Más de un millón de seguidores en redes sociales; una capacidad online para facturar varios millones de euros; tiendas en Madrid, Barcelona, Roma o París; y un crecimiento exponencial de su negocio. Todo eso es lo que podemos ver de Cold Culture, la firma de streetwear —un estilo de moda urbana influenciado por la cultura del skate de California y el hip-hop de Nueva York— que se ha convertido en referencia en España. No obstante, el emporio creado por Andrés Varela y Martina Merry esconde muchos más secretos de los que aparenta a simple vista.
Empezando por el propio sistema que han desarrollado ambos fundadores para repartirse la empresa: dos holdings separados. Y es que hasta principios del año pasado, tanto Varela como Merry aparecían en la sociedad que conforma lo que conocemos como Cold Culture, Digital Gear, como administradores solidarios. Sin embargo, en febrero de 2025 se produjo un cambio societario y ese cargo pasó a estar en manos de dos sociedades holding creadas apenas un mes antes: Thinking Worldwide (controlada por Varela) y Be Merry (controlada por Merry).
Detrás de ese movimiento hay una lógica empresarial clara. En primer lugar, al separar las participaciones, cada fundador puede gestionar sus dividendos y beneficios de forma individual, lo que facilita una mayor optimización fiscal. También se trata de una fórmula eficaz para proteger los activos, ya que actúa como un blindaje patrimonial frente a posibles riesgos derivados de nuevas aventuras empresariales que emprenda cada parte. Por último, esta estructura permite una gestión individualizada de las inversiones realizadas con los dividendos obtenidos y otorga mayor libertad para vender su participación —salvo que existan cláusulas privadas que lo limiten—.
Cold Culture y su red de optimización fiscal
El culto a la optimización fiscal de los beneficios obtenidos por Cold Culture no solo se aprecia en la creación de dos holdings independientes para cada fundador, sino también en el diseño estratégico de las filiales del grupo. En este sentido, destaca especialmente una sociedad creada ad hoc: Cold Culture B.V., con domicilio en Leidsestraat 12, 1017 PA Ámsterdam (Holanda).
Cold Culture B.V. se ha convertido en un eje vertebrador dentro del engranaje societario de Cold Culture, ya que ha sido concebida para canalizar su expansión internacional, que ya le ha llevado a ciudades como Ámsterdam, París o Roma. Un negocio internacional que, en 2024 —cuando todavía no había inaugurado sus establecimientos físicos— ya generaba cerca de tres millones de euros, es decir, aproximadamente un 20% de la facturación total. Pero su papel no se limita a Europa: también actúa como nexo de unión con Asia, especialmente con China, uno de sus principales centros de fabricación de prendas —sobre todo a gran escala— junto con Oporto.
Por último, Cold Culture B.V. desempeña también una función de optimizador financiero. Así, la sede en Ámsterdam actúa como puente entre España y el resto de Europa, permitiendo que una sociedad “preste” dinero a la otra cuando, por ejemplo, necesita abrir una tienda o acometer una inversión concreta. De este modo, Cold Culture puede mover saldos entre sus distintas estructuras sin necesidad de recurrir a financiación externa. De hecho, en las cuentas de la filial neerlandesa estas operaciones aparecen reflejadas en la partida de ‘Saldos con sociedades de grupo, asociadas y otras partes vinculadas’.
¿Próximo destino de Cold Culture, Miami?
En el futuro, esta arquitectura también podría servir como herramienta adicional de optimización fiscal, gracias a la relación entre la matriz española (Digital Gear S.L.) y la filial neerlandesa (Cold Culture B.V.), aprovechando el marco legal europeo a través de mecanismos como los precios de transferencia, la gestión de royalties, los préstamos intragrupo o la repatriación de dividendos.
Pero Holanda no sería el único punto de partida para la expansión internacional de Cold Culture. La marca también tendría prevista —o al menos así lo sugieren los registros— una expansión al otro lado del Atlántico a través de Cold Culture LLC, una firma con domicilio fiscal en Miami (más concretamente en 10893 NW 17TH ST UNIT 121 – DORAL, FL 33172, USA). No obstante, ese salto todavía no parece haberse activado plenamente, ya que la compañía no ha reportado, por el momento, actividad física fuera de Europa.
Lo que resulta evidente es que la estructura corporativa de Cold Culture está creciendo casi al mismo ritmo que sus cifras. En apenas dos años —entre 2022 y 2024— su facturación se ha disparado un 2.420%, pasando de 635.774 euros a cerca de 16 millones. Además, lo ha hecho con un margen bruto del 62,5%, lo que le ha permitido registrar cifras operativas muy sólidas: 1,47 millones de euros de beneficio de explotación y más de un millón de ganancias netas en 2024, prácticamente el doble que en 2023.
En definitiva, Cold Culture no solo se ha consolidado como una marca de streetwear de referencia. Pero también esconde distintos ejemplos a la hora de combinar crecimiento comercial, estrategia internacional y arquitectura societaria sofisticada para escalar un negocio con rapidez y rentabilidad.




