El físico teórico Miguel Alcubierre revolucionó la ciencia al proponer un modelo que permite burlar el límite de la velocidad de la luz sin violar las leyes cósmicas. Inspirado por la relatividad general, su métrica sugiere contraer el espacio-tiempo para acortar distancias interestelares. Lo que comenzó como una audaz digresión doctoral en Gales, hoy posiciona al investigador como un referente mundial.
Más allá de la teoría, Alcubierre sostiene que viajar al futuro es una realidad física respaldada por el funcionamiento de nuestros GPS y la dilatación temporal. Sin embargo, el regreso al ayer permanece como un enigma infranqueable debido a paradojas lógicas que el universo parece no admitir.
¿Es posible viajar al futuro? El físico que quiso hacerle trampa a la luz

Todo comenzó en Gales, en los años noventa, mientras Alcubierre completaba su doctorado en relatividad general en la Universidad de Cardiff. Entre simulaciones computacionales de colisiones de agujeros negros y ecuaciones que no cabían en ningún papel, el joven investigador se permitió una digresión audaz: ¿habría alguna forma de burlar el límite de la velocidad de la luz sin violar las leyes de la física?
La respuesta llegó en forma de geometría. En 1994 publicó un modelo teórico que proponía no vencer a la luz en velocidad sino modificar directamente el tejido del espacio. La idea era expandir el espacio detrás de una nave y contraerlo delante, de manera similar a como el universo se expande y aleja galaxias entre sí a velocidades que superan la de la luz.
Alcubierre simplemente propuso hacerlo a escala reducida. Su asesor de doctorado, el profesor Bernard Schutz, lo leyó y le dijo que era muy interesante y que debería publicarlo. Así nació la llamada métrica de Alcubierre, que hoy sigue siendo objeto de estudio en comunidades científicas de todo el mundo.
El impacto fue inmediato y sorprendente para él. Las llamadas de televisiones y radios empezaron a llegar incluso desde la BBC del Reino Unido, y el investigador tímido que sudaba antes de cada charla pública tuvo que aprender, a fuerza de práctica, a convertirse en divulgador. Hoy es uno de los comunicadores científicos más buscados en habla hispana.
Viajar al futuro ya es tecnología, no ciencia ficción
Cuando Alcubierre habla de viajar al futuro, no lo hace en términos especulativos. Lo hace con datos medidos y con ejemplos que cualquier persona puede comprender. El primero es cotidiano y casi invisible: el GPS que usamos a diario en el teléfono móvil funciona gracias a que los ingenieros que lo diseñaron tomaron en cuenta que los relojes atómicos ubicados en los satélites avanzan un instante más rápido que los relojes en tierra. Si no se corrigiera esa diferencia, el sistema acumularía errores de varios kilómetros al mes.
El segundo para entender el viaje al futuro ejemplo lleva al espectador directamente a las pantallas. En la película Interestelar, los protagonistas se acercan a un agujero negro masivo y permanecen cerca de él durante una hora. Cuando regresan a la nave, han transcurrido veinte años para quienes esperaban lejos de su campo gravitacional. Alcubierre aclara que eso no es fantasía: la gravedad intensa ralentiza el tiempo y ese efecto está medido, aunque en la Tierra sea de apenas un segundo cada cincuenta años.
Moverse a velocidades próximas a la de la luz produce el mismo resultado. Un viajero que recorriera una estrella a cien años luz de distancia y regresara al noventa y nueve por ciento de la velocidad de la luz podría encontrar, al volver, que en la Tierra han pasado doscientos años mientras para él transcurrieron solo dos. Eso, en términos físicos, es viajar al futuro y ya existe en la teoría con respaldo experimental sólido.
El regreso al pasado, en cambio al viaje al futuro, es otra historia. Aunque los modelos matemáticos de la relatividad no lo prohíben de forma explícita, cualquier escenario que lo permita choca contra contradicciones lógicas difíciles de resolver. La más célebre es la paradoja del abuelo: si alguien viajara al pasado y causara la muerte de su abuelo en la infancia, su propio nacimiento quedaría cancelado y el viaje jamás habría ocurrido.
Por eso Alcubierre concluye que viajar al futuro es posible porque ya lo hacemos, mientras que regresar del pasado parece, por ahora, una puerta que el universo mantiene cerrada.





