Todo el mundo sabe que existen relaciones saludables y tóxicas. Diferenciarlas es determinante para nuestra salud mental y el desarrollo de nuestra vida cotidiana, pues, mientras que las primeras nos aportan y ayudan a avanzar, las segundas nos estancan y desgastan.
Relaciones saludables y tóxicas: cuál es cuál
Aunque parezca una obviedad, muchas personas no saben distinguir una relación saludable de una tóxica, o incluso no quieren, porque viven “enganchadas” a estas últimas. La realidad es que, para mantener una salud mental equilibrada y no sentirnos manipulados, es necesario reconocerlas.
De esta manera, las relaciones saludables son las que se basan en el respeto y en las que prima la comunicación. No obstante, no debemos confundirnos con que en ellas no existen las discusiones, porque las hay. La diferencia con las tóxicas es que estas discusiones se gestionan de forma que beneficia a ambas partes.
Son relaciones, por tanto, en las que las personas se sienten valoradas y pueden ser ellas mismas. Fomentan el crecimiento mutuo y comparten intereses, sin sentir control o condicionamiento por la otra parte.
Las relaciones tóxicas, por el contrario, son las que desgastan, las que, como se dice habitualmente, nos tienen amargados. Sin embargo, no siempre se presentan con señales negativas claras, sino que hay algún tipo de manipulación por una de las dos partes (o por ambas) que hacen que la otra se sienta infravalorada o insegura.
En este tipo de relaciones no hay apoyo, sino estrés y un claro intento de control sobre el otro. En este sentido, el Ministerio de Igualdad advierte de la importancia de detectar las señales tempranas para evitar situaciones posteriores más graves, como dependencia emocional o maltrato.
La diferencia entre relaciones saludables y tóxicas parte, en resumen, de cómo nos hacen sentir. Aun así, a veces se complica distinguirla, por lo que conocer determinadas señales de ambas nos puede ayudar a lograrlo.
Señales de una relación saludable
Para diferenciar las relaciones saludables y tóxicas debemos fijarnos en las señales. Las de las relaciones saludables, por ejemplo, son claras:
Comunicación abierta: puedes expresar tu opinión sin miedo a represalias.
Respeto mutuo: ambas partes aceptan sus diferencias y no pretenden cambiarse.
Apoyo emocional: las personas están en los buenos momentos y en los difíciles, sin pedir nada a cambio.
Confianza: no hay actitudes de control sobre ninguna de las partes.
Libertad personal: cada uno mantiene su independencia.
Señales de una relación tóxica
Las señales de una relación tóxica pueden ser también muy claras, pero en ocasiones es difícil detectarlas, sobre todo, cuando hay dependencia emocional. En este sentido, debido a las discusiones, a veces, las relaciones saludables y tóxicas pueden no distinguirse.
Así pues, algunas de estas señales son:
Control excesivo: limitan amistades, decisiones, revisan correos, deben estar presente en otras conversaciones…
Manipulación emocional: hacen sentirse culpable a la otra parte.
Falta de respeto: critican, desvalorizan o llegan a la falta de respeto y, en casos graves, al insulto.
Dependencia emocional: una de las partes (o ambas) necesitan la aprobación de la otra.
Conflictos frecuentes que no se solucionan: discuten una y otra vez sin ánimo de resolver sus problemas.
Cómo afectan a la salud emocional las relaciones
Las relaciones saludables y tóxicas inciden en la salud emocional, cada una a su manera. La primera, mejora la autoestima, no causa estrés; mientras que la segunda genera inseguridad y ansiedad. Por ello, si dudamos si una relación nos hace bien o mal, debemos pensar de inmediato en cómo nos hace sentir. En nuestro bienestar encontraremos la respuesta.
Las relaciones, mejor y siempre saludables
Nadie nos da a elegir entre relaciones saludables y tóxicas. Amas se construyen con el tiempo, por lo que es importante procurar que, cuando establecemos una relación, esta sea saludable.
Fomentar la comunicación, es decir, hablar con claridad y de manera respetuosa, es la base de una relación sana; así como establecer los límites. No obstante, debemos trabajar en nuestra autoestima para lograrlo, pues depende de ella nuestra capacidad para tolerar ciertos comportamientos.
Aun así, si acabamos en una relación tóxica (no tiene por qué ser de pareja, puede ser con los amigos o la familia), lo primero que debemos hacer es identificarla. Después, no culparnos y priorizar decisiones que nos hagan sentir bien. Podemos, en este sentido, intentar dialogar para cambiar la dinámica, pero si el daño es continuo y no hay voluntad para cambiar, lo mejor siempre será alejarse.
Debemos, ante todo, priorizarnos y querernos, con independencia de si tenemos relaciones saludables y tóxicas. Si lo hacemos, seremos capaces de gestionarlas y, ante todo, siempre sentirnos bien con nosotros mismos.




