El cierre prolongado del Estrecho de Ormuz ha empujado a Goldman Sachs a revisar al alza su previsión del crudo, ante lo que el banco define como caídas ‘extraordinarias’ de inventarios globales. La decisión, conocida este lunes, llega en un momento en que el mercado físico empieza a notar la falta de barriles del Golfo Pérsico y los compradores asiáticos compiten con los europeos por cargamentos alternativos. El movimiento de Goldman es relevante porque su mesa de materias primas suele marcar el tono entre los grandes bancos de inversión.
La pregunta ya no es si habrá impacto en los precios. Es cuánto durará.
Goldman Sachs eleva la previsión del precio del petróleo ante el shock de Ormuz
Según adelantó Bloomberg, el banco estadounidense ha modificado al alza su escenario base para el Brent y el WTI tras constatar que los inventarios comerciales se están drenando a un ritmo no visto en los últimos años. La firma habla de extreme inventory draws, una expresión que en su jerga técnica implica retiradas de existencias muy por encima de la media estacional. Es decir, el mercado está consumiendo más barriles de los que entran, y lo está haciendo semana tras semana.
El detonante es conocido: la clausura del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial. Cada día que el paso permanece bloqueado, Arabia Saudí, Emiratos, Kuwait, Irak e Irán pierden capacidad de colocar crudo en los mercados internacionales. Los oleoductos alternativos —el Este-Oeste saudí o el Habshan-Fujairah emiratí— operan cerca de su capacidad técnica, pero no compensan ni de lejos el volumen marítimo perdido. Los datos disponibles en la página de la EIA muestran que por Ormuz pasaban en condiciones normales unos 20 millones de barriles diarios.
La revisión de Goldman se produce, además, en un contexto de demanda firme en Asia. China no ha frenado sus importaciones pese a los precios al alza, y la India ha activado compras de emergencia para asegurar suministro al inicio del verano boreal.
Implicaciones inmediatas para el mercado y para España
El impacto del shock no se reparte de forma homogénea. Europa, y España en particular, importa una parte significativa de su crudo y, sobre todo, de su gas natural licuado desde el golfo Pérsico. Cabe recordar que Qatar, principal proveedor histórico de GNL para varios países europeos, embarca su producción precisamente a través de Ormuz. Cualquier cierre prolongado tensiona simultáneamente el mercado del crudo y el del gas, una combinación que en 2022 ya conocimos demasiado bien.
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia tendrá que vigilar de cerca la traslación de los precios mayoristas al consumidor final. Los operadores del Mibgas y los carburantes en estación de servicio reaccionan con desfase, pero reaccionan. Y los márgenes de refino, que llevan meses en territorio elevado, podrían ampliarse aún más si el diferencial entre crudo pesado del Golfo y crudos ligeros alternativos se dispara.
¿Estamos ante un nuevo episodio de inflación energética importada? Es pronto para afirmarlo con rotundidad, pero las condiciones recuerdan a las de hace cuatro años. La diferencia es que ahora el Banco Central Europeo no tiene el mismo margen para acomodar un repunte de precios sin tensar de nuevo la política monetaria. Los datos del último boletín económico del Banco de España ya advertían de que el componente energético del IPC había dejado de restar a la inflación general.

Análisis: por qué este shock se parece y se diferencia de los anteriores
He cubierto los últimos tres grandes episodios de tensión en el petróleo —la invasión de Ucrania, la crisis del Mar Rojo y los recortes voluntarios de la OPEP+ de 2023— y cada uno tenía su propia firma. El de Ormuz tiene una característica que lo hace particularmente delicado: no hay sustitución geográfica posible. Cuando Rusia dejó de venderle a Europa, los barriles rusos acabaron en India y China, y los del Golfo viajaron al Atlántico Norte. El sistema absorbió el desplazamiento. Pero si lo que se cierra es Ormuz, no hay rotación que valga: ese crudo sencillamente no sale.
Esa es la razón por la que Goldman habla de caídas ‘extraordinarias’ de inventarios. No es un problema de logística reorganizable, es una pérdida neta de oferta global mientras dure el cierre. Y aquí está el matiz que me parece importante señalar: los mercados están descontando una resolución rápida que no tiene por qué producirse. La curva de futuros sigue mostrando un fuerte backwardation, pero no del tamaño que cabría esperar si los operadores creyeran de verdad en un cierre prolongado.
Mi lectura es que existe complacencia. La memoria del mercado tiende a asumir que los episodios geopolíticos en Oriente Medio se resuelven en semanas, no en meses. Esa hipótesis ha funcionado durante décadas. Pero el contexto regional actual —con varios actores estatales y no estatales implicados, sin un canal diplomático claro— no garantiza ese desenlace, que el optimismo de los inversores da por hecho.
El próximo hito a vigilar será la reunión ministerial de la OPEP y el comportamiento de los inventarios estadounidenses en los informes semanales. Si las caídas siguen al ritmo descrito por Goldman durante cuatro semanas más, la previsión actual del banco se quedará corta. Y entonces el debate ya no será si hay shock, sino cómo se reparte el coste.




