Hay personas que conviven con algo que la mayoría no puede ver ni escuchar. Raquel Sáez es médium y lleva toda la vida percibiendo la presencia de espíritus que buscan ser atendidos. Desde los siete años ha sido testigo de fenómenos físicos inexplicables y ha desarrollado una capacidad que, según ella, todos los seres humanos poseen en diferente medida.
Lo que comenzó como una figura vestida de negro sentada al pie de su cama en una casa nueva se convirtió en siete años de convivencia con algo que su familia no supo ni quiso nombrar. Raquel creció callando lo que veía por miedo al rechazo y no fue hasta los 29 años cuando decidió formarse y abrazar una habilidad que había intentado ignorar durante décadas. Hoy trabaja como médium profesional y enseña a otros a reconocer sus propias capacidades psíquicas.
Una infancia marcada por los espíritus: cuando lo inexplicable se vuelve cotidiano

La primera experiencia de Raquel ocurrió a los siete años en el piso al que acababa de mudarse con sus padres. Una noche de primavera sintió un frío particular que no era de invierno ni de frigorífico y de repente notó el peso de alguien sentado en los pies de su cama. Era una mujer de unos setenta años vestida como las antiguas viudas que la miraba fijamente. No era una imagen borrosa ni una sensación vaga. Era tan nítida como cualquier persona real.
Aquello fue solo el comienzo. Durante los años siguientes la radio se encendía sola a las tres de la mañana con el volumen al máximo, los objetos caían de las estanterías sin causa aparente y las páginas de los libros se pasaban solas mientras ella intentaba leer.
Raquel llegó a comprobar que no había corriente de aire ni ninguna explicación lógica. En una ocasión incluso sintió cómo algo arrancaba las páginas con lo que parecían uñas. Sus amigas también llegaron a ver a la figura en el balcón saludándolas, lo que le dio el alivio extraño de saber que no estaba sola en esa experiencia.
Con el tiempo su tía Amelia, también médium y ciega de nacimiento, identificó a la figura sin que nadie le diera datos previos. La describió con exactitud y explicó que aquella mujer no se había dado cuenta de que había fallecido. Resultó ser la madre de una vecina del edificio. Los espíritus que no comprenden su propia muerte son, según Raquel, los que generan más ruido y más presencia física. No buscan asustar sino llamar la atención de alguien que pueda ayudarlos.
Formarse para entender: cómo una médium aprende a manejar lo que siempre ha sentido
Raquel pasó décadas ocultando su capacidad. Las relaciones de pareja y el miedo al juicio social la llevaron a silenciar algo que no desaparecía por mucho que lo ignorara. Fue una ruptura y el derrumbe simultáneo de varios pilares de su vida lo que la empujó a formarse y a aceptar que ese don no era una carga sino una dirección.
La formación como médium consiste en aprender a reconocer los propios sentidos psíquicos, lo que se conoce como las claris. Raquel explica que no hay dos médiums iguales porque cada persona recibe la información de manera distinta. Hay quien ve imágenes a través de destellos, quien escucha voces de forma telepática y quien siente físicamente las emociones o los dolores del espíritu con el que se comunica. Ella en concreto llega a sentir cómo murieron las personas cuya presencia canaliza durante sus consultas.
El proceso implica entrar en trance, elevar el nivel de vibración propio para encontrarse con los espíritus en un punto común y recibir evidencias que la persona consultante pueda verificar. Raquel insiste en que la infalibilidad no existe y que parte de su responsabilidad profesional es ser honesta cuando algo no le resuena con claridad. Los espíritus que se comunican en sus sesiones trasmiten en su mayoría un único mensaje central: siguen vivos en otro plano y quieren que quienes los amaron lo sepan.
Una de las consultas más difíciles que ha vivido implicó un caso judicial abierto en otro país. Entró en trance y comenzó a ver cómo alguien era maniatado y asesinado mientras ella misma sentía los golpes en su propio cuerpo.
La experiencia fue tan intensa que en otro momento no pudo levantarse de la silla porque el espíritu de una mujer que había quedado tetrapléjica en vida le había quitado toda la fuerza de las piernas. Raquel le pidió que bajara el volumen. Y el espíritu lo hizo.





