El problema de la IA en las empresas es real: 8 de cada 10 empleados exige formación

La inteligencia artificial está dejando atrás la fase de prueba para convertirse en un requisito competitivo. Las empresas que no sean capaces de integrar estas tecnologías de forma efectiva corren el riesgo de quedarse atrás.

La mayoría de las empresas españolas ya ha dado el primer paso con la inteligencia artificial: invertir en tecnología. Sin embargo, la conversión de esa inversión en resultados tangibles sigue siendo limitada. Solo el 11,4% de las compañías de más de diez empleados utiliza soluciones de IA en su operativa, y en muchos casos su aplicación continúa en fase experimental. ¿El problema? la formación.

Este escenario refleja una brecha clara entre intención y ejecución. Mientras las grandes corporaciones avanzan con niveles de adopción cercanos al 44%, gran parte del tejido empresarial, especialmente pymes, sigue sin integrar la IA en su día a día. La diferencia no está en el acceso a la tecnología, sino en la capacidad para aplicarla de forma efectiva.

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La formación, el verdadero cuello de botella

El factor diferencial no es la herramienta, sino el conocimiento. La falta de formación se ha convertido en el principal obstáculo para avanzar. El 78% de los trabajadores considera que su empresa debería proporcionar formación específica para trabajar con tecnologías digitales como la IA, una demanda que en muchos casos no se está atendiendo.

Esta necesidad de formación no es puntual, sino estructural. La velocidad a la que evolucionan estas tecnologías obliga a actualizar conocimientos de forma constante, algo que muchas organizaciones aún no han incorporado a su estrategia.

“La mayoría de las empresas no tiene un problema de acceso a la IA. Tiene un problema de capacidad interna para usarla con impacto”, explica Adrián Aira, CEO de Elev8.

Herramientas sin cambio operativo

Una de las tendencias más habituales es la acumulación de soluciones tecnológicas sin una transformación real de los procesos internos. Las empresas adquieren herramientas, pero no modifican la forma en la que trabajan.

El problema de la IA en las empresas es real 8 de cada 10 empleados exige formación
El problema de la IA en las empresas es real 8 de cada 10 empleados exige formación

En este contexto, la formación vuelve a aparecer como elemento clave. Sin una base sólida, las herramientas quedan infrautilizadas o se convierten en iniciativas aisladas sin impacto real en la productividad.

“El error más común es empezar por la herramienta. Se compra tecnología esperando resultados inmediatos, pero sin haber preparado antes a los equipos para utilizarla”, señala Aira.

Una formación poco efectiva y desconectada del negocio

No todas las iniciativas de formación generan resultados. En muchos casos, los programas existentes presentan carencias que limitan su impacto real dentro de las organizaciones.

Entre los problemas más frecuentes destacan la falta de alineación con el negocio, la ausencia de aplicación práctica y la desconexión con el nivel real de los equipos. A esto se suma la falta de métricas que permitan evaluar el impacto de la formación en la operativa diaria.

Esta situación provoca que la formación no se traduzca en cambios reales. Los empleados reciben conocimientos, pero no encuentran la forma de aplicarlos en su trabajo.

Formar mejor, no solo formar más

El reto no pasa por aumentar el volumen de formación, sino por mejorar su enfoque. Las empresas necesitan diseñar programas que estén conectados con sus objetivos, que respondan a necesidades concretas y que permitan aplicar la IA en tareas reales.

Cuando la formación se plantea de forma adecuada, deja de ser un elemento aislado y se convierte en una palanca de cambio dentro de la organización. La clave está en integrar el aprendizaje en la operativa diaria.

“Cuando la formación está bien planteada, la IA deja de ser una iniciativa aislada y pasa a formar parte de cómo trabaja el equipo”, explica Aira.

2026: de la experimentación a la exigencia

El contexto actual marca un punto de inflexión. La inteligencia artificial está dejando atrás la fase de prueba para convertirse en un requisito competitivo. Las empresas que no sean capaces de integrar estas tecnologías de forma efectiva corren el riesgo de quedarse atrás.

En este escenario, la formación adquiere un papel estratégico. No se trata solo de entender la tecnología, sino de convertirla en una capacidad interna que impulse la productividad y la innovación.

La diferencia no la marcará quién adopte antes la IA, sino quién sea capaz de aplicarla con criterio. Y en ese proceso, la formación será el factor que determine qué empresas consiguen transformar la inversión en resultados reales.


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