Jon Hernández, divulgador de inteligencia artificial: “Si no quieres usar la IA, ella te va a usar a ti”

El divulgador analiza cómo la inteligencia artificial redefine el trabajo, expone sus riesgos menos visibles y advierte que la brecha ya no es usarla, sino entenderla y aprovecharla con criterio estratégico en la vida diaria.

La inteligencia artificial es una herramienta que reorganiza el mercado laboral, transforma hábitos cotidianos y desafía los límites de lo que entendemos por trabajo, relación y sociedad. Jon Hernández, referente indiscutible de la divulgación tecnológica en español, asegura que quien no adopte esta tecnología quedará rezagado, no porque no quiera usarla, sino porque ella terminará usándolo a él.

Con uno de los canales de inteligencia artificial más vistos del mundo en español y más de 150 conferencias en el último año, Hernández se ha convertido en la voz que traduce lo complejo en comprensible. Repasa el estado actual de la tecnología, sus riesgos más silenciosos y el error que comete casi todo el mundo al interactuar con ella.

Publicidad

Utilizarla la inteligencia artificial ya no alcanza: la ventaja está en utilizarla bien

Utilizarla la inteligencia artificial ya no alcanza: la ventaja está en utilizarla bien
Fuente: agencias

Hoy existen 800 millones de personas que usan ChatGPT. Solo ChatGPT. A esa cifra hay que sumarle los millones que recurren a Gemini, Grok, Copilot o Anthropic. En ese contexto, Hernández advierte que el simple hecho de usar inteligencia artificial dejó de ser una ventaja competitiva. El 98,5% de la gente que utiliza Chat GPT lo utiliza mal», repite citando a Sam Altman, y esa estadística lo dice todo.

El error más frecuente es tratar estas herramientas como un buscador sofisticado: se abre la aplicación cuando surge una duda puntual, se obtiene una respuesta y se cierra. Para Hernández, ese enfoque es insuficiente. La propuesta es otra: relacionarse con la inteligencia artificial de la misma forma en que se convive con el correo electrónico, presente en el día a día, integrada en cada proceso. Él mismo, durante unas vacaciones en Kenia prácticamente desconectado del móvil, contabilizó un promedio de 55 mensajes diarios con ChatGPT.

La llegada de GPT-5 ilustra bien este punto. Técnicamente, el modelo reduce las alucinaciones, es decir, los errores en que la herramienta inventa información, en un 80% respecto a su versión anterior. Además, incorpora modelos de razonamiento que multiplican por seis las capacidades del sistema.

Sin embargo, quienes lo probaron sin entender su funcionamiento lo percibieron como un retroceso. «Es como darle un Ferrari a alguien que nunca ha conducido en un circuito», grafica Hernández. El problema no era el auto, sino la falta de entrenamiento.

Entre el miedo y la fascinación: los riesgos que nadie quiere ver

YouTube video

Más allá del debate sobre productividad, la conversación se adentra en un terreno más inquietante. Grok, la inteligencia artificial de Elon Musk integrada en la red social X, incorporó recientemente avatares sin filtros de contenido accesibles de forma gratuita para cualquier usuario, sin verificación de edad real. Meta, por su parte, desarrolla personajes virtuales para WhatsApp e Instagram cuyas versiones más populares responden a los mismos criterios que dominan la industria del entretenimiento para adultos.

Para Hernández, esto no es un detalle menor sino una señal de alerta sobre hacia dónde apuntan los incentivos de la industria. «La IA está cometiendo los mismos errores que las redes sociales», afirma. Se explota la dopamina del usuario para maximizar el tiempo de pantalla y, eventualmente, monetizar ese enganche.

La diferencia es que la inteligencia artificial genera vínculos emocionales mucho más profundos: hay foros con millones de personas que consideran a estos sistemas sus parejas sentimentales, y una empresa tuvo que resucitar un modelo cancelado porque los usuarios exigieron públicamente no perderlo.

El escenario científico, en cambio, muestra una cara radicalmente distinta. Equipos médicos en Australia ya emplean inteligencia artificial para detectar ciertos tipos de cáncer con un 99% de precisión a partir de biopsias fotográficas, superando ampliamente el 78% que alcanzaban los métodos tradicionales. La misma tecnología que diseña novias virtuales está identificando tumores que los humanos pasarían por alto.

Ahí reside la tensión central que Hernández señala: la inteligencia artificial tiene capacidad para igualar el terreno de juego, darle a una zapatería de barrio las mismas herramientas creativas que a una gran marca, ofrecer educación de calidad a un adolescente en Camboya o automatizar las partes del trabajo que nadie disfruta.

Pero esa misma tecnología puede convertirse en un mecanismo de dependencia emocional y explotación si quienes la desarrollan priorizan el volumen de usuarios sobre el bienestar de las personas. La diferencia, como siempre, no está en la herramienta, sino que está en quién decide cómo y para qué usarla.


Publicidad