Vivimos en la era de la abundancia. Nunca antes la humanidad tuvo acceso a tanta tecnología, información y recursos. Sin embargo, los índices de ansiedad no dejan de crecer. Juan Lucas Martín, especialista en desarrollo personal con años de experiencia clínica, tiene una explicación sencilla para esta paradoja que cada vez más personas sienten pero pocas logran comprender.
La respuesta, según el especialista, no está en lo que nos falta sino en lo que cargamos. Y muchas veces ni siquiera lo sabemos. En este artículo te contaremos cómo se manifiesta la ansiedad y que herramientas existen para combatirla.
Puedes tener dinero, salud y amor, y aun así no poder escapar de la ansiedad

Lo primero que aclara Juan Lucas Martín cuando se le consulta sobre el auge de la ansiedad en tiempos de prosperidad es que ambas realidades pueden coexistir sin contradicción. «La mente hay que controlarla», afirma. «Puedes tener todo resuelto y tener un trastorno de ansiedad. Puedes tener dinero, salud, relaciones humanas sanas y tener adentro un sufrimiento porque tuviste un trauma.
La clave, explica, está en entender cuándo empezó esa ansiedad. Y cuando se sigue el hilo hacia atrás, siempre aparece una experiencia traumática. Pero aquí viene el punto que más sorprende a quienes lo escuchan por primera vez: el trauma no es exclusivo de quienes fueron a la guerra.
En el lenguaje del estrés postraumático existe una distinción entre lo que se llama trauma con T mayúscula, como sobrevivir a un conflicto armado o a un accidente grave, y trauma con t minúscula, que es mucho más silencioso pero igual de real.
El día que un padre humilló a su hijo con una frase dicha sin pensar. La tarde en que una madre salió de casa y el niño creyó, desde su lógica infantil, que lo había abandonado. La maestra que ridiculizó a un alumno frente a toda la clase. «Todos esos traumas hacen que luego uno viva inconscientemente con miedos futuros, inseguridad, ansiedad generalizada que no sabes por qué es», señala Martín.
No está mal decirlo en voz alta: estamos todos traumados en alguna medida. Y reconocerlo no implica necesariamente medicación ni terapia indefinida. La palabra trauma viene del griego y significa herida. Hay heridas profundas y hay rasguños. Todas se pueden sanar.
El objetivo no es borrar el recuerdo, sino quitarle el poder emocional
Uno de los conceptos más liberadores que maneja Juan Lucas Martín tiene que ver con el objetivo real del tratamiento del trauma. No se trata de eliminar la memoria sino de desactivar la emoción que la acompaña. «No se borra lo que pasó. Lo que hacen estas técnicas es quitarle la emoción a la imagen. Te la sigues acordando, pero cuando piensas en eso no te da taquicardia, no te duele el pecho, no tiemblas».
Cuando el trauma no está sanado, el cuerpo reacciona como si el peligro siguiera presente. Flashbacks, pesadillas, tensión muscular en el cuello o la mandíbula, sensación de ahogo, mareos. Todo eso es el sistema nervioso disparando una alarma que ya no corresponde a ninguna amenaza real. «Queda como congelado, como en presente siempre», describe el especialista al hablar de quienes vivieron situaciones extremas.
Entre las herramientas que utiliza se encuentran técnicas avaladas científicamente como el EFT, que incluso está incorporada como protocolo en Kaiser Permanente, uno de los centros de salud más grandes de Estados Unidos. Los resultados, asegura, pueden notarse en minutos cuando el trauma es moderado, aunque en casos más complejos requiere varios días de trabajo.
Pero sanar el pasado es solo el primer paso. El segundo es entrenar la mente para que deje de proyectar escenarios catastrofistas que, en su gran mayoría, nunca llegan a ocurrir. Para eso enseña meditación, visualización y técnicas de respiración. «La mente puede ser tu mejor amigo o tu peor enemigo», resume. Y la ansiedad, en buena medida, es el precio de haberla dejado sin entrenamiento.
La infancia, entre los cero y los siete años, es la etapa más vulnerable. El cerebro opera entonces en una frecuencia llamada theta, en la que se cree prácticamente todo lo que recibe. Por eso tantas personas arrastran ansiedad desde pequeñas sin poder identificar su origen. «Puedes tener traumas que no recuerdas», advierte Martín. «No importa. Se trabaja con la sensación física, porque el cuerpo también guarda información».
Cuerpo y mente, insiste, no son compartimentos separados. Lo que se come, si se hace ejercicio, cómo se respira: todo forma parte del mismo sistema. Y atenderlo de forma integral es, hoy más que nunca, una necesidad urgente.





