La crisis de los fertilizantes en Europa amenaza con escasez de alimentos: la advertencia del comisario de Agricultura

Christophe Hansen alerta de que sin soluciones estructurales la UE sufrirá carestía alimentaria, mientras Bruselas moviliza ayudas de 500 millones de euros pero pide reformas en la cadena de suministro.

La advertencia no admite matices. He analizado las declaraciones del comisario europeo de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, a Euronews y el mensaje es claro: sin soluciones estructurales para el suministro de fertilizantes, la Unión Europea se encamina hacia una escasez de alimentos. La crisis en Oriente Medio ha disparado los costes de producción agrícola, pero el problema viene de lejos.

El plan de Bruselas: más de 500 millones en ayudas inmediatas

La Comisión Europea presentó en mayo el Plan de Acción sobre Fertilizantes, una respuesta que incluye apoyo financiero directo. Hansen adelantó que este viernes se revelará la cuantía exacta que se propondrá a la autoridad presupuestaria, pero confirmó que superará los 500 millones de euros.

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  • 200 millones de euros procedentes de la reserva de crisis de la Política Agrícola Común (PAC).
  • 300 millones adicionales en ayuda complementaria.
  • Los Estados miembros podrán aumentar la dotación en un 200%, lo que elevaría el presupuesto total hasta 1.500 millones de euros.

El comisario, hijo y hermano de agricultores, insistió en que el alivio inmediato es imprescindible, pero insuficiente sin reformas de fondo. “Muchos agricultores en toda Europa se plantean no producir cultivos porque se ha vuelto demasiado caro y no pueden trasladar los costes con facilidad, ya que compiten en un mercado abierto”, advirtió.

Las causas estructurales: dependencia energética y de importaciones

Lo que realmente me ha llamado la atención del análisis de Hansen es la crudeza del diagnóstico. La crisis de fertilizantes no es nueva: entre 2020 y 2024 los precios subieron un 60% por el shock energético derivado de la invasión rusa de Ucrania. Ahora, el conflicto en Oriente Medio añade una segunda sacudida consecutiva.

“Necesitamos hacer los deberes y abordar los problemas para que los fertilizantes no solo estén disponibles sino que también sean asequibles; de lo contrario, habrá escasez de alimentos en la Unión Europea”. — Christophe Hansen, comisario europeo de Agricultura, entrevista con Euronews, 10 de junio de 2026

El punto débil es la dependencia del gas natural importado para fabricar fertilizantes nitrogenados. Entre el 40% y el 45% de los fertilizantes que utiliza la UE se importan de terceros países, lo que deja al sector agroalimentario expuesto a interrupciones geopolíticas y a la diplomacia alimentaria que, como recalcó Hansen, “está ocurriendo ahora mismo”.

Eficiencia, reciclaje y alianzas: la hoja de ruta a largo plazo

Bruselas apuesta por tres pilares estratégicos: mayor uso de fertilizantes orgánicos, mejora del reciclaje de nutrientes y fomento de la agricultura de precisión. “Hay mucho que ganar con la eficiencia y un mejor uso de los nutrientes”, afirmó el comisario. No obstante, reconoció que Europa no puede autoabastecerse de todas las materias primas necesarias, por lo que también necesita forjar “alianzas internacionales fiables”. En este contexto se enmarca la reunión de ministros de Agricultura del G7 del pasado lunes, centrada precisamente en frenar la escalada de costes de los fertilizantes.

En mi lectura, estas medidas tienen un coste inicial, pero como argumentó Hansen, “a medio y largo plazo será menos caro que seguir siendo excesivamente dependientes”. La secuencia de crisis —energética primero, geopolítica después— demuestra que la vulnerabilidad de la cadena alimentaria europea es un riesgo sistémico que ya no puede ignorarse.

🌍 El impacto en España y Europa

El encarecimiento de los fertilizantes se trasladará inevitablemente a los costes de producción del campo español, que ya arrastra márgenes muy ajustados. La consecuencia directa será un nuevo repunte de la inflación de los alimentos en el IPC, justo cuando el Banco Central Europeo confiaba en mantener la senda de moderación de precios. Para los hogares españoles, cada punto adicional en la cesta de la compra erosiona el poder adquisitivo y complica la ecuación del ahorro.

Además, la activación de la reserva de crisis de la PAC supone un desembolso comunitario que podría tensar los presupuestos nacionales en un momento en que España debe cumplir con las reglas fiscales europeas. El sector exportador agroalimentario, uno de los motores del superávit comercial español, se enfrenta a una pérdida de competitividad si los costes de los insumos siguen al alza sin poder repercutirse en los precios finales. Bruselas lanza un mensaje de urgencia que los agricultores españoles conocen bien: sin fertilizantes asequibles, la próxima cosecha está en juego.


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