Amparo Moraleda hace historia: primera española al frente de Airbus

Una española dirigirá Airbus. Amparo Moraleda ha sido nombrada presidenta del mayor fabricante aeronáutico de Europa, un hito que ninguna ejecutiva de nuestro país había alcanzado en la industria aeroespacial continental. El nombramiento, que según fuentes del sector se hará efectivo en las próximas semanas, coloca a una directiva con décadas de experiencia en la cúpula de una compañía que factura más de 65.000 millones de euros anuales y emplea a 130.000 personas en todo el mundo.

Moraleda no llega a Airbus como una desconocida. Su trayectoria incluye la presidencia de IBM España durante siete años y posiciones en los consejos de administración de Iberdrola, Bankinter, Vodafone y CaixaBank, entre otros. Es, probablemente, la directiva española con mayor presencia acumulada en consejos del IBEX 35 en las últimas dos décadas.

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El peso de España en Airbus cobra nueva dimensión

La designación de Amparo Moraleda como presidenta de Airbus no es casual. España representa aproximadamente el 10% de la carga industrial del consorcio europeo, con plantas en Getafe, Illescas, Puerto Real y Sevilla que emplean a más de 13.000 trabajadores directos. El país es socio fundador del programa aeronáutico junto a Francia, Alemania y Reino Unido, aunque históricamente ha ocupado posiciones secundarias en la gobernanza del grupo.

Hasta ahora. El nombramiento de Moraleda equilibra, al menos simbólicamente, una representación que llevaba años inclinada hacia París y Múnich. Francia mantiene el control ejecutivo a través del CEO Guillaume Faury, mientras Alemania ha dominado tradicionalmente la presidencia del consejo. Que una española ocupe ahora ese puesto no cambia el reparto accionarial —el Estado francés posee el 11%, el alemán cerca del 11% y el español apenas el 4%—, pero sí envía un mensaje sobre el peso cualitativo que Madrid quiere proyectar en la industria europea.

Cabe recordar que Airbus atraviesa un momento de transición. La demanda de aviones comerciales se ha disparado tras la pandemia, con una cartera de pedidos que supera las 8.500 unidades, récord histórico. Pero la cadena de suministro no da abasto. Los retrasos en entregas han tensado la relación con aerolíneas y la competencia de Boeing, aunque debilitada por sus propios problemas de calidad, sigue ahí.

Una trayectoria construida en la intersección de sectores

Amparo Moraleda Martínez, madrileña de 60 años, es ingeniera industrial por la Universidad Politécnica de Madrid y MBA por el IESE. Su carrera despegó en IBM, donde pasó de directiva local a presidenta de la filial española entre 2001 y 2008. Fueron años de transformación digital en la administración pública y el sector financiero, y Moraleda supo posicionar a IBM como proveedor de referencia.

Después vino el salto a los consejos. Iberdrola, Bankinter, Vodafone España, Solvay, Alstom. Un perfil que combina tecnología, energía, telecomunicaciones y banca, sectores que en los últimos años han convergido más de lo que aparentaban. Esa experiencia multisectorial es precisamente lo que Airbus necesita, me parece, para gestionar una transición hacia la aviación sostenible que requerirá alianzas inéditas con proveedores de hidrógeno, fabricantes de baterías y operadores energéticos.

Su fichaje no ha sido improvisado. Moraleda ya formaba parte del consejo de administración de Airbus desde 2015, donde ha presidido el comité de nombramientos y gobernanza. Conoce la casa por dentro. Sabe dónde están las tensiones entre accionistas estatales, entiende la lógica industrial franco-alemana y, según quienes han trabajado con ella, tiene una capacidad notable para mediar sin perder firmeza.

presidenta Airbus

Lo que este nombramiento dice sobre el liderazgo europeo

Hay algo que llama la atención en la cobertura de esta noticia. La mayoría de los medios han destacado el hecho de que Moraleda sea mujer, la primera en presidir Airbus. Es cierto y relevante. Pero quizá más significativo sea que una ejecutiva formada íntegramente en España, sin paso por las grandes escuelas de negocios estadounidenses ni experiencia previa en París o Berlín, alcance la cúpula de una de las cinco mayores compañías industriales de Europa.

Durante años, el techo de cristal en la industria aeroespacial era doble: de género y de nacionalidad. Las posiciones de máxima responsabilidad quedaban reservadas para perfiles franco-alemanes, con alguna excepción británica. España aportaba ingenieros, técnicos y plantas de ensamblaje, pero rara vez directivos de primer nivel. Moraleda rompe ese patrón.

Eso sí, conviene no sobreinterpretar el nombramiento. La presidencia del consejo de Airbus es un cargo de supervisión y representación, no de gestión ejecutiva. Guillaume Faury seguirá tomando las decisiones operativas desde Toulouse. Moraleda presidirá las reuniones del consejo, velará por el buen gobierno y representará al grupo ante inversores institucionales y gobiernos. Influencia sí, pero no mando directo sobre la fábrica.

Aun así, el cargo tiene un peso específico en Airbus que no siempre existe en otras compañías. Los tres estados accionistas —Francia, Alemania y España— utilizan el consejo como foro de negociación sobre programas industriales, reparto de carga de trabajo y decisiones estratégicas como la ubicación de nuevas plantas o la asignación de contratos de defensa. Moraleda estará en el centro de esas conversaciones.

El reto de la aviación descarbonizada y las tensiones geopolíticas

Airbus no es solo aviones comerciales. La división de defensa y espacio representa cerca del 18% de los ingresos y está en plena expansión ante el rearme europeo. El programa FCAS (Future Combat Air System), que desarrollará el caza de sexta generación para Francia, Alemania y España, tiene un presupuesto estimado de 100.000 millones de euros y plazos que se extienden hasta 2040. España participa con el 33% del proyecto, una cuota que el Gobierno de Pedro Sánchez negoció con uñas y dientes.

En paralelo, la transición hacia una aviación menos contaminante obliga a Airbus a apostar por el hidrógeno como combustible alternativo. El proyecto ZEROe, presentado en 2020, contempla un avión comercial de cero emisiones para 2035. Es un objetivo ambicioso que requerirá inversiones masivas y coordinación con reguladores, aerolíneas y proveedores de infraestructura. Moraleda tendrá que supervisar que esa apuesta no descarrile por falta de recursos o por las inercias de una industria acostumbrada al queroseno.

El nombramiento llega, además, en un contexto geopolítico tenso. Las relaciones comerciales con China, segundo mercado mundial de aviación, se han complicado por las sanciones cruzadas y la competencia del fabricante local COMAC. Estados Unidos presiona a sus aliados para limitar transferencias tecnológicas, y Airbus debe navegar entre la dependencia de componentes asiáticos y las exigencias de soberanía industrial europea.

No es un cargo para quien busque tranquilidad. Pero Moraleda, a juzgar por su trayectoria, no parece de las que rehúyen la complejidad. Su prueba de fuego llegará cuando tenga que arbitrar el primer conflicto serio entre los intereses de París, Berlín y Madrid. Hasta entonces, el nombramiento queda como símbolo: España, por fin, tiene voz propia en la mesa grande de la industria aeroespacial europea.


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