La cumbre COP31 de Antalya abre el lunes con casi 190 países y una ausencia que pesa más que los discursos. He repasado el programa de las dos semanas y lo primero que me llama la atención no es una cifra, sino un hueco: Estados Unidos no estará en la mesa de negociación.
No es una ausencia cualquiera. Washington fue firmante original del Acuerdo de París en 2015 y llega a esta cita fuera del tratado por decisión de Donald Trump. El resto de delegaciones se sienta entre el 9 y el 20 de noviembre en la ciudad turca con una agenda condicionada por dos factores que no se negocian: el calentamiento de origen humano y los efectos del El Niño más intenso del que hay registro.
El reparto inédito: Australia negocia y Turquía marca la agenda
La organización rompe el guion habitual. Turquía ejerce como anfitriona, pero la presidencia de las negociaciones formales recayó en Australia tras un compromiso entre ambos países, que compitieron por el puesto. El arreglo tiene consecuencias prácticas que conviene tener claras antes de leer los comunicados.
- Australia dirige las negociaciones formales: transición justa, financiación climática y la trayectoria hacia el objetivo de 1,5 °C acordado en París.
- Turquía pilota la agenda de acción, acuerdos voluntarios y no vinculantes: economía circular, reducción de metano, seguridad alimentaria y electrificación de la economía global.
- El umbral de 1,5 °C ya se ha superado. La ONU sostiene que un recorte rápido de emisiones limitaría ese exceso y permitiría volver a temperaturas más bajas a final de siglo.
- Brasil llega con dos hojas de ruta: salida de los combustibles fósiles y freno a la deforestación.
Sobre el papel, la arquitectura es razonable. En la práctica, el resultado depende de que casi 190 partes acepten un texto que, en su parte más ambiciosa, no obliga a nada.
Financiación climática: la factura crece más rápido que los compromisos
Los países en desarrollo aterrizan en Antalya con la caja vacía y las necesidades al alza. Nepal, después de las inundaciones que arrasaron comunidades enteras, ha logrado acceso al fondo de pérdidas y daños, el mecanismo creado para rescatar y rehabilitar zonas golpeadas por desastres climáticos. El problema es la escala: el acceso llega tarde y no cubre ni la reconstrucción ni la adaptación de infraestructuras.
El contexto financiero tampoco ayuda. Los donantes ricos están recortando la ayuda al desarrollo y los tipos de interés altos han encarecido el servicio de la deuda de los países pobres. Cada punto básico cuenta cuando el margen fiscal es cero: el coste del capital se ha convertido en un obstáculo climático tan relevante como la falta de voluntad política.

Hay un contrapeso real y es tecnológico. La electrificación será uno de los ejes de esta edición porque la eficiencia eléctrica reduce la energía primaria necesaria para producir lo mismo. China es el mejor ejemplo: sus importaciones de petróleo caerán cerca de un 12% este año por la adopción masiva del vehículo eléctrico, y su capacidad renovable ya supera al carbón. La solar despega por fin en África; Pakistán cubre alrededor de una cuarta parte de su electricidad con tejados solares; y en países que van de Vietnam a varios Estados miembros de la UE, casi la mitad de los coches nuevos son eléctricos.
La alta eficiencia de la tecnología eléctrica podría reducir a la mitad el uso mundial de energía primaria. — Jan Rosenow, profesor de la Universidad de Oxford
Lo que veo en la arquitectura de Antalya
Lo que veo es una cumbre que se juega en los márgenes, no en el plenario. El texto formal avanza despacio porque exige consenso, y el consenso con productores de petróleo en la sala ha sido durante tres décadas un mínimo común denominador. Desde 2023, en Dubái, el acuerdo final menciona por primera vez la salida de los combustibles fósiles, pero sin calendario ni plan. Tres años después seguimos sin fecha.
La vía alternativa es la coalición de países dispuestos. Más de 60 Estados, entre ellos el Reino Unido, la UE y decenas de economías en desarrollo, se comprometieron este año en Colombia a impulsar esa transición, y en Antalya pueden sumarse nuevos miembros. A eso se añade un dato político relevante: Lula, reelegido en Brasil, viaja a Turquía en su primer desplazamiento internacional tras la victoria.
El riesgo que no resuelven los datos es el de siempre: que el comunicado final sea aceptable para todos y suficiente para nadie. Y hay una contradicción sin cerrar. Los mismos países que reclaman más financiación pública recortan ayuda exterior, mientras los tipos altos encarecen la deuda. Con el petróleo todavía caro tras la guerra en Irán, la economía de la energía limpia es más favorable que hace dos años, aunque la política no siempre sigue a la economía. El hito a vigilar es la sesión de clausura del 20 de noviembre: si se refrendan las hojas de ruta brasileñas y la financiación suma compromisos concretos, habrá algo; si no, quedará otra foto.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el lector español, esta cumbre es sobre todo una historia de costes. El canal es indirecto, pero llega a la hipoteca y a la cesta de la compra.
- Euríbor e hipotecas: el índice a 12 meses marca las revisiones de las hipotecas variables. No lo moverá Antalya, pero el coste de financiación de la deuda europea y de los bonos verdes sí acusa estas citas. Si el riesgo climático se descuenta con más prima, el BCE tiene menos margen para bajar tipos.
- Inflación y cesta de la compra: un El Niño intenso altera cosechas y precios de alimentos. Cada episodio de inflación alimentaria retrasa la vuelta al 2% y complica la senda del BCE.
- Empresas y exportadores: los sectores intensivos en energía —cerámica, cemento, acero, química— y los exportadores del IBEX vigilan el precio de los derechos de emisión europeos y cualquier señal sobre mercados de carbono.
- Política europea: Bruselas llega sin margen fiscal para compromisos de gran volumen y con el reparto interno de esfuerzos pendiente, lo que limita su capacidad de liderazgo.





