Alerta en Madrid: La plaga de cotorras se descontrola y ya afecta al precio de la vivienda en Aluche y Arturo Soria

Lo que empezó como una rareza en los parques de Madrid se ha convertido en una pesadilla para los vecinos de Aluche y Arturo Soria. El ruido, la suciedad y la sensación de abandono institucional están dejando huella en algo que nadie esperaba: el precio de los pisos.

¿Puede un pájaro bajar el precio de tu casa? En Madrid, la respuesta empieza a ser incómoda para miles de familias que llevan años conviviendo con colonias de cotorras que ni el Ayuntamiento ni la Comunidad han logrado controlar. El problema ya no es solo medioambiental: es vecinal, económico y político.

Los datos son contundentes. En 2025, la Comunidad de Madrid retiró más de 4.000 animales exóticos invasores del entorno natural y urbano, con la cotorra argentina como protagonista destacada. Y aun así, los vecinos de barrios como Aluche y Arturo Soria siguen reportando que el problema no remite, sino que se agrava cada temporada de cría.

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Madrid, capital sitiada: cómo la cotorra argentina conquistó la ciudad

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Lo que en los años noventa era una mascota exótica de moda se convirtió en una de las mayores amenazas para la biodiversidad urbana de Madrid. Las cotorras escapadas o liberadas encontraron en los parques y arbolado de la capital un ecosistema ideal: clima templado, abundante comida y ausencia de depredadores naturales. Hoy, sus colonias se cuentan por miles en cada distrito.

La expansión no entiende de barrios ricos ni pobres. Desde el Parque del Retiro hasta el Parque Pradolongo, desde Ciudad Lineal hasta Moratalaz, las colonias de cotorras han colonizado Madrid con una eficacia que avergüenza a cualquier plan de control municipal. El ruido que generan al amanecer y al atardecer —comparable al de una obra en plena calle— ha alterado la vida cotidiana de comunidades enteras.

El precio de la vivienda en Madrid y el efecto silencioso del ruido

El mercado inmobiliario de Madrid lleva años en ebullición, con subidas que superan el 20% interanual en muchas zonas. Pero los expertos en valoración advierten de algo que las estadísticas generales ocultan: la calidad acústica y ambiental de un barrio es uno de los factores que más influye en la decisión de compra, especialmente en segmentos medios. Cuando un vecindario se asocia a ruido crónico, suciedad en fachadas y sensación de abandono, el ajuste de precio llega aunque sea lento.

La cotorra argentina —catalogada oficialmente como especie exótica invasora en el Catálogo Español— no solo desplaza a gorriones y otras aves autóctonas. Sus nidos voluminosos dañan el arbolado, sus excrementos deterioran fachadas y mobiliario urbano, y su estrépito matutino convierte en invendible lo que antes era una ventaja: vivir cerca de un parque con árboles.

Aluche y Arturo Soria: dos barrios, el mismo hartazgo

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Aluche, en el distrito de Latina, y Arturo Soria, en Ciudad Lineal, son dos barrios con perfiles socioeconómicos muy distintos pero con una queja en común: las cotorras no se van. Los vecinos llevan años presentando quejas en el portal Decide Madrid, denunciando que las medidas de control son insuficientes, discontinuas y llegan tarde. La propuesta ciudadana registrada en 2026 con el código MAD-2026-03-39894 describe parques «plagados» de estas aves y exige al Ayuntamiento retomar el control de forma continua.

En Arturo Soria, donde el metro cuadrado supera con comodidad los 4.500 euros, el impacto es especialmente llamativo porque el comprador de ese perfil exige entornos tranquilos y bien mantenidos. Varios agentes inmobiliarios de la zona reconocen en conversaciones informales que los pisos con vistas a zonas arboladas muy colonizadas por cotorras reciben más objeciones y tardan más en cerrarse. En Aluche, con precios más ajustados y compradores más sensibles al precio-calidad, la percepción negativa del entorno puede ser el factor definitivo para descartar una opción.

Un plan de 3 millones que no funcionó: Madrid contra sus propias cotorras

En 2020, el Ayuntamiento de Madrid lanzó con gran fanfarria un plan de control valorado en casi 3 millones de euros con el objetivo de reducir la población de cotorras en un 90% en 23 meses. El resultado, años después, es que las cotorras siguen aquí y los vecinos siguen quejándose. La Comunidad retiró más de 4.000 ejemplares en 2025, pero los ornitólogos advierten: por cada cotorra retirada, la colonia se reorganiza si no se actúa de forma sistemática y sostenida en el tiempo.

El problema de fondo es estructural. Las cotorras no son fáciles de erradicar porque son aves inteligentes y sociales, capaces de detectar y eludir las trampas, y porque cualquier interrupción del programa de control permite que la población se recupere con rapidez. El investigador citado por El País en 2025 fue directo: «Si en España no se hace nada, acabaremos prácticamente con cotorra en todos los sitios».

IndicadorSituación en 2020Situación en 2026
Presupuesto municipal anti-cotorra3 millones € (plan 23 meses)Sin plan activo continuado
Ejemplares estimados en Madrid~13.000Sin datos oficiales actualizados
Barrios con quejas activasVarios distritos periféricosSe extienden a zonas de renta media-alta
Impacto sobre arbolado urbanoLocalizadoGeneralizado en parques de Ciudad Lineal y Latina
Respuesta institucionalPlan de exterminioPropuestas ciudadanas sin respuesta oficial

Lo que viene para Madrid: ¿solución real o convivencia forzada?

El horizonte no es catastrófico, pero tampoco es tranquilizador. Madrid tiene ante sí una decisión que ya no puede seguir aplazando: o implementa un programa de control permanente y financiado —como hacen algunas ciudades europeas con resultados demostrados— o asume que la cotorra argentina forma parte del paisaje urbano para siempre. La segunda opción tiene un coste invisible pero real para los propietarios de los barrios más afectados.

El consejo para quienes estén considerando comprar o vender en zonas como Aluche o Arturo Soria es claro: visitar los inmuebles en las franjas horarias críticas (amanecer y últimas horas de la tarde) para evaluar el impacto acústico real, y monitorizar si el Ayuntamiento retoma algún programa de control en los próximos meses. Un Madrid que tome en serio este problema puede recuperar el atractivo perdido en esos entornos; uno que lo ignore, seguirá viendo cómo sus vecinos votan con los pies —y con la cartera.


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