una prostatectomía radical, por ejemplo, puede suponer una cicatriz que no se ve. Pregunte si su centro tiene experiencia con él.
Da Vinci 5 (2024): la generación que cambia las reglas. FDA lo aprobó en marzo de 2024. CE Mark europeo en julio de 2025. Llegó a España a finales de 2025. Ahora mismo, hay un número muy reducido de centros en el país que lo tienen. Este modelo es diferente en tres aspectos que me parecen genuinamente revolucionarios.
Primero: retroalimentación de fuerza (Force Feedback). Por primera vez en la historia de la cirugía robótica, el cirujano puede sentir la resistencia de los tejidos a través de los mandos. En todos los modelos anteriores, el cirujano operaba «a ciegas» táctilmente: veía perfectamente, pero no notaba si estaba apretando demasiado. En ensayos preclínicos, el Force Feedback demostró hasta un 43% menos de fuerza ejercida sobre los tejidos, lo que puede traducirse en menos trauma quirúrgico. Para suturar —una de las tareas más delicadas— los cirujanos con menos experiencia cometieron menos errores y fueron más rápidos cuando usaban este sistema.
Segundo: potencia de cómputo 10.000 veces mayor que el Xi. Eso no es un matiz: es una plataforma digital completamente nueva que ya genera datos post-operatorios objetivos sobre la técnica del cirujano, permite entrenamiento por realidad virtual integrada, y está preparada para recibir capacidades de inteligencia artificial que todavía están en desarrollo. El Da Vinci 5 es tanto un robot quirúrgico como una plataforma de datos médicos.
Tercero: sistema de visión mejorado. Cuatro veces más píxeles que el Xi, imagen 3D más realista, mejor profundidad de campo y color más fiel. En cirugía oncológica, ver mejor puede ser la diferencia entre un margen positivo y uno negativo.
El precio: entre 1,8 y 2,5 millones de dólares. Si lo encuentra disponible y el cirujano tiene experiencia con él, es la mejor opción que existe hoy en el mercado para cirugía robótica.
Qué se puede operar con él y qué no
La lista de procedimientos aprobados es larga y sigue creciendo. Las aplicaciones más consolidadas y con mayor evidencia clínica son las siguientes:
Urología: la prostatectomía radical robótica es hoy el procedimiento más frecuente. Los resultados en términos de continencia urinaria y preservación de la función sexual son superiores a los de la cirugía abierta en la mayoría de las series publicadas. También se usa para nefrectomía parcial, cistectomía radical y cirugía de reconstrucción del tracto urinario.
Ginecología: histerectomía (incluyendo casos oncológicos), miomectomía, y endometriosis severa. La incisión mínima y la recuperación rápida tienen un impacto relevante en la calidad de vida post-operatoria.
Cirugía general y colorrectal: resección de colon y recto, colecistectomía, cirugía bariátrica (bypass gástrico, sleeve), hernia de hiato, reparación de hernias complejas. El Hospital General Universitario de Villalba tiene el 100% de sus bypass gástricos realizados con asistencia robótica y cero mortalidad quirúrgica.
Cirugía torácica: lobectomía pulmonar, timectomía. Vall d’Hebron en Barcelona ha llegado a realizar trasplantes de pulmón con asistencia robótica.
Cirugía de cabeza y cuello: especialmente con el SP, accesos transorales para tumores de orofaringe y laringe.
Cirugía cardíaca: reparación de válvula mitral. Más limitada que el resto, requiere equipos muy especializados.
Lo que todavía no se puede hacer de forma rutinaria con Da Vinci: cirugía de emergencia (el setup del robot lleva tiempo), procedimientos donde la palpación directa es imprescindible, y algunos casos oncológicos muy avanzados donde la cirugía abierta sigue siendo el estándar.
En España: dónde estamos y qué significa para usted
A principios de 2026, hay aproximadamente 150 robots quirúrgicos en funcionamiento en hospitales españoles. El 60% en centros públicos, el 40% en privados. El número ha crecido significativamente en los últimos cinco años, pero la distribución es desigual: la mayoría se concentra en grandes ciudades y hospitales universitarios.
El coste del robot para el hospital es enorme. Un Da Vinci de referencia supera los 2,5 millones de euros. El mantenimiento anual cuesta entre 150.000 y 300.000 euros adicionales. Los instrumentos de un solo uso (que se cambian en cada operación) añaden entre 1.000 y 3.000 euros por procedimiento. Ese coste se repercute de una manera u otra en el sistema o en el paciente.
¿Cómo accede usted? En la sanidad pública, depende del hospital y de la especialidad: algunos centros tienen programas robóticos activos para procedimientos concretos sin coste adicional. En la privada, la cirugía con Da Vinci está cubierta en algunas pólizas premium —Sanitas, por ejemplo, incluye el Xi en sus pólizas de gama alta para urología y otras especialidades. Si no está cubierta, el coste adicional de la intervención robótica puede oscilar entre 2.000 y 8.000 euros sobre el precio de la cirugía convencional, según el tipo de procedimiento y el centro.
Lo que nadie le dice: el cirujano importa más que el robot
Me consta —y lo he escuchado de cirujanos de primera línea— que la marca y el modelo del robot son secundarios respecto a la curva de aprendizaje del cirujano que lo maneja. Un Xi con un cirujano que lleva 500 prostatectomías encima es infinitamente mejor que un Da Vinci 5 en manos de alguien que lleva 30.
La comunidad quirúrgica considera que a partir de 250-300 procedimientos el cirujano ha superado su curva de aprendizaje en una técnica robótica específica. Por debajo de esa cifra, los tiempos operatorios son más largos y la tasa de complicaciones puede ser mayor.
Las preguntas que debería hacer antes de firmar el consentimiento:
¿Qué modelo de Da Vinci tiene este hospital? Si dicen «el Da Vinci» sin más, insista. Hay diferencias entre generaciones.
¿Cuántos procedimientos como el mío ha realizado usted específicamente con este sistema? No cuántos ha hecho el hospital. Usted. El número importa.
¿Este procedimiento concreto tiene evidencia de mejores resultados con el abordaje robótico frente a la laparoscopia avanzada? Para algunas cirugías, las diferencias son claras y bien documentadas. Para otras, son marginales y el coste extra no siempre está justificado.
¿Quién va a estar en la consola durante toda la operación? En hospitales universitarios con programas de formación, hay que entender si el residente va a operar con supervisión del especialista o si el especialista va a operar él mismo. Es una pregunta legítima y tiene derecho a hacerla.
La competencia: Da Vinci ya no es el único
Las patentes originales de Intuitive Surgical expiraron hace varios años, y desde entonces el mercado ha comenzado a diversificarse. No hay revolución todavía, pero hay alternativas reales que conviene conocer.
Hugo RAS (Medtronic). La apuesta de una de las mayores empresas de dispositivos médicos del mundo. Su innovación más interesante: cuatro brazos independientes en carritos separados, de modo que el cirujano usa solo lo que necesita para cada procedimiento. La consola es «abierta», lo que permite al equipo quirúrgico una mejor visión del campo. Ya opera en más de 30 países. Precio estimado: 0,9-1,2 millones de dólares. Está pendiente de aprobación definitiva de la FDA para el mercado americano. En España ya está presente en algunos centros y se usa en Bellvitge.
Versius (CMR Surgical, Cambridge). Una empresa británica fundada en 2014 que alcanzó estatus unicorn con valoración de 3.000 millones de dólares en 2021. La gran ventaja: es el sistema más compacto del mercado —unos 100 kg en total— y puede instalarse en quirófanos convencionales donde el Da Vinci no cabe. Precio: entre 0,75 y 1,5 millones de dólares. Los mandos de su consola se parecen a una consola de videojuegos actual, sin pedales. Ya tiene aprobación FDA para procedimientos de vesícula biliar desde 2024.
TouMai (MicroPort, China). El sistema más interesante desde el punto de vista tecnológico en el contexto de la telecirugía. Es el primer robot quirúrgico del mundo autorizado para telecirugía clínica comercial, y ya se ha utilizado en el Hospital de Bellvitge en Barcelona. Ha completado la primera cirugía remota 5G a más de 3.600 metros de altitud. Es, en aspecto, muy parecido al Da Vinci Xi.
Bitrack (Rob Surgical, Barcelona). Sorpresa española: una empresa catalana está desarrollando y validando su propio sistema robótico quirúrgico, con cuatro brazos, dos de ellos pasivos, y una consola 3D con siete grados de libertad. Todavía en fase de validación clínica, pero merece seguimiento.
La realidad es que Intuitive Surgical mantiene una posición dominante que va más allá del hardware: tiene los datos de 17 millones de procedimientos, 90.000 cirujanos formados en su sistema y una reputación clínica construida en 38.000 artículos peer-reviewed. Eso no se replica fácilmente. Pero el monopolio ha terminado, y para el paciente eso es una buena noticia porque bajará precios y acelerará la innovación.
¿El cirujano va a desaparecer?
No. Al menos no en ningún horizonte temporal relevante para los que viven hoy.
El Da Vinci —en todas sus versiones— no es autónomo. Cada movimiento de cada brazo robótico es ordenado por un ser humano desde la consola en tiempo real. El robot no decide nada. No interpreta nada. No tiene iniciativa. Es el amplificador de precisión más sofisticado que existe, pero amplifica al cirujano, no lo sustituye.
Lo que sí existe, y merece atención, es investigación en autonomía parcial. El robot STAR de Johns Hopkins realizó en 2022 la primera sutura autónoma de tejido blando sin intervención humana —anastomosis intestinal en un modelo porcino—, con resultados superiores a los cirujanos humanos en consistencia. Hay algoritmos que ya pueden identificar estructuras anatómicas, avisar al cirujano de que se está acercando a un nervio crítico, o sugerir el ángulo óptimo de corte. Nada de esto está aprobado para uso clínico en humanos de forma autónoma.
La visión más honesta que yo he escuchado a cirujanos que trabajan con estos sistemas: el robot va a hacer más difícil ser un cirujano mediocre —porque amplificará los errores tanto como los aciertos— y más fácil ser un cirujano bueno. El cirujano excelente seguirá siendo el factor crítico durante décadas. Lo que cambiará es el umbral mínimo de calidad que el sistema puede garantizar.
La frontera siguiente: que le opere un cirujano de otro país
Esta es la pregunta que más me hacen cuando hablo de cirugía robótica: ¿es posible que le opere un especialista en Houston mientras usted está en un hospital de Zaragoza?
La respuesta honesta es: técnicamente sí, legalmente todavía no de forma rutinaria.
La telecirugía tiene historia. En septiembre de 2001, «Operación Lindbergh» realizó la primera cirugía transatlántica de la historia: un cirujano en Nueva York operó la vesícula biliar de un paciente en Estrasburgo usando el sistema ZEUS. Fue un hito. Luego la tecnología se detuvo durante veinte años por el coste de las comunicaciones de baja latencia.
En 2024 y 2025 el panorama ha cambiado radicalmente. En diciembre de 2024, un cirujano en Shanghái realizó una prostatectomía radical a un paciente en Kuwait —7.000 kilómetros de distancia— usando el sistema TouMai con fibra óptica y 5G de respaldo, sin complicaciones clínicas ni técnicas. En julio de 2025, el primer bypass gástrico transcontinental entre Estrasburgo e India se realizó con éxito sobre un paciente humano real, a 8.500 kilómetros de distancia, sin retraso perceptible.
Intuitive Surgical demostró en julio de 2025 en Estrasburgo la capacidad de telecirugía transatlántica del Da Vinci 5, conectando a dos cirujanos a más de 6.400 kilómetros de distancia con retroalimentación de fuerza incluida. Importante matiz: lo hicieron sobre un modelo de tejido avanzado, no sobre un paciente humano. Y el software de telecirugía del Da Vinci 5 sigue sin ser aprobado por la FDA ni por la CE para uso clínico rutinario.
En España, el Hospital HM Sanchinarro de Madrid ya ha realizado una cirugía robótica con el cirujano principal operando de forma remota desde la Academia Orsi de Gante (Bélgica): una prostatectomía radical guiada por videoconferencia en tiempo real, con un segundo cirujano en el quirófano listo para intervenir y un equipo de ingeniería monitorizando la conexión. No hubo fallos técnicos documentados.
¿Puede usted hoy pedir que le opere un especialista de otro país con control remoto? No de forma estándar. Sí como parte de un protocolo de telecirugía experimental o de entrenamiento tutelado en centros que tengan los sistemas adecuados. En los próximos tres a cinco años, si la regulación acompaña, esto pasará de ser una rareza a ser una opción en casos donde el mejor especialista mundial para su patología concreta no está en su ciudad.
Los obstáculos no son ya técnicos. Son regulatorios, legales —quién responde si algo sale mal a 7.000 kilómetros— y de infraestructura de red. El retraso máximo tolerado en telecirugía es de 300 milisegundos. En redes 5G bien dimensionadas ya se consigue. El marco legal internacional no existe todavía.
La guía práctica: qué hacer si le dicen que le van a operar con un robot
Si está en la sanidad pública: pregunte en su hospital qué modelo tienen y cuántas intervenciones de su tipo han realizado con él. Si el número es bajo, tiene derecho a pedir derivación a un centro de referencia con más experiencia. El volumen de procedimientos en un programa robótico es uno de los mejores predictores de resultados.
Si tiene seguro privado: verifique si su póliza cubre específicamente la cirugía robótica. Muchas pólizas «normales» no lo incluyen; las premium de algunas aseguradoras sí. Pregunte también si el centro con el que trabaja su aseguradora tiene Da Vinci y cuál.
Si puede elegir centro: busque hospitales con programas robóticos activos y alto volumen. El Hospital Clínic de Barcelona, el Hospital La Paz en Madrid, el Hospital Universitario de La Paz, el Hospital Puerta de Hierro, el Valle de Hebrón, el MD Anderson Madrid o el Hospital Ruber Internacional son referencia en cirugía robótica. Hay muchos más, pero el volumen importa.
La pregunta que marca la diferencia: «¿Este procedimiento concreto, con mi anatomía y mi historial clínico, tiene mejores resultados demostrados con abordaje robótico que con laparoscopia avanzada?» Si la respuesta es sí, con datos, confíe. Si es «usamos el robot para todo», siga preguntando.
El Da Vinci ha recorrido un camino extraordinario desde aquella investigación militar de los años 80 hasta los 17 millones de procedimientos que lleva encima. Ha pasado de ser un experimento a ser el estándar en cirugía mínimamente invasiva compleja. Y la quinta generación, con su retroalimentación táctil y su potencia de datos, ha vuelto a marcar una distancia sobre todo lo anterior.
La tecnología no opera. Opera el cirujano. Pero con la tecnología correcta, un buen cirujano puede hacer cosas que sin ella serían imposibles.
Eso es lo que debería saber antes de entrar al quirófano. Y esa pregunta —¿con qué y con quién?— tiene todo el derecho a hacerla.





