Juan Abarca Cidón, presidente de HM Hospitales, ha comprado Redacción Médica, el diario profesional más leído de la sanidad española. ¡Seis millones de euros!… , según fuentes del sector recogidas por El Confidencial Digital y repetidas por la mitad del sector sin que nadie parpadee. Un «nuevo estatuto editorial», un «comité externo», promesas de «plena independencia». Todo muy solemne, todo muy patricio, Imperator. Curioso, el columnista habitual del medio acaba de convertirse en el dueño. Y yo, permítanme, he dejado de creerme estas cosas hace bastantes años.
Vayamos al grano, que a estas alturas ya no hay paciencia para preámbulos. En el viejo imperio romano había una figura fascinante: el cónsul que, tras conquistar una provincia, se anexionaba también las crónicas que se escribían sobre su conquista. No por mala fe. Por pura eficiencia imperial. Si controlas el territorio y además controlas la tinta que lo describe, mañana la historia dirá lo que tú necesitas que diga. Este movimiento lleva dos mil años funcionando. Lo único que cambia son los soportes.
Abarca no es peor hombre por haber comprado Redacción Médica. Faltaría más. Seguramente es un médico competente, un empresario hábil y -hay que reconocérselo, que tampoco es plan de no ser justos- hizo un trabajo informativo muy útil durante la pandemia, cuando sus tribunas y apariciones públicas sirvieron para explicar al ciudadano de a pie cosas complejas en un momento en que casi nadie entendía nada. Eso lo tenía. No se lo vamos a quitar. Pero una cosa es tener criterio y otra, muy distinta, es comprarte el altavoz donde ese criterio compite con los demás. Y eso, querido lector, en cualquier democracia sanitaria seria haría saltar más de una alarma. En España, en cambio, se ha recibido con la normalidad con que se recibe un traslado de directivos. Pues miren, a mí eso me acojona.
Hispania, su provincia
Recapitulemos quién es Abarca, porque conviene tener el mapa claro antes de hablar del nuevo fortín. Presidente de HM Hospitales desde 2016, antes director general desde 2002. Un grupo con más de 7.000 empleados y, según los últimos datos disponibles, una facturación que en 2023 alcanzó los 663 millones de euros. Fundador e impulsor de la Fundación IDIS, el principal think tank empresarial de la sanidad privada española. Presidente también de Promede, compañía de peritaje sanitario que fundó en 2002. Y columnista habitual durante años del propio Redacción Médica, con piezas como «En defensa de la sanidad privada», publicada en abril de 2017. Estamos, pues, ante un tipo con cinco sombreros un médico, empresario, abogado, propietario hospitalario, presidente de lobby, columnista y, ahora, propietario del diario sectorial de referencia. Cinco sombreros y medio. A mí, que soy muy básico y tengo que esforzarme por tener dos, me parece ya una acumulación respetable.
El problema es que quien escribe las crónicas del sector sanitario español pasa, desde ya, a depender económicamente de alguien que usa a diario cinco sombreros diferentes para pelear batallas públicas concretas en el sector sanitario
Recuerden ustedes esta declaración literal suya en LinkedIn, noviembre de 2025: «El modelo de gestión de la Sanidad pública directa es lo más improductivo e ineficiente que existe». Una frase legítima como opinión de un empresario del sector privado. Una frase imposible de digerir como línea editorial de un medio que cubre precisamente ese modelo.
El pequeño detalle que nadie quiere mirar, icompatibilidades
Porque aquí hay algo que conviene no olvidar, aunque incomode. En 2024, la hermana mayor del Imperator, Carmen Abarca Cidón, presentó una querella contra sus tres hermanos -incluido el propio Juan y su hermano Alejandro, consejero delegado del grupo- por presunta estafa, falsedad en documento mercantil y deslealtad profesional, según recogieron entonces El Confidencial, El Cierre Digital y PlantaDoce. Reclamaba, según esas mismas informaciones, una diferencia patrimonial que cifraba en el entorno de los 17,3 millones de euros respecto al precio al que se habían valorado sus acciones. La Audiencia Provincial de Madrid desestimó finalmente los recursos de Carmen en abril de 2025 y descartó los delitos, según recogió ConSalud. En sede judicial, los hermanos salieron limpios. Estupendo. Procede recordarlo con toda claridad para no incurrir en ningún abuso informativo. Pero, perdónenme la traviesa, aquí no estamos hablando de una sentencia: estamos hablando del tipo de cobertura que un medio sectorial va a dar a su dueño cuando ese dueño, su hermano consejero delegado y sus abogados vuelvan a tener un conflicto jurídico -que, viendo el historial, no es nada descartable.-
Si mañana Redacción Médica tiene que cubrir los juicios que los propios hermanos Abarca han tenido en los tribunales en los últimos años, ¿qué hará? ¿Publicará? ¿Matizará? ¿Aplazará hasta que escampe?
Porque además de la querella familiar, está el conflicto previo de los minoritarios (la familia Espiga Calderón, por ejemplo, a la que incluso llegó a asesorar el despacho del ex líder de Ciudadanos Albert Rivera), la multa de 200.000 euros de la Agencia Española de Protección de Datos por deficiencias en la trazabilidad de historiales médicos, las sociedades instrumentales en Luxemburgo y Miami que en su día desveló elDiario.es… No digo, ni mucho menos, que ninguna de estas cosas hunda al grupo ni descalifique a Abarca. Digo que son asuntos que un medio especializado serio debería poder cubrir sin parpadear.Y digo que me cuesta creer que la redacción actual, con la nómina firmada por el que sale en las portadas, lo vaya a hacer con la misma soltura que antes. ¿Cubrirá Redacción Médica la próxima querella familiar si la hay? ¿Cubrirá el próximo auto de un juez que dé la razón a un minoritario? Son preguntas, no acusaciones.
La cifra que nadie acaba por explicarse
Y ahora, el asunto que me tiene más intrigado: seis millones de euros. Según todas las fuentes del sector recogidas durante la operación, ese es el precio que se cita para la compra de Sanitaria 2000, la editora de Redacción Médica. La cifra no está confirmada oficialmente, conviene repetirlo. Pero si es aproximadamente cierta, es divertida, es delirante. Y digo delirante con conocimiento, no como exclamación.
Expliquémonos. Redacción Médica es un medio digital especializado, respetable, con una buena base de lectores sectoriales. Pero es, a efectos financieros, un medio digital. Los medios digitales sectoriales se compran, por múltiplos habituales de mercado, en torno a 4-6 veces EBITDA cuando hay beneficios sólidos, o a 1-2 veces facturación cuando no los hay. Para que un medio así valga seis millones, tendría que facturar bien por encima de los tres o cuatro millones anuales con márgenes decentes. Y no parece que estemos hablando de esa envergadura. Hablando en plata: con seis millones, en 2026, te compras varios medios sectoriales en este país. No uno. Varios.
Entonces, ¿por qué seis millones? Caben tres hipótesis. La primera, que las fuentes estén exagerando y la cifra real sea bastante menor. Plausible; nadie ha confirmado el importe. La segunda, que haya un sobreprecio que se justifica por el «valor estratégico» del activo para el comprador. Esto, en el mundo normal, significa: el comprador paga una prima porque el medio vale más para él que para cualquier otro comprador. ¿Por qué vale más para él? Pues porque controla la narrativa de un sector donde tiene 663 millones en facturación en juego y un lobby que presidir.
Y la tercera hipótesis, que no descarto pero tampoco afirmo: que haya algo más en esta compra que lo que aparece en el powerpoint. No sé qué. Puede que una operación de diversificación patrimonial más amplia. Puede que un acuerdo de contenidos cruzados con anunciantes estratégicos. Puede que, sencillamente, un capricho caro de quien tiene margen para permitírselo. Pero cuando el precio que corre no cuadra con las matemáticas habituales, y el comprador tiene historial conocido de estructuras societarias elaboradas, es de buen oficio preguntar. Yo, que tengo la mala costumbre de preguntar, me pregunto. Y mientras no me respondan, sigo preguntando.
El community manager y el púlpito
Y llegamos al hilo que más me divierte, para qué nos vamos a engañar. Juan Abarca Cidón tiene, en términos técnicos, hambre de altavoz. LinkedIn es su cuartel general, su templo y su escenario. Abran el perfil y comprobarán: hilos diarios, tesis argumentadas, fotos con figuras del poder político y empresarial, reflexiones sobre todo lo humano y lo sanitario. Hay quien lo lee con atención y aprende; hay quien lo sigue con curiosidad antropológica; y hay quien, como un servidor, no puede evitar imaginarse al community manager detrás de la pantalla midiendo impactos, engagement rate y alcance orgánico ponderado por sector.
Nada de esto es malo en sí mismo. Es más: en la era de la comunicación pública, es estrategia básica. Y en su caso, funciona. Abarca es, probablemente, el empresario sanitario español con más presencia digital. Le gusta y podríamos decir que ha hecho los deberes. Se lo reconozco. Pero tener hambre de altavoz y comprarte un altavoz son dos cosas distintas. Y la combinación empieza a ser llamativa.
Porque aquí el patrón se repite. Columnista habitual en Redacción Médica: normal. Presidente de la Fundación IDIS: normal. Ponente en observatorios, simposios y jornadas: normal. Autor de una tesis doctoral en sanidad pública: normal. Todos esos altavoces, ganados uno a uno, son legítimos. Pero cuando después se compra el altavoz final -el que publica las crónicas del sector- para cerrar el círculo, uno tiene derecho a preguntarse si lo que estamos viendo es una estrategia de influencia sanitaria o una acumulación egocéntrica de canales. Probablemente sea un poco de cada cosa. Pero conviene decirlo, porque el lector medio no suele hacerse estas preguntas. Y el día que las hace, suele ya ser tarde.
Cuatro preguntas a Juan Abarca
Lanzadas con respeto pero con franqueza.
- Una. ¿Quiénes estarán en ese «comité editorial externo» prometido? ¿Profesionales independientes de verdad, o personas con vínculos presentes o pasados con HM Hospitales, la Fundación IDIS, Promede o el ecosistema de la sanidad privada en general? ¿. Déjenme revisar la lista cuando se publique -veremos si lo hace-. Pienso repasarla con lupa.
- Dos. ¿Cuánto se ha pagado exactamente por la operación? ¿Cuál es la estructura societaria del comprador? ¿Quién ha financiado la compra? Seis millones son seis millones. Si la cifra es otra, publíquela usted con el mismo entusiasmo con el que publica cada hito empresarial en LinkedIn. Si es esa, explique el porqué, porque los números no cuadran con los múltiplos habituales del sector y eso, en periodismo económico, no es un detalle.
- Tres. Si mañana su hermana Carmen -o los minoritarios, o un exempleado, o un nuevo querellante vuelven a los tribunales contra HM, ¿Redacción Médica lo cubrirá como cubriría una demanda contra cualquier otro grupo sanitario? Si la respuesta es «por supuesto», bienvenida sea. Pero guardémoslo por escrito y contrastemos en el futuro porque el conflicto es evidente.
- Cuatro. ¿Por qué ahora? ¿Por qué un medio sectorial con 25 años de trayectoria pasa a manos de uno de los actores económicos más poderosos de su sector justo cuando el debate público sanidad pública versus privada está más encendido que nunca? No me digan que es casualidad. Cuando un estratega compra el megáfono justo antes de la batalla, no lo hace por decoración.

La gran mentira educada del sector mediático
Todos los dueños de medios prometen independencia editorial el día de la compra. Todos. Sin excepción, jamás se ha visto lo contrario. Y luego, a los tres años, el mismo medio ha corregido imperceptiblemente el ángulo en siete temas estratégicos, ha echado a cuatro periodistas incómodos y ha ascendido a dos columnistas de la casa. No porque sean malvados. Porque es lo que hace la gravedad en los medios: el agua baja al desnivel, y la redacción también.
La trampa de la independencia prometida es el capítulo que nadie incluye en los másters de periodismo. Pero cualquiera que haya trabajado en una redacción con dueño concentrado ha visto con sus propios ojos cómo funciona. Lo vi yo. Lo ha visto mi colega. Lo ha visto el suyo. Y por eso, cuando oigo prometer «plena independencia editorial», me dan ganas de contar los días hasta que se demuestre lo contrario.
Qué propongo al sector
Porque quejarse es gratis, y yo prefiero dejar también deberes concretos sobre la mesa:
- Primero, que la Asociación de la Prensa de Madrid y el Colegio Oficial de Médicos se pronuncien institucionalmente sobre la operación. En cualquier otro sector lo harían. Si aquí no lo hacen, estarán admitiendo que en sanidad rigen estándares deontológicos más laxos que en automoción, telecomunicaciones o distribución.
- Segundo, que el comité editorial del nuevo Redacción Médica se componga sin un solo miembro vinculado a HM Hospitales, IDIS, Promede o empresas suministradoras de estos grupos. Si eso deja el comité con tres personas de verdad, que sean tres. Mejor pocos y limpios que muchos y comprometidos.
- Tercero, que los grandes anunciantes farmacéuticos y tecnosanitarios exijan transparencia editorial por escrito. Porque si mañana el medio se vuelve un escaparate del grupo propietario, ellos acaban pagando por publicar en el púlpito privado del competidor.
- Y cuarto, al propio Abarca, con todo el respeto: publique en Redacción Médica, desde ya, una lista pública de los temas en los que el medio se declara potencialmente afectado por conflicto de interés del propietario. Listas de espera, desgravación fiscal del seguro privado, conciertos público-privados, ratios de personal, modelo concesional, procesos judiciales del grupo. En cada pieza de esos temas, una etiqueta al pie: «El propietario de este medio tiene interés económico directo en esta materia.» Los anglosajones serios lo hacen. En España todavía no. Empecemos. No es mucho pedir. Es lo mínimo.
Lo que de verdad está en juego
Este movimiento, por sí solo, no es el fin de la democracia sanitaria española. Tampoco es que Juan Abarca sea Mbappé, ni es Berlusconi, ni tampoco Redacción Médica no es Rete 4, ni es que España sea la Italia de los noventa. Vamos a calmarnos todos.
Pero esto es un síntoma. Un síntoma de cómo se está reconfigurando, poco a poco y sin resistencia, el espacio informativo especializado en España. Los medios independientes sangran ingresos. Los tradicionales caen en manos de grupos con agenda. Los sectoriales se compran-quizá con prima, quizá sin ella- como se compra un escaparate bien situado. Y el ciudadano, que es el único que no participa en el reparto, se queda leyendo textos que cree neutrales y no lo son. No es un problema Abarca. Es un problema España.
Cuando uno lee prensa cuya propiedad tiene interés directo en el tema que cubre, acaba por perder el criterio para distinguir información de propaganda.
P.D.: Si el nuevo Redacción Médica demuestra con hechos -con piezas incómodas para su propietario publicadas durante los próximos 24 meses, incluyendo coberturas sin anestesia de posibles nuevos contenciosos familiares o judiciales del grupo que mi escepticismo estaba injustificado, rectificaré con el mismo entusiasmo con el que hoy denuncio. No tengo problema alguno en equivocarme y decirlo en público. Y si es así en 12 meses lo haré. El problema es que, desde ya, la carga de la prueba la tiene él. Hasta esta semana, Redacción Médica tenía todo el crédito periodístico que se había ganado durante 25 años. Desde hoy, tiene el crédito que le quiera conceder a futuro el Imperator avispado.




