China se enfrenta a una preocupante ralentización económica. La inflación se desacelera, el IPC roza el estancamiento y el PPI continúa en terreno negativo. ¿Son estas señales de una inminente recesión o hay esperanza en las medidas de estímulo?
El IPC y la inflación en China
El Índice de Precios al Consumo (IPC) en China registró en octubre de 2024 un crecimiento interanual del 0,3%, una décima menos que el mes anterior y el incremento más débil en los últimos cuatro meses. Esta cifra, cercana al estancamiento, confirma la tendencia a la baja de la inflación y enciende las alarmas sobre un posible escenario deflacionario.
La inflación subyacente, que excluye los precios de alimentos y energía por su volatilidad, se situó en un 0,2% interanual, ligeramente superior al 0,1% de septiembre. Aunque este dato podría interpretarse como un signo positivo, su escasa magnitud no es suficiente para disipar los temores. El bajo consumo interno sigue siendo una de las principales causas de la atonía inflacionista. A pesar de las medidas de estímulo implementadas por el gobierno, la demanda interna no termina de despegar, lo que dificulta la recuperación de los precios.
El PPI en caída libre
El Índice de Precios de Producción Industrial (PPI), que mide la variación de los precios de los bienes producidos en el país, acentuó su caída interanual hasta el -2,9% en octubre, frente al -2,8% del mes anterior. Esta cifra refleja la debilidad del sector manufacturero chino y la persistente sobrecapacidad en algunas industrias. El PPI lleva en terreno negativo desde finales de 2022, lo que supone un grave problema para la rentabilidad de las empresas y la inversión industrial.
Las recientes medidas de estímulo fiscal anunciadas por el gobierno chino, como la reducción de impuestos y el aumento del gasto en infraestructuras, buscan reactivar la economía y frenar la caída de los precios. Si bien algunos analistas consideran que estas medidas podrían tener un efecto positivo a corto plazo, la incertidumbre persiste.
La clave reside en la magnitud y la continuidad de las políticas de estímulo. Si estas medidas no son suficientemente contundentes o se retiran prematuramente, la economía china corre el riesgo de caer en una trampa deflacionaria. La deflación, caracterizada por una caída generalizada y persistente de los precios, puede generar un círculo vicioso de menor consumo, menor inversión y menor crecimiento económico.
En un escenario deflacionario, los consumidores posponen sus compras ante la expectativa de que los precios seguirán bajando, lo que reduce la demanda y agrava la caída de los precios. A su vez, las empresas reducen la inversión y la producción ante la caída de la demanda y la disminución de sus márgenes de beneficio, lo que provoca despidos y aumenta el desempleo.
La situación actual de China requiere una respuesta política decidida y coordinada. Es necesario implementar medidas de estímulo fiscal a gran escala, que impulsen la demanda interna y la inversión, y reformen estructurales que mejoren la eficiencia y la competitividad de la economía china.
El futuro de la economía global depende en gran medida de la evolución de la economía china. Una recesión en China tendría consecuencias devastadoras para el resto del mundo, dada la importancia del país asiático en el comercio y la inversión internacional. Por tanto, es crucial que las autoridades chinas tomen las medidas necesarias para evitar la deflación y garantizar un crecimiento económico sostenible.





