La digitalización se ha consolidado como un elemento estructural en la actividad económica, especialmente en sectores como la banca y los ciberseguros. Según el I Barómetro Qaracter 2025, el 95 % de los clientes utiliza la aplicación de su banco de referencia y más del 90 % considera que la digitalización mejora su operativa diaria.
Sin embargo, este avance también ha ampliado de forma significativa la superficie de exposición al riesgo, situando a la ciberseguridad en el centro de las decisiones estratégicas.
Ese mismo entorno digital ha provocado un aumento sostenido de los fraudes y los incidentes de seguridad. Cerca de la mitad de los usuarios reconoce haber recibido intentos de estafa en el último año y un porcentaje nada desdeñable ha sufrido pérdidas económicas.
Esta realidad se traslada de lleno al ámbito empresarial, donde la presión de los ataques ha impulsado con fuerza el mercado de los ciberseguros, que ya supera los 21.000 millones de euros a nivel global y mantiene una proyección de crecimiento muy acelerada para los próximos ejercicios.
La madurez digital impulsa la adopción de ciberseguros especializados
El crecimiento del mercado asegurador vinculado al riesgo digital no responde únicamente a una reacción defensiva. Desde Qaracter señalan que la adopción de ciberseguros se ha convertido en un indicador claro del nivel de madurez de una organización. Las compañías con mayor desarrollo tecnológico tienden a medir mejor su exposición, reforzar controles y trasladar parte del riesgo residual a pólizas específicas.
“Las regulaciones constituyen una oportunidad para que las empresas se anticipen y transformen estos cambios en ventajas competitivas. Quienes adopten esta visión no solo cumplirán con las exigencias normativas, sino que liderarán un entorno más resiliente y basado en la confianza”, afirma Enrique Galván, CEO de Qaracter.
Esta visión explica por qué las grandes corporaciones ya muestran tasas de contratación muy superiores a las de las pymes, aunque la brecha comienza a reducirse de forma progresiva.
El ciberseguro como termómetro de resiliencia empresarial
Más allá de la cobertura financiera, el auge de los ciberseguros refleja una transformación más profunda en la gestión del riesgo. Las organizaciones avanzadas entienden que no existe la seguridad absoluta y que la clave reside en anticipar escenarios, fortalecer procesos y contar con mecanismos de respuesta bien definidos.
Según los expertos, las empresas que integran este enfoque suelen disponer de mejores sistemas de detección, protocolos de continuidad y planes de recuperación. “El riesgo cero no existe, por eso es esencial construir organizaciones resilientes, con una gestión basada en datos y una cultura interna alineada con la prevención”, explica Galván.
En este contexto, el seguro deja de ser un simple respaldo financiero para convertirse en una pieza más del engranaje de seguridad.
Diferencias sectoriales ante el riesgo digital
La exposición al riesgo no es homogénea y depende en gran medida del grado de digitalización y de la criticidad de los servicios. En sectores como el financiero, el tecnológico o las telecomunicaciones, el uso de ciberseguros ya está plenamente integrado dentro de marcos regulatorios más exigentes, reforzados por normativas como DORA.

En un segundo nivel se sitúan industrias que han acelerado su transformación digital en los últimos años y que empiezan a asegurar sus operaciones a medida que crece la dependencia de sistemas y proveedores. En estos casos, la contratación de seguros responde tanto a la necesidad de continuidad como a las exigencias de socios y clientes.
Por último, existen sectores donde la digitalización avanza más rápido que la capacidad de respuesta. En ellos, el reto no consiste únicamente en contratar una póliza, sino en elevar los estándares de gobierno, control y gestión del riesgo para que el ciberseguro sea realmente eficaz.
2026: resiliencia, regulación y asegurabilidad
Las previsiones para 2026 apuntan a un cambio de fase. La resiliencia digital deja de ser una ventaja competitiva para convertirse en un requisito básico. La entrada en vigor de normativas más estrictas y el aumento de la siniestralidad están obligando a las aseguradoras a endurecer condiciones y a exigir mayores garantías técnicas antes de ofrecer cobertura.
Este contexto favorece un mercado más selectivo, donde las organizaciones con mejores controles, planes de continuidad y capacidad de respuesta obtienen mejores condiciones. Al mismo tiempo, el sector evoluciona hacia soluciones más especializadas, con ciberseguros adaptados a riesgos concretos como la interrupción del negocio o la gestión de crisis reputacionales.
“El futuro pasa por integrar tecnología, procesos y personas en una misma estrategia”, señala Galván. “La combinación de gobernanza, control del riesgo y transferencia aseguradora será clave para operar con garantías en un entorno cada vez más complejo”.
De este modo, el crecimiento del mercado no responde solo al aumento de los ataques, sino a una nueva forma de entender la seguridad como un activo estratégico.





