El IPC de abril en España baja al 3,2% por el desplome de la luz

La moderación de los precios llega gracias a una caída pronunciada de la electricidad, con renovables y temperaturas suaves de fondo. El alza de los carburantes por la tensión en el Estrecho de Ormuz limita el alivio para los hogares.

El IPC abril España baja al 3,2% interanual, dos décimas menos que en marzo, por el desplome del precio de la luz. La moderación llega pese a la presión alcista de los carburantes, que repuntan por la tensión geopolítica en el Estrecho de Ormuz. El dato, adelantado por el Instituto Nacional de Estadística, devuelve algo de oxígeno al bolsillo de los hogares justo cuando el Banco Central Europeo afina la próxima decisión de tipos.

La fotografía es ambigua. Hay alivio energético por un lado y encarecimiento del transporte por carretera por otro. El saldo, esta vez, ha caído del lado del consumidor.

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El precio de la luz tira a la baja del IPC abril España

Según el avance publicado por el Instituto Nacional de Estadística, la tasa interanual de abril se sitúa en el 3,2%, frente al 3,4% de marzo. La inflación subyacente —que excluye energía y alimentos frescos— se modera también, aunque con menos intensidad, lo que confirma que el grueso del ajuste viene del componente energético y no de una desaceleración estructural de los precios.

El detalle importa. La electricidad ha registrado en abril uno de los descensos mensuales más pronunciados del último año, con una combinación de tres factores: temperaturas suaves que han contenido la demanda, una aportación récord de la generación eólica y solar en el mix peninsular, y precios mayoristas en el mercado diario por debajo de los 60 euros/MWh durante varias jornadas. La consecuencia directa: el recibo medio del consumidor acogido al PVPC ha bajado de forma apreciable respecto al mismo mes del año anterior.

Los carburantes han ido en sentido contrario. La crisis abierta en el Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del crudo mundial, según datos de la EIA estadounidense— ha tensionado el Brent por encima de los 90 dólares por barril durante buena parte de abril. La gasolina y el gasóleo se han encarecido en torno a un 4% mensual en los surtidores españoles, lo que ha amortiguado parte del alivio eléctrico.

Qué dice este dato sobre la inflación España 2026

La cifra encaja con la senda que el Banco de España dibujó en sus últimas proyecciones macroeconómicas: una inflación que se acerca lentamente al objetivo del 2% del BCE, pero con un suelo pegajoso por encima del 2,5% durante la mayor parte de 2026. La subyacente sigue siendo la variable que más preocupa a los analistas, porque captura la inercia de servicios, alimentación elaborada y bienes industriales no energéticos.

¿Significa esto que la inflación está domada? No del todo. La volatilidad del crudo derivada de Ormuz puede revertir la tendencia en mayo si el conflicto escala, y los efectos base del componente eléctrico empezarán a desaparecer en el segundo semestre. Servicios sigue marcando tasas cercanas al 4% interanual, una rigidez que el BCE viene señalando como el principal obstáculo para acelerar los recortes de tipos.

El consumo privado, eso sí, debería notar el respiro. Con salarios pactados en convenio creciendo por encima del 3,5% según los datos del Ministerio de Trabajo, una tasa interanual en el 3,2% supone ganancia real de poder adquisitivo para los asalariados, algo que no ocurría de forma sostenida desde 2021.

Lectura editorial: alivio coyuntural, no victoria estructural

La moderación del IPC en abril es buena noticia, pero conviene leerla con perspectiva. España lleva cinco trimestres con la inflación instalada entre el 3% y el 4%, y el dato de hoy no rompe esa banda: la roza por debajo gracias a una conjunción afortunada de meteorología, renovables y precios mayoristas. Quitando la electricidad, el panorama es menos amable.

Hay un riesgo evidente que esta redacción quiere subrayar. La dependencia del componente energético para explicar las moderaciones del IPC convierte cada dato mensual en rehén de variables que el Gobierno no controla: el viento, el sol, la geopolítica del Golfo y las decisiones de la OPEP+. Cuando las tres han jugado a favor, como en abril, el titular es agradable. Cuando juegan en contra —y en mayo bien podrían hacerlo si Ormuz no se estabiliza—, el rebote sería igual de mecánico.

El segundo matiz es político. El Ejecutivo presentará en las próximas semanas la actualización del Programa de Estabilidad ante Bruselas, y un IPC en el 3,2% le permite defender un escenario macro razonable. Pero la Comisión Europea, en su última previsión económica, ya advirtió de que la inflación subyacente española convergerá al 2% más tarde que la media del euro. Ese desfase tiene coste: tipos reales más bajos durante más tiempo, y por tanto menos margen para que el BCE ayude a una economía que en 2026 crecerá menos que en 2025.

El siguiente hito a vigilar es la publicación del dato definitivo de abril, prevista para mediados de mayo, y el avance de mayo a finales del mes que viene. Si el componente energético revierte y la subyacente no cede, el relato cambia. Por ahora, abril deja un respiro, no una hoja de ruta.


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