La dependencia energética de España ha pasado del 85% al 70% en las últimas dos décadas, una mejora de 15 puntos que el vicepresidente de Gesternova, Jorge González Cortés, atribuye directamente al despliegue masivo de renovables. El directivo desgranó las cifras que confirman la rentabilidad de la transición limpia y cómo este avance fortalece la soberanía económica del país.
De 85% a 70%: menos dinero para el gas y más independencia
La factura energética exterior ha sido históricamente una losa para la economía española. González Cortés recuerda que, en los años de mayor dependencia, España gastaba en importar combustibles fósiles el equivalente a lo que ingresaba por turismo unos 50.000 millones de euros anuales. ‘Es decir, España se gastaba en importar energía lo mismo que ingresaba por turismo’, subraya. Hoy, con una menor necesidad de petróleo, gas y uranio —este último, en un 35% procedente de Rusia—, la sangría de divisas se ha reducido de forma estructural.
La dependencia energética europea, según la definición técnica, se sitúa en el 54-56%, y aunque España aún supera esa media, el recorte de 15 puntos es uno de los más acusados del continente. La clave, explica el vicepresidente de Gesternova, está en el efecto deflactor de la fotovoltaica y la eólica sobre el mercado mayorista. ‘Toda esa energía que entra ahora en el mercado tiene un coste marginal muy bajo y, cuando antiguamente estaba en el régimen especial, ofertaba a precio cero’, detalla.
Electricidad barata que no llega al recibo: el cuello de botella tarifario
A pesar de que en muchas horas solares el precio en el pool eléctrico ronda los cero euros e incluso registra valores negativos, la factura que paga el consumidor español no es la más baja de Europa. El ejecutivo culpa a la estructura de peajes y cargos que regula la administración. ‘El sector eléctrico ha hecho un esfuerzo muy importante para desplegar el uso masivo de renovables, pero ahora lo que falta es la demanda’, afirma.
Para González Cortés, la solución pasa por trasladar el consumo a las horas de máxima generación renovable mediante señales de precio que hoy no existen. Si se corrigiera la configuración tarifaria, los hogares y las empresas podrían beneficiarse plenamente de una electricidad limpia y barata, reduciendo además la dependencia de los respaldos fósiles o nucleares.
La fotovoltaica tiene un efecto deflactor sobre el precio mayorista, pero esa ventaja no se traslada al recibo doméstico porque la tarifa no incentiva el consumo en las horas de máxima generación.

📊 Impacto ecológico en cifras
- Dependencia energética: Reducción de 15 puntos porcentuales (del 85% al 70%) en dos décadas.
- Ahorro en importaciones: Se evita un gasto anual de 50.000 millones de euros en combustibles fósiles, equiparable a los ingresos turísticos.
- Efecto precio: La generación renovable provoca horas con precio cero o negativo en el mercado mayorista, abaratando el coste marginal.
- Emisiones evitadas: Al sustituir combustibles fósiles, se reduce la factura de CO₂, aunque el directivo no cuantifica la cifra exacta.
La nuclear, ¿solución o distracción? Los números que enfrían el debate
El debate nuclear ha vuelto con fuerza tras el apagón del 28 de abril de 2025, que evidenció la necesidad de mantener la estabilidad del sistema eléctrico. González Cortés defiende que las centrales ya construidas deben seguir operando mientras sean necesarias, pero poner en marcha otras nuevas es sencillamente inviable desde el punto de vista económico. El coste de los tres últimos reactores europeos —Hinkley Point C en Reino Unido, Flamanville en Francia y Olkiluoto 3 en Finlandia— ronda los 20.000 millones de euros por unidad, con plazos de construcción de al menos 20 años.
Además, la energía nuclear no elimina la dependencia exterior: el 35% del uranio que consumen las centrales españolas procede de Rusia. En este contexto, la alternativa renovable, combinada con almacenamiento y gestión activa de la demanda, se perfila como la opción más rentable y soberana. ‘Las cuentas son las que impiden que se construyan nuevas centrales nucleares’, zanja el vicepresidente.
La deuda pendiente: una tarifa que premie la flexibilidad y un bono social justo
Más allá de la tecnología, la entrevista revela una cuestión de política energética que la transición no puede ignorar. González Cortés critica que el bono social se financie con cargo al sistema eléctrico, es decir, que los consumidores que no lo reciben paguen el de quienes sí lo hacen. Propone que pase a los Presupuestos Generales del Estado como una prestación social más, lo que aliviaría el recibo de la luz y sería más equitativo. ‘La pobreza energética no es una cuestión que afecte solo a los que consumen luz; es una cuestión de solidaridad’, sentencia.
Corregir estas distorsiones es fundamental para que el ciudadano perciba en su bolsillo la rentabilidad de las renovables. Mientras la factura siga sin reflejar el coste real de la energía en las horas solares, el efecto dominó sobre la electrificación del transporte y la calefacción se diluye. La oportunidad está sobre la mesa: una España que ya ha logrado reducir su dependencia en 15 puntos puede aspirar a superar el 50% de cobertura renovable en el uso final de energía si alinea la regulación con la realidad del mercado.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: Una reducción de 15 puntos porcentuales en la dependencia energética nacional, que ahorra miles de millones en importaciones y blinda la economía frente a crisis geopolíticas.
- Modelo que cambia: La sustitución de combustibles fósiles importados por generación renovable autóctona convierte la energía en un factor de estabilidad, en lugar de vulnerabilidad.
- Para las próximas generaciones: Un sistema eléctrico más soberano, limpio y barato si se acompaña de una tarifa inteligente, allana el camino hacia una descarbonización plena sin renunciar al crecimiento.




