Úrsula Campos, experta en oposiciones: “El cerebro evita memorizar; supone un gasto de energía que intenta esquivar”

Úrsula Campos revela por qué el cerebro evita memorizar y cómo entrenarlo con método. Sus técnicas desmontan errores habituales y ofrecen claves prácticas para retener información en un entorno dominado por distracciones y tecnología.

Memorizar es uno de los grandes retos de la vida académica y profesional, pero también uno de los más malentendidos. Úrsula Campos, diplomada en Enfermería y funcionaria de carrera desde 2011, ha convertido la enseñanza de técnicas de estudio en su vocación y hoy comparte los secretos que le permitieron superar dos oposiciones con éxito.

La creadora de la escuela virtual Yo Opositora, por la que han pasado más de 500 alumnas, explica por qué la mayoría de las personas creen que no saben memorizar cuando en realidad el problema es otro: nadie les ha enseñado a hacerlo bien.

Publicidad

Por qué el cerebro se resiste a memorizar

Por qué el cerebro se resiste a memorizar
Fuente: Agencias

Según un psicólogo alemán especializado en el estudio de la mente, a las 24 horas de aprender algo ya se ha olvidado la mitad. Tres días después solo se conserva el 30% y al cabo de una semana apenas queda el 3%. Con esas cifras sobre la mesa la pregunta es inevitable: ¿qué sentido tiene pasarse 13 años en el sistema educativo memorizando contenidos que el cerebro va a descartar casi por completo?

La respuesta de Campos no busca culpables sino comprensión. El cerebro no quiere memorizar porque eso supone una inversión de energía enorme», explica. El cerebro prefiere funcionar en modo ahorro para poder reaccionar ante imprevistos y por eso pone todo tipo de resistencias cuando se le pide un esfuerzo sostenido de retención.

Memorizar no es leer ni tampoco subrayar y esa confusión es el origen de la mayoría de los fracasos en los exámenes. Cuando alguien repasa un tema y todo le suena familiar cree que lo domina pero en realidad solo lo reconoce mientras lo tiene delante. Reconocer no es lo mismo que memorizar.

A esto se suma que la tecnología ha eliminado gran parte del entrenamiento diario que antes ejercitaba la memoria de forma natural. Ya nadie memoriza números de teléfono ni direcciones porque el móvil lo hace por ellos. El resultado es una capacidad de retención cada vez más débil justo cuando más se la necesita.

Las tres leyes de la memoria que cambian las reglas del juego

YouTube video

Frente a ese panorama Úrsula Campos propone un método basado en tres principios que ella llama las leyes de la memoria y que resume con el acrónimo IRA: impresión, repetición y asociación. El primero exige concentración real en el momento de estudiar porque lo que se aprende con distracciones se graba en arena y cualquier brisa lo borra. El segundo obliga a repasar y a trasladar la información a contextos distintos para consolidarla. El tercero es para Campos el más poderoso de todos.

La técnica de asociación por excelencia es el Palacio de la Memoria. Consiste en vincular cada concepto que se quiere memorizar a un objeto concreto de un espacio conocido como la propia habitación o la cocina de casa. De esta manera el cerebro crea disparadores visuales que permiten evocar la información con mucha más facilidad.

Cuantos más disparadores se tienen menos posibilidades hay de quedarse en blanco. Campos lo lleva tan lejos que utiliza las casas de su pueblo natal para aprenderse los textos de teatro sin que ningún olvido puntual le haga perder el hilo por completo.

Para quienes prefieren los esquemas la experta advierte de un error muy común: llenarlo todo de colores hasta convertir los apuntes en un cuadro pintado que resulta imposible de leer. El código de color solo funciona si es sencillo y coherente. El esquema es una herramienta para memorizar, pero no es la memorización en sí misma. El verdadero trabajo viene después cuando se cierra el folio y se intenta reproducir lo aprendido sin apoyo visual.

Úrsula Campos asegura que nadie nace sin capacidad para memorizar, sino que simplemente no ha tenido práctica ni herramientas. Cambiar ese diálogo interno es el primer paso y los resultados no tardan en llegar.


Publicidad