Airbnb

La promoción inmobiliaria está tirando con fuerza. Según Gedesco, es la actividad económica que ha generado una mayor cantidad de nuevas empresas durante el segundo trimestre de 2018. En concreto, 1.998 nuevas empresas. Sin embargo, hay luces y sombras. Y como parte culpable de esas sombras nos encontramos con las plataformas de turismo colaborativo como Airbnb.

En concreto, y durante el periodo de tiempo antes reseñado, la formación de nuevas empresas dedicadas a la actividad de hoteles y alojamientos similares (apartoteles, pensiones, moteles, hostales…), “son las que más se han resentido”, según Gedesco. ¿Cuánto? Un 9,62% respecto al mismo periodo de 2017.

No se trata de un hecho puntual. Aunque en el primer trimestre de 2018 lograron un ligero repunte, en el último trimestre de 2017 también tuvieron un descenso del 9,76%. Y, mientras tanto, las empresas con un código de actividad de alquiler de bienes inmobiliarios por cuenta propia “son las que más han incrementado su cifra de nuevas compañías”.

Personas que tenían pensado hacer hoteles o apartoteles prefieren poner los edificios en propiedad horizontal como viviendas turísticas

¿Qué significa esto? “Que está habiendo una tendencia de uso de los pisos como viviendas de uso turístico. El crecimiento desproporcionado de las plataformas como Airbnb en muchas zonas está haciendo que personas que tenían pensado hacer hoteles o apartoteles prefieran poner los edificios en propiedad horizontal como viviendas turísticas porque tienen menos gastos. Por eso ellos crecen y nosotros descendemos”, asegura Ramón Estalella, secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat).

NO SOLO LA CULPA ES DE AIRBNB

No cumplir con el convenio establecido, ni las normativas de seguridad que se exige a un hotel o similar, ni cobrar el IVA. Son algunas de las quejas que desde Cehat se hace a plataformas como Airbnb. Destinos como Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, la Costa del Sol y Canarias es donde más lo están notando, de ahí que hayan surgido iniciativas para protestar por la masificación turística.

“Antes de hacer un hotel hay quien prefiere adquirir un edificio, montar apartamentos o suites, alquilarlos con una recepción, y no tener que cumplir la ley”, advierte Ramón Estalella. También señala que, por falta de legislación, “genera problemas de economía sumergida, de falta de consolidación laboral, y de turismo excesivo”.

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¿Y qué parte de culpa tiene el hecho de que algunos ayuntamientos, como el de Barcelona, haya optado por una moratoria hotelera? “No tiene mucho que ver que las autoridades se decidan a intervenir poniendo límites a las licencias porque, entre otras razones, ya los ha habido antes”, indica Estalella. De hecho, en la Ciudad Condal, y según Statista, el número de hoteles creció en 2017 alcanzando la cifra de 420, cuando en 2016 era de 409. “Si un hotelero no puede poner su establecimiento en un sitio, lo acabará haciendo en otro”, añade el secretario general de Cehat.

Entonces, ¿qué otro ‘culpable’, que no sean Airbnb y similares, está haciendo que está bajando el número de establecimientos hoteleros en España? Uno que tiene que ver con una de las causas de la crisis que arrancó allá por 2007: el suelo. “Está muy caro. Se ha multiplicado por dos en los últimos siete años”, concluye Ramón Estalella. Por cierto, tras la promoción inmobiliaria como gestor de nuevas empresas, el podio lo configuran los restaurantes y puestos de comida, y las empresas dedicadas a la construcción de edificios.

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