Ayer, el Pentágono incluyó al gigante chino de los coches eléctricos BYD en su lista negra de compañías vinculadas al ejército chino, un movimiento que pone al límite la frágil tregua comercial que Donald Trump y Xi Jinping renovaron hace apenas un mes en Pekín. La decisión, filtrada este martes, eleva a 188 las empresas chinas señaladas por Washington y desata de inmediato la reacción de BYD: niega las acusaciones y anuncia un ‘arma legal’ para defender su reputación.
La inclusión en la lista del Department of Defense, creada en 2021, no es solo un golpe reputacional. Trump endurece sin pausa el cerco a las grandes tecnológicas chinas; en el último año, el número de firmas sancionadas ha pasado de 134 a 188, y ya son muy pocos los gigantes que se libran. Ayer también sumó a Alibaba y a Baidu, los líderes del comercio digital y las búsquedas en China.
Un fabricante que planta cara con datos y amenazas
He repasado los números de BYD y lo que veo es a un líder global que no puede permitirse dudas sobre su integridad. En 2025 superó a Tesla como el mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo, y su presidente, Wang Chuanfu, acaba de anunciar en junta de accionistas que la compañía se convertirá en el mayor productor automovilístico global en un lustro. Pero el momento no es cómodo: las acciones de BYD han cedido un 45 % en la bolsa de Hong Kong desde el pico de 2025, y un 33 % en Shenzhen, presionadas por una guerra de precios salvaje en el mercado doméstico que el Gobierno chino intenta frenar.
- BYD entregó 4,6 millones de unidades en 2025, siendo el sexto fabricante mundial, lejos de los 10 millones de Toyota.
- La segunda generación de sus baterías Blade es la apuesta de Wang para superar el atasco productivo.
- La ejecutiva internacional Stella Li ha dejado claro en Londres que la empresa no aceptará un trato sumario: ‘No es una compañía a la que se pueda zarandear.
‘Somos una compañía privada y nunca hemos hecho negocios con el sector militar’, ha declarado un portavoz de BYD a EL PERIÓDICO desde su sede en Shenzhen.
La tregua Trump-Xi, un castillo de naipes
Lo que me parece más relevante, más allá de la reacción corporativa, es el contexto geopolítico. La tregua comercial se pactó en 2025 en Corea del Sur y se renovó el mes pasado en Pekín; ahora mismo, la inclusión de BYD en la lista negra demuestra que la desconfianza estratégica es más profunda que cualquier apretón de manos. El argumento del Pentágono es sencillo: cualquier gran tecnológica china, por el mero hecho de serlo, contribuye al desarrollo del Ejército de Liberación Popular y supone un riesgo para la seguridad nacional de Estados Unidos. El congresista republicano John Moolenar, al frente del Comité de competición estratégica con China, lo ha resumido con contundencia: ‘Las compañías estadounidenses tienen que detener sus negocios con aquellas amenazas a nuestra seguridad nacional; de lo contrario solo están ayudando al crecimiento del ejército chino’.
Pero la escalada no es gratis. La semana pasada ya vimos cómo los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio europeos —y sus represalias— estaban reavivando viejos frentes comerciales. Ahora, una crisis de confianza con Pekín puede acelerar la fragmentación de las cadenas de suministro, encarecer la transición verde y reavivar el risk-off en los mercados emergentes. De momento, el yuan no ha reaccionado con dramatismo, pero los spreads de crédito empiezan a reflejar más cautela.
🌍 El impacto en España y Europa
Para los lectores españoles, el movimiento del Pentágono tiene varios ángulos concretos:
- Financiación y Euríbor: un deterioro de la relación comercial entre Washington y Pekín suele impulsar la aversión al riesgo y fortalecer al dólar. Eso añade presión a la financiación en euros y puede retrasar nuevos recortes del BCE, manteniendo el Euríbor más alto de lo previsto en los próximos trimestres.
- Sector del automóvil: BYD ya comercializa en varios mercados europeos y tiene planes de expansión en España. La lista negra no afecta directamente a sus ventas en la UE, pero la creciente hostilidad podría traducirse en barreras adicionales o aranceles que encarezcan sus vehículos. Para la competencia —como Seat o las plantas de Stellantis en España—, un freno a BYD supondría un alivio temporal en precio, aunque a costa de un entorno comercial más volátil.
- Exportaciones españolas a China: en 2025, España exportó bienes por más de 8.000 millones de euros al gigante asiático, sobre todo en componentes de automoción y bienes de equipo. Una escalada de sanciones mutuas pondría en riesgo esos flujos, justo cuando la economía de la eurozona intenta consolidar su recuperación.
En definitiva, lo que esta semana ha hecho el Pentágono no es solo una medida administrativa. Es una señal de que la guerra fría tecnológica sigue escalando, con o sin treguas verbales.





